Sonido & Visión

El revisionismo como estrategia de taquilla

Dos de las más importante sagas cinematográficas de fantasía y ciencia ficción del siglo pasado, sobre todo en términos de audiencias e impacto mediático, fueron Parque Jurásico y Terminator. En ambos casos, las dos primeras entregas se convirtieron pronto en integrantes importantes del universo pop fílmico, tanto por sus propuestas argumentales como por la innovación en cuanto a efectos especiales se refiere.

Detrás de ambas franquicias se encontraban dos directores esenciales para entender al cine como fenómeno de masas y forma de entretenimiento inteligente: Steven Spielberg, responsable de Parque Jurásico (1993) y El mundo perdido (1997), cintas que mostraron a los dinosaurios como nunca se habían visto y que nos dejaban, como a los propios personajes del film, con una satisfactoria cara de sorpresa que se fortalecía por las propuestas narrativas de Michael Crichton.

Por su parte, James Cameron contribuyó con el cine cienciaficcional a partir de una idea propia, que en principio parecía pequeña, con los ahora clásicos Terminator (1984) y Terminator 2: El juicio final (1991), planteando una batalla entre la humanidad y sus creaciones robóticas con viajes a través del tiempo, incluida la reflexión acerca del sentido de nuestra especie en un entorno que cambia aceleradamente.

Vinieron después los usos y abusos en el nuevo milenio que sin ser necesariamente desechables, se quedaron muy por debajo de sus orígenes: desfilaron Parque Jurásico III (Johnston, 2001) de lado de los reptiles rebeldes y Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Mostow, 2003), la rescatable serie televisiva Las crónicas de Sarah Connor (Friedman, 2008-2009) y La salvación (McG, 2009), por parte de los malosos robots.

Parecía que todo estaba dicho, salvo que la necesidad de engordar taquillas dijera otra cosa.

Quizá en un afán por recuperar públicos a partir de mitologías ya conocidas y de paso generar nuevos adeptos a propuestas que resultaron sumamente solventes, he aquí que tanto parques de dinosaurios como robóticos apocalipsis están de vuelta. Digamos que los papás cuarentones lleven a sus hijos pubertos al cine y todos, se supone, contentos: unos por la rememoración y otros por la novedad, aunque a estas alturas de múltiples accesos igual los jóvenes ya habían visto los filmes fundacionales.

Y no es proyección (o sea que sí), pero uno a veces se siente parte del mercado meta, como dirían los que saben de estos asuntos:

en mi memoria fílmica están insertadas tanto las imágenes iniciales de las diferentes especies de dinosaurios deambulando como en un reverdeciente Africam Safari, con todo y la famosa frase aquella de que la vida se abre paso, dicha por el venerable Richard Attenborough (q.e.p.d), como la implacable persecución a la mamá del héroe antes de que fuera la mamá del héroe por parte de un actor que había sido fisicoculturista y que todavía no era gobernador, incluyendo los rompedores viajes preventivos al pasado.

DINOSAURIOS Y ROBOTS MÁS ALLÁ DE LOS MECATRONICS

En el verano fílmico ambas sagas están de regreso con resultados medianos. Por una parte, Mundo Jurásico (Trevorrow, EU, 2015) nos regresa al parque ahora convertido en una especie de Disneylandia en busca de mantener el interés del público, cada vez más volátil y de escasa capacidad de admiración. Un millonario aparece como el dueño y toda una corporación maneja el negocito: en el traspatio, mientras tanto, los científicos han estado jugando a la genética para crear nuevas atracciones, léase dinosaurios más lucidores para el respetable, como si se tratara de meros objetos.

Por la otra, Terminator Génesis (Taylor, EU, 2015) nos trae de un lado para otro jugando con tiempos y espacios en los que figuran los personajes ya conocidos, aunque con algunas variantes en sus roles e intenciones. Los humanos pelean contra Skynet en uno de los futuros, mientras que la mañosa empresa manda enviados para exterminar a la madre del líder, como sucedía en la original, aunque después viene una serie de modificaciones que provocan un batidillo, dejando huecos explicativos y forzando algunas resoluciones.

En ambas cintas las empresas vuelven a ser sospechosas, en particular con algunas alianzas inconfesables, y el desarrollo tecnológico en los campos de la genética y la informática se revierte en nuestra contra, aunque en el caso de las propuestas visuales se aprovecha bastante bien, proponiendo lucidores efectos visuales que si bien no implican mayor novedad, le dan un foco de atención a los filmes de pronto olvidado por los respectivos guiones: los personajes no terminan de cuajar y no parece afectarnos mayor cosa si algunos de ellos pasan a mejor vida.

Claro que están presentes las mezquindades humanas que contrastan con héroes salvíficos, surgiendo de manera inesperada, así como los aliados robots y dinosaurios que se enfrentan a los nuevos malos del cuento, ahora encarnados por personajes híbridos que no son ni de aquí ni de allá, sino una especie nueva con poderes impresionantes que a la mera hora no dan el ancho: a pesar de algunos giros argumentales, en general el desarrollo de las historias resulta predecible.

Cierto es que la química actoral ayuda a las dos películas: Arnold Schwarzenegger, de sonrisa natural, y Emilia Clarke, aquí sin sus dragones, funcionan tanto en las secuencias de acción como en las de humor; Chris Pratt metido a cómo entrenar a tu velocirraptor y Bryce Dallas Howard en plan ejecutivo, interpretan con soltura a sus personajes atravesados por una relación odio/amor que le viene bien al argumento central. El resto de los elencos es cumplidor aunque parecen estar atrapados en papeles de escaso desarrollo caracterológico.

 

cinematices.wordpress.com