Entre Paréntesis

Futuro pasado

La semana pasada, el Comando Sur del ejército de Estados Unidos promovió discretamente una reunión con militares de Sudamérica para analizar las amenazas para la seguridad hemisférica. El punto de partida tuvo el tono plañidero, resentido y amenazador, característico del gobierno de Donald Trump: sus países han abusado de Estados Unidos, han ganado miles de millones de dólares vendiendo sus drogas a los jóvenes estadunidenses.

Ayudaron algún militar chileno, alguno brasileño, pero las conclusiones estaban de antemano. Primera: hay un gran enemigo común, el crimen organizado transnacional (por su sigla en inglés, TOC). La mercancía no importa, ¡trafican con todo! Y son lo mismo una pandilla de robacoches de Buenos Aires, unos contrabandistas colombianos, campesinos de la amazonia, polleros de Tijuana o el Comando Rojo de Brasil, todos son TOC —criminales multimillonarios dedicados al tráfico de drogas, la trata de personas, y que desde luego colaboran con el terrorismo internacional. Y todos hacen víctima a la sociedad norteamericana.

La segunda conclusión, muy lógica, es que contra ese monstruo es necesario emplear al ejército, sin medias tintas, y desde luego es necesaria una coordinación eficaz, un mando unificado, y compartir información (compartir información con Estados Unidos, se entiende). Y la tercera: que el principal obstáculo para combatir a los criminales es la corrupción de la clase política latinoamericana, la corrupción de partidos políticos, parlamentos, del poder judicial (de fondo, fotografías de Lula da Silva, Dilma Rousseff, Otto Pérez Molina).

Hubo momentos pintorescos: alguien dijo que los nuestros eran gobiernos genocidas, otro habló de estados criminales, y nadie se privó de dar un viaje al populismo (el de Venezuela, por supuesto).

No cuesta trabajo ponerlo en limpio, y sacar cuentas: hay una amenaza para la seguridad hemisférica, hace falta energía, un mando unificado, el problema son los políticos. Por otra parte, la democracia, los sistemas representativos, los partidos, están suficientemente desacreditados para que ya se pueda pensar cualquier cosa. De entrada, ya se puede decir cualquier cosa en un foro así. Y se dice.