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Carol o la belleza del amor entre iguales

Compré el DVD de la película Carol (2015) de Todd Haynes, inspirada en la novela homónima de Patricia Highsmith de 1953. En casa me di cuenta que el disco estaba dañado y que tal vez no podría verlo. Mas puse el DVD en la bandeja del reproductor y para mi suerte las imágenes aparecieron en la pantalla.

Desde el inicio se identifica un ambiente parecido al de FarfromHeaven, que Haynes también dirigió. Si en este filme de 2002 el rojo y el verde brillante, la expresión corporal de los actores y la arquitectura de la ciudad, la decoración y los vestuarios recrean —con la artificialidad deleitosa de un neo-tecnicolor— varias de las pinturas de Edward Hopper, Carol nos remite a los logros de FarfromHeaven, y se desarrolla con más libertad. Así, las cintas serían similares no sólo por lo visual, sino porque narran historias de amor aquejadas por conflictos familiares y sociales suscitados por el deseo, la clase social y la raza, en los Estados Unidos de los 50. Mientras que en FarfromHeaven encontramos un amor platónico entre un hombre afroamericano y una mujer blanca cuyo esposo se descubre homosexual, en Carol hayamos a dos mujeres enamoradas que pertenecen a diferentes clases sociales y que están separadas por la edad.

En la cinta de 2015, Carol (Cate Blanchett) y Therese (Rooney Mara) viven un romance al escaparse de la ciudad de Nueva York. Es muy significativa la seguridad de la joven Therese, quien se deja llevar desde el inicio por la atracción y admiración por Carol, a lo que ella corresponde con ternura, elegancia y valor, ya que enfrenta un divorcio y su esposo busca utilizar la homosexualidad de ella para pelear por la custodia de la hija de ambos.

La película es un poema visual y un homenaje al amor entre individuos que se entregan al misterio de un amor secreto. Al realizarlo con bella lealtad para sí y para el otro, se autodescubren y definen para el resto una circunstancia amorosa que había sido —y sigue siendo en algunos lugares— excluidade los buenos ojos de la sociedad, la ciencia y la ley.

¿Cómo termina el amor entre esta aspirante a fotógrafa y la sofisticada mujer cuyo corazón se parte entre la maternidad y el eros? No lo sé. El DVD falló —en efecto— y no he podido ver el final. Al pensar en el asunto me dije, no importa, prefiero no verlo, pues ¿no son así las historias de amor? En el recuerdo y el alma, ¿no quedan ancladas en un tiempo suspendido donde falta el último capítulo? ¿No es así la manera en que sentimos la experiencia amorosa cuando una canción, una película, una novela, un ambiente, vuelve a despertar aquel relato y sabemos, entonces, que es inmortal? O, si el amor está aquí, ¿no es como desearíamos vivirlo?


columna30-30.blogspot.mx/ Twitter@fernofabio