Sonido & Visión

Una pequeña hermana se aparece tras la tormenta

Con el gran referente del maestro Yasujirô Ozu (1903-1963), artista del retrato en movimiento de la sociedad japonesa desde la perspectiva íntima, como si nos invitara a pasar a su casa y a la de muchos de sus compatriotas con aliento evocativamente costumbrista, el realizador Hirokazu Koreeda, también originario de Tokio, ha seguido el camino señalado para mostrarnos realidades familiares contemporáneas en las que se introducen eventos, afectos sutiles y disrupciones a la vuelta de la esquina, como se advierte desde Mamorosi (1995), su primer largometraje de ficción, reforzada por la notable De tal padre, tal hijo (2013).

Un par de filmes de su autoría con el consabido ingrediente de humor casi rapsódico que confluyen felizmente: uno como parte de la Muestra de Cine que se presentó recién en nuestra ciudad y otro disponible en alguna plataforma de su predilección, como para organizar un díptico y disfrutarlo, justamente, en familia y de paso mirarse al espejo. O como cada quien quiera: en la comodidad que da la soledad para ver cine o junto a las personas que, dado el cariño y más allá de la sangre, se han convertido en compañía vital para el resto de los días.

CUANDO LAS HERMANAS SE ENCUENTRAN

Al inicio las vamos conociendo: la mayor trabaja en un hospital y asume el rol maternal de protección y cuidado, al tiempo que se acerca afectivamente con un médico cuya esposa está enferma; la de en medio disfruta la vida, entre galanes ocasionales y su labor en un banco, mientras que la más chica labora en una tienda deportiva y pasa el tiempo con su relajado novio, alguna vez alpinista, con todo y simpático peinado afro. Conviven juntas entre pleitos comunes pero efímeros y solidaridades permanentes, de ésas que solo se entienden cuando se construyen en la cotidianidad.

Sus padres se separaron por la infidelidad de él; su madre las abandonó y de vez en vez ven a una tía abuela de formas directas. Cuando asisten al funeral de su progenitor, ya en terceras nupcias para ese momento, descubren que tienen una media hermana adolescente (Suzu Hirose) resultado de la segunda relación de pareja de su padre, a quien invitan a vivir con ellas dado que también ha quedado huérfana, al menos biológicamente. La joven que no parece mantener una buena relación con la madrastra, no lo piensa mucho y decide irse con el trío de hermanastras que resultan mucho más cariñosas y cercanas que las de Cenicienta.

Basada en el manga de Akimi Yoshida, Nuestra pequeña hermana (Japón, 2015) es una mirada costumbrista y pausada de la forma en la que las vidas se van reconfigurando al paso del tiempo, en el entendido de que las relaciones afectuosas se construyen a partir de lo que las personas son, sin importar sus orígenes o el rol que pudieran significar en función de rupturas previas. Cuando la disposición por aceptar al otro y convivir con apertura de corazón se muestra como sólida intención, los vínculos se fortalecen como un árbol de cerezo que crece con raíces profundas.

El enfoque femenino se manifiesta no solamente en el desarrollo de los personajes, sino en la forma en la que van resolviendo la subsistencia y, sobre todo, la búsqueda de la felicidad. Incluso el arco narrativo se extiende a la dueña del restaurante que mantiene un espíritu fuerte ante la adversidad, así como a otras mujeres que se desenvuelven dentro de una sociedad que se expande entre la más absoluta modernidad y las tradiciones ancestrales que se reflejan en las cosechas caseras y el respeto como forma de entender a los demás.

Filmada en Kamakura, ciudad cercana a Tokio ubicada en Kanagawa e iluminada por la mirada comprensiva del maravilloso Buda gigante, la cinta despliega una propuesta visual de colorida franqueza, con una cámara que combina la perspectiva amplia, soltándose en los trayectos de los personajes, con la intimidad de las comidas y momentos de convivencia, posándose de manera paciente para construir encuadres tan sencillos como poderosos. El score parece siempre avisar momentos sensibles que ya han sido puestos en imágenes, entre las calles estrechas, las puertas de papel, los kimonos festivos y los bosques que remiten a la mística relación con seres de otro mundo.

PADRE DETECTIVE

Un novelista en busca de la inspiración (Hiroshi Abe, lacónico), al mismo tiempoen trance de divorcio añorando la convivencia con su hijo, sobrelleva la muerte de su padre y los rasposos pero cariñosos encuentros con su madre, mientras trabaja en una agencia de detectives que busca agarrar a infieles con las manos en la masa, además de buscar recursos en las apuestas, las baratijas dejadas por su progenitor y hasta sobornando a preparatorianos; ya entrados en gastos, aprovecha para husmear en la relación de su ex mujer con un hombre que proyecta más estabilidad financiera de la que él pudiera ofrecer.

Tras la tormenta (Japón, 2016) explora la búsqueda de un hombre por reconstruir su familia a través de guiños prestados de la comedia y momentos de drama contenido: en ocasiones, alguna anomalía climática que puede convertirse en catástrofe puede servir de pretexto para volverse a respetar, en el sentido de mirarse una vez más de manera diferente, y establecer acuerdos relacionales si bien no del todo integradores, sí al menos vindicativos de una intención por estar cerca de los seres queridos. Está presente la búsqueda de ser el mejor padre posible, tratando de incorporar la propia experiencia como hijo y mejorar las acciones vividas en carne propia.

El guion se da tiempo para desarrollar al inteligente personaje de la madre del protagonistaentre exigente y cómplice(KirinKiki, adorablemente manipuladora), así como a otros participante secundarios que contextualizan una historia común por cercana y entrañable por sensible, con inserción emotiva de música y una fotografía elusiva que se incorpora a una edición respetuosa de los tiempos y formas en los que este hombre a la deriva va resolviendo la vida que se le presenta: no hay grandes dramas ni tragedias visibles, simplemente un retrato de cómo buscamos el parque de la infancia para compartirlo con quien más amamos.

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