Entre Paréntesis

Autorretratos

Es claro que la imagen personal de los candidatos tiene importancia. Acaso no tanta como se supone, pero tiene importancia. Y por eso se elabora con mucho cuidado. En el caso de quienes quieren figurar como candidatos independientes, con más razón, porque es su argumento principal.

La manera como escogen presentarse no dice mucho de quienes son, pero sí dice lo que piensan de la sociedad (ellos, o sus publicistas, da lo mismo). Escogen subrayar, o se inventan, las virtudes que piensan que la gente va a apreciar más, las que les confieren alguna ventaja.

Guadalajara está erizada de anuncios espectaculares del gobernador de Nuevo León. Aparece una foto suya, a caballo, con sombrero de ala ancha, y la frase: “Si estás hasta el tronco, fírmale al Bronco”. Me llama la atención sobre todo el empeño en  la rima consonante, completamente innecesaria —y que hace que la expresión resulte absurda, nadie está “hasta el tronco”. La imagen es la de un machismo ranchero, exhibicionista, un poco arcaico. Insiste en las mismas notas que el lema de su presentación: “¿Eres bronco, o mansito?”. Sobre todo, se trata de subrayar la vulgaridad, la grosería, la aspereza, que según para quiénes pasan por muestra de franqueza, lo mismo que los insultos sexuales a los que recurre insistentemente.

La escenificación es para que lo demás pierda importancia. El señor Rodríguez se dirige a una sociedad autoritaria, machista e infantil, que quiere un líder impulsivo, atrabiliario, grosero, mandón. Solo queda confiar en que esté equivocado, porque es una sociedad que da miedo.

Frente al recinto de la FIL, una mesa en que se recogen firmas de apoyo para Pedro Kumamoto. Son todos jóvenes: camisetas blancas, calzado deportivo, cartulinas escritas con plumones de colores. El conjunto desborda entusiasmo juvenil, ingenuidad. Y tiene un aire improvisado, festivo, de kermesse escolar. Se dirigen a una sociedad joven, alegre e ilusionada —que no sé si existe.

A unos pasos, junto a una reja, una señora de mediana edad, la mirada vacía, le da vuelo a una matraca. Al lado, una fotografía de Pedro Ferriz de Con, y un cartón que dice: “Firmas aquí”. Desconcertante, indescifrable. Y sigue la matraca.