Sonido & Visión

'La llegada' o la conciencia del tiempo

Volver a vivir la misma existencia a pesar de todo, porque sabemos que los momentos de felicidad y regocijo están correspondidos e íntimamente relacionados con los trances llenos de tristeza y angustia: “los contrarios se hacen justicia unos a otros según el orden del tiempo” decía Anaximandro. Por lo general nos podemos arrepentir de muchas decisiones, pero difícilmente de tener hijos: la maternidad o paternidad terminan por ser una experiencia definitiva que nos marcan para siempre.

El tiempo circular borgiano y el eterno retorno desde la perspectiva nietzscheana implican una distinta forma de entender los acontecimientos pasados, el presente efímero y el futuro deseado, así como la forma en la que sentimos y concebimos el transcurso de la vida; la linealidad acostumbrada impide visualizar los estrechos vínculos entre lo que suponemos ya sucedió y lo que todavía no acontece, porque lo anterior regresará y lo que nos espera acaso ya forma parte de nuestra experiencia vital.

Como bien apunta Mercedes de la Garza (Revista UNAM, diciembre 2012, Vol. 13, núm. 12), la preocupación sobre el tiempo empezó desde la reflexión filosófica y el pensamiento religioso; ya Heráclito se refería al tiempo como movimiento ordenado del cosmos: el mundo vive eternamente y se enciende y apaga según medidas en un orden racional. La historiadora puntualiza que para los mayas la temporalidad no fue un concepto abstracto, sino la demostración del dinamismo cíclico del espacio en el que los seres cuentan con cualidades y significados múltiples, incluso contradictorios.

Comprender desde la lingüística y la física

Del relato A Story of Your Life de Ted Chiang, y a partir de un guion coescrito con Eric Heiseser, cuya experiencia se ubica en el cine de terror, el versátil realizador quebequense Denis Villeneuve (Polytechnique; 2000; Tierra de nadie: Sicario, 2015) dirige con cercanía y sensibilidad La llegada (The Arrival, EU, 2016), filme que navega con sorprendente verosimilitud entre la ciencia ficción y el drama familiar con tintes metafísicos, incorporando múltiples referencias e ideas acerca de la trascendencia de los actos y las propias decisiones: rememorar a veces no es un acto de la voluntad, sino de algún extraño tipo de necesidad instintiva.

El director vuelve a la temática de la relación maternal y los vínculos paterno-filiales como lo hiciera en las inéditas Un 32 août sur terre (1998) y Malström (2000), así como en La mujer que cantaba (2010); revisita el inquietante concepto de la identidad abordado en Enemigos idénticos (2013) y el de la pérdida, explorado en Intriga (2013). A veces, la confrontación con lo impensable nos coloca en la perspectiva justa para generar la conciencia de cómo nos hemos edificado como personas, así como encontrar la medida de nuestra pequeñez y grandeza de acuerdo con los sentidos construidos frente al misterio del tiempo y el espacio.

La historia integra de manera emotiva la dimensión profesional y laboral de la protagonista con la familiar e íntima, como sucediera con Encuentros cercanos del tercer tipo (Spielberg, 1977), Contacto (Zemeckis, 1997) y El elegido (Nichols, 2016), entre otras. Es el tipo de filmes que plantean la posibilidad de encontrar respuestas mucho tiempo anheladas más allá de este mundo, no obstante que se trata de cuestionamientos instalados en nuestro propio ámbito afectivo, tal como le sucedía al viajero y su hija de Interestelar (Nolan, 2014).

A través de un preciso prólogo que de inmediato nos coloca en el tono evocativo del relato, recordando la historia matrimonial de Up (Docter, 2009), conocemos la relación entre una madre y su hija. Después, vemos a esta investigadora de la comunicación y el lenguaje (Amy Adams, frágil y decidida) llegando a un salón semivacío para dar clase: los teléfonos de los pocos estudiantes empiezan a sonar y la alarma se enciende. Las noticias no dejan de informar que doce objetos no identificados con forma de medio óvalo se han posado en sendos lugares del planeta a corta distancia del suelo.

Junto con un experto en física (Jeremy Renner), la especialista es reclutada por un alto mando militar (Forrest Withaker) para que intente obtener información acerca del propósito que tienen los llegados de otro mundo para instalarse aquí; entre la tentación de la violencia y la búsqueda del entendimiento, ambos científicos establecerán contacto con los alienígenas –hasta apodo les ponen- y buscarán interpretar los crípticos mensajes recibidos, elaborados a través de estéticos glifos elaborados con una tinta cual si se tratara de calamares heptópodos, mientras el agente especial (Michael Stuhlbarg) presiona ante los conflictos globales que se van generando.

Con reminiscencias a las clásicas cintas del género ciencia ficcional de Tarkovsky y Kubrick por aquello del descubrimiento personal y los regresos al origen, además de una cierta estética retomada de Malick, en particular cuando se despliegan las remembranzas, la historia avanza paulatinamente en el proceso de indagación acerca de las motivaciones de la llegada de las prístinas naves extraterrestres, simplemente suspendidas en el aire sin manifestar ningún tipo de intención clara. Mientras tanto, se reconstruye la experiencia vital de la protagonista en cuanto a su maternidad y su vida en solitario.

A partir de un juego de encuadres a tono con los cambios de la gravedad y un ingenioso y limpio diseño de producción, sin necesidad de ser aparatoso, las secuencias van flotando de manera conmovedora, tomándose su tiempo, acompañadas por las cuerdas melancólicas o los sintetizadores invasivos de Jóhann Jóhannsson, según el caso: los momentos de tensión contenida y la profundización de las realidades multi-temporales, percibidas o manifiestas, se imbrican en ciclos que trastocan racionalidades y emociones.

Si dialogamos para comprender al otro, no para imponerles una verdad; si evitamos los prejuicios negativos y permitimos que el proceso de descubrimiento mutuo fluya y si somos capaces de posicionarnos en la lógica de los interlocutores, antes de querer imponer la propia, es más probable que se alcancen propósitos conjuntos. Película oportuna en tiempos donde se escuchan discursos de odio ante los llegados de afuera. A pesar de todo, un abrazo siempre se extraña, en especial después de tomar el riesgo de despojarse del traje protector y sumergirse en un ambiente desconocido y atemporal.

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