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Detrás de cada uno está una verdad

Ser periodista en México es una de las profesiones más peligrosas. Ray Bradbury dice en el prólogo de su novela Farenheit 451 que detrás de cada libro está un ser humano que dedicó su vida a la realización de ese proyecto.

Si invertimos el orden, podríamos decir que por cada ser humano empeñado está un libro.

En el caso de los periodistas, está una verdad. Un periodista es un ser humano dedicado a encontrar una verdad.

Esa definición debería colocar a los periodistas en la posición más alta. No obstante, la naturaleza de su trabajo implica una circunstancia asaz riesgosa. En el otro extremo de la investigación, del otro lado de la historia que los periodistas van armando como detectives de la vida política y social, están los intereses de otro ser humano o de un grupo de ellos. Lo que ocurre ante nosotros es, de esta manera, un juego de ajedrez —para algunos— mortal.

La desaparición de cada periodista es una batalla perdida en el camino hacia ese deseado cambio.

Por eso, en la escala de mi aprecio, los periodistas y los reporteros ocupan el escalón más alto. A diferencia de un escritor de ficción, los colegas del periodismo son personajes de una historia cuyo desenlace impacta a una comunidad y —como ya lo dije— desvela una verdad. Si no son ellos, ¿quiénes reconstruirán las líneas entre lo negro y lo blanco en nuestra sociedad?

Algunos científicos son, con sus invenciones o descubrimientos, agentes del bien hacer; y yo diría que lo mismo ocurre con los escritores cuando nos dedicamos a la creación de una novela y con los médicos cuando salvan una vida.

Pero, son los periodistas los que “están allí”.Jack London nos habla en su relato “El mexicano” del legendario boxeador Felipe Rivera. Rivera, como el individuo real en el que está basado (Joe Rivers), no peleaba por dinero, sino por la oportunidad que le iba a dar el dinero para comprar armas para la revolución maderista en 1911. Pero en sí no peleaba por las armas, sino por la oportunidad de instalar una idea de patria forjada en el respeto de la justicia. Nuestros compañeros reporteros y periodistas son nuestro Felipe Rivera, el mexicano de peso completo que se niega a aceptar la imposición de una patria enferma, verduga, injusta. 

El periodista y el reportero —su vida— debe ser intocable. Agradecemos a nuestros hermanos periodistas su “diario” vivir en el frente y esperamos encontrarnos en la lucha.


Twitter@fernofabio