Entre Paréntesis

El pasado

O seguir construyendo... o ceder a un modelo del pasado que ya ha fracasado. Tal parece que ése va a ser el motivo básico de la campaña de este año que empieza. No hay sorpresas, ése ha sido el motivo básico desde hace años. Viene de nuevo, eso se intenta, una confrontación generacional: lo viejo y lo nuevo, el pasado y el futuro. Y dar cuerda a la pianola.

A los jóvenes, a la mayoría de ellos, ese pasado no les dice nada, Luis Echeverría les queda igual de lejos que Lázaro Cárdenas (o no, más lejos que Lázaro Cárdenas en realidad). A los viejos, a la mayoría de ellos, les remite a un tiempo que no fue tan malo, desde luego no uniformemente malo. En esos años el poder adquisitivo de los salarios llegó a su máximo histórico, y no ha hecho sino bajar —el salario mínimo, hasta 70 por ciento.

Mejor no pelearse con un espantajo. Los problemas no fueron todos del “modelo estatista”. En los años 70 se juntaron la crisis del petróleo, la devaluación del dólar, la suspensión de la paridad del dólar con el oro, y el naufragio del sistema monetario internacional. El resultado fue una recesión global, que afectó a todos, a los países con modelo estatista y a los otros. Y México no salió tan mal librado. Se cometieron errores, sin duda, en todas partes —y no habría por qué repetirlos. En ese contexto: petrodólares, recesión, inflación, devaluación del dólar, tasa de interés negativa, parecía razonable el endeudamiento, y más cuando se trataba de ampliar la producción de petróleo. Así se privatizó, se dolarizó, y se bancarizó la deuda. Y con eso vino todo lo demás.

Vinieron los ajustes, la austeridad, las reformas estructurales, en México como en el resto del mundo. Y la promesa del desarrollo, otra vez. Vinieron la crisis del mercado inmobiliario, la crisis de las nuevas tecnologías, y la catástrofe de 2008, después de dos décadas de crecimiento mediocre, con aumento dramático de la desigualdad. Y entre nosotros, finanzas públicas equilibradas, sin inversión pública, con un nivel salarial bochornoso.

Para enfrentar la campaña con seriedad, y con visos de éxito, habría que empezar por reconocer que los dos son modelos del pasado. Y los dos fracasaron. Y entonces sí hablamos del futuro.