Sonido & Visión

Semifinales del Clausura 2017: juegos de ida

Un par de encuentros que no pasarán a la posteridad ni mucho menos. Mientras uno resultó en términos generales parejo, mejor jugado por el visitante y con cierta emoción en la recta final, en el otro se mostró una clara superioridad del cuadro local, si bien no reflejada en el marcador. Los equipos mostraron inconsistencias en su funcionamiento, a ratos desplegando un fútbol digno de verse pero olvidable en lapsos amplios del desarrollo de los partidos. De los cuatro contendientes, solamente los Tigres se plantaron con la suficiente jerarquía como para darlos por favoritos, tal como sucedió en la ronda anterior.

Centenario contra popularidad

Las llamas del inframundo se avivaron muy pronto. Los primeros quince minutos nos hicieron recordar cómo jugaba el Toluca en casa durante el pasado reciente: ofensivo, certero y abrasador. Pero desafortunadamente fue un flamazo intenso que, quizá por esa condición de explosividad, disminuyó pronto, dejando como saldo un gol a favor (bien anulado) y un renacimiento de la esperanza de ver a este equipo desempeñarse de local como se esperaría, sobre todo después de cargar varias derrotas en la fase regular, además de la sufrida en la ronda de cuartos que por poco los deja fuera.

Tras ese cuarto de hora lleno de desazón, el Guadalajara primero niveló la cancha y después la inclinó a su favor, posesionándose de la pelota, dinamizando los circuitos y generando llegada: otra vez resultaron ineficaces al frente, aunque ahora tenían el pretexto de que se enfrentaban a Talavera, que sigue en plan grande como auténtico cancerbero de las puertas del infierno. El primer medio concluyó con un saldo en funcionamiento a favor de la visita y con necesidad de replantear esquemas para el anfitrión, sobre todo para recuperar el terreno perdido en la media hora reciente.

La segunda parte, sin embargo, inició más o menos bajo el mismo tenor. De pronto a las Chivas se les olvidaba que un gol de visitante vale oro y a los Diablos que estaban jugando como locales, por lo que se antojaba que arriesgaran un poco más. Ya sabemos que conforme avanza el reloj, va predominando el miedo a recibir un gol  que a intentar anotarlo, por lo que todo parecía que nos íbamos a ir con ese engañoso marcador de cero a cero que en estas circunstancias no se sabe bien a bien a quién favorece. Pero el averno quería acción más allá de un juego peleado, con todo y esa estupenda tribuna.

Una jugada fortuita que provocó la presencia solitaria de Pizarro frente a Talavera, entre confusiones y distracciones de los de rojo, generó un gol cerca del final que parecía definitivo y consecuente con la maldición que carga el equipo del Estado de México cuando juega de local. Pero quizá recurriendo a la memoria de corto plazo, los Diablos recordaron sus quine minutos iniciales y lejos de bajar los brazos se lanzaron al frente de inmediato. Un minuto después el partido se empató con cabezazo de Uribe en jugada a balón parado, mientras Salcido se lanzaba por los aires tramposamente para engañar al árbitro: solo hizo el ridículo. Empate que favorece a Chivas pero que al mismo tiempo deja amplio margen para la incertidumbre.

El tigre domina al xolo

Primero los caninos salieron como con ganas de corroborar su condición de líderes no solo de este torneo, sino del anterior. Pero pronto se compraron el boleto de que estaban en territorio ajeno frente a los favoritos, con todo y su reluciente plantel formado a billetazo limpio (las fuerzas básicas pueden esperar, total). Los felinos, paulatinamente, arrinconaron a su rival y terminaron por ocupar los espacios, dominar los tiempos y lanzarse hacia la meta sin mayores miramientos. Buena parte de la primera mitad se jugó en el campo de Tijuana y la sensación de que tarde o temprano caería la anotación, iba en aumento ininterrumpido.

Fue al final de la primera parte cuando el marcador se adecuó a lo sucedido en el terreno de juego. Zelayarán manejó en dos tiempos la pelota para incrustarla en la puerta canina y como para no permitir la reacción, Aquino anotó el segundo en la víspera tras aprovechar un traspié defensivo: fueron dos golpes fuertes para anteceder el regreso a los vestidores, a donde se supone que los equipos van a retomar confianza y a reagruparse para enfrentar lo que viene en la parte complementaria. Los Xolos tuvieron que cargar con el desánimo provocado por la desventaja después de aguantar con más fortuna que solvencia.

La segunda parte mostró a un equipo visitante derrotado de manera prematura, dando la sensación de que jugadores y entrenador están pensando más en el futuro que en el aquí y ahora, acaso con más preocupación por no llevarse una goleadas que por intentar anotar de visita: en efecto, los Xolos erraban cuanto pase tenían en los botines y parecían demasiado domesticados por unos Tigres que tampoco hicieron demasiado por ampliar la diferencia, cuando la mesa estaba puesta para tal objetivo. Quizá se saben lo suficientemente superiores como para ir a la frontera y sobrellevar las acciones, pero en este juego, como diría el cliché, nunca se sabe. Claro, queda la pregunta: ¿por qué un equipo que ha sido líder en los dos torneos recientes juega tan por debajo de lo esperado?

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