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Escribir sin editores

Como un comentario al texto de la semana pasada, “Escribir, el mercado editorial”, Laura Villanueva Fonseca, colega y editora iconográfica en el Colegio de México, me hizo llegar una liga de youtube.

“Alguien que quiera alcanzar la independencia como escritor tiene que ver este video”, me dijo. Se titula “Cómo matar al intermediario, limpiar la escena del crimen y encontrar una coartada creíble”.

Es una charla de la serie TED (Technology, Entertainment, Design), ofrecida por el escritor argentino Hernán Casciari. En el video Casciari aborda cómo llegar a ser un escritor leído pero sin editores.

La charla es polémica, ya que en la mayoría de los ambientes literarios se piensa lo contrario. Primero se escribe una obra y luego se aspira a que una editorial con renombre y distribución haga el favor de publicarla. Y algunos logran hacerlo. 

Autores en tales circunstancias son parecidos a los actores que buscan una oportunidad en el mundo del espectáculo, y llegan hasta vender su alma al diablo. Eso es precisamente lo que argumenta Casciari, que las editoriales de mayor presencia en el mercado se aprovechan de los novelistas y les ofrecen contratos que, además de implicar trabajo de promoción de la obra para vender y vender (lo cual no sería malo, sino necesario), arrojan la ganancia enflaquecida de 10 por ciento por libro vendido.

Eso sí es desalentador. En este escenario, imaginemos que un escritor —para ganar 200 pesos— tendría que vender 10 libros de un solo título o tener 10 novelas en las librerías y que se vendiera un ejemplar de cada una. ¿Quién puede ganarse esos 200 pesos? De seguro Vargas Llosa sí.

Casciari, autor de 5 libros en editoriales comerciales y 6 en la editorial Orsai, que él fundó en 2011, propone que la supuesta crisis editorial de la que todos hablan no es económica, sino moral. Son los editores quienes siguen políticas que benefician a ellos y no a los novelistas.

Esta problemática nos hace pensar que los lectores están pagando por una supuesta garantía de calidad cuando compran una novela, una garantía que sería —en algunos casos— sólo un efecto de la mercadotecnia. En otras palabras, pagamos por una plusvalía cuyo equivalente en dinero el escritor no llega a ver.

De esta manera, y estimulados en parte por las ideas de Casciari, debemos arrancar la envoltura mediática de la propia obra y centrar nuestra mirada en sus valores literarios. Esto incluiría apoyar a editoriales independientes, comprar ediciones de autor y consumir formatos electrónicos directamente de su creador. Así compensaremos al que trabaja la letra, porque el dinero debería ser de quien la trabaja. 



Twitter@fernofabio