Sonido & Visión

Más música del Cervantino

Para terminar de acompañar las propuestas sonoras del Festival, las siguientes líneas acerca de ires y venires de algunos de los distinguidos visitantes que nos invitan a ser parte de sus travesías artísticas y sus cosmovisiones, bien cimentadas en las propias experiencias y en las notables dotes musicales.

Latidos Africanos desde el arte de la libertad

Como parte de la programación convocada para este apartado del Festival, aparecen dos figuras que desde el continente originario nos cantan a todos bajo una racionalidad planetaria, con la propia experiencia como plataforma estética. Por una parte, Zap Mama es un grupo vocal femenino dirigido por Marie Daulne, vocalista y compositora belga de origen congolés (antes Zaire), que regresó a su tierra para expresarse musicalmente desde sus raíces africanas, después de que su padre fue asesinado y su madre se refugió con una tribu de pigmeos.

El grupo debutó con el espléndido Adventures in Afropea, Vol. 1 (1993), deliciosamente saturado de polirritmias emanadas de las voces que emergen de toda una tradición oral con tono celebratorio; en el mismo tenor presentaron el igualmente florido Sabsylma (1994) y Zap Mama (1995). Ya reconocidas en Europa y en América, la propuesta fue incorporando otros sonidos predominantes de las músicas negras como se aprecia en los vitamínicos 7 (1997) y A MaZone (1999). Después de un silencio, apareció Ancestryin Progress (2004), Supermoon (2007) y ReCreation (2009), con incrustaciones en clave hipopera, funky y soulera.

Por otra parte, Tony Allen, colaborador por cierto de estos discos recientes de Zap Mama, es uno de los hacedores de ritmos más influyentes de los últimos años, en particular por su contribución al llamado afro-beat, que ha sido retomado una y otra vez por el mainstream musical como alternativa estética. El nacido en Lagos hace 74 años, colaboró con el gran FelaKuti y a lo largo de su trayectoria ha sido invitado por gente como Paul Simon, Jarvis Cocker, Damon Albarn y demás personajes notables del mundo del rock y anexas.

Además, su trayectoria solista, lejos de enajenarse en sus territorios, se ha desarrollado a partir de la integración de otros géneros de avanzada, entre el hip-hop alternativo y las nuevas tendencias de la electrónica con espíritu africano. Desde Jealousy (1975) hasta Agente secreto (2009), álbum que planea compartir con nosotros en plan encubierto, ha propuesto una lírica contestataria y una orientación hacia la búsqueda de la innovación a partir del ritmo como elemento sustantivo para la convivencia universal.

Síncopas norteamericanas

The Deep Blue Organ Trio es una formación de Chicago cuyos miembros han contribuido con grandes jazzistas (Miles Davis, Art Blakey, Sonny Rollins) y bluseros venerables (Hank Crawford, Albet Collins) y que, por no dejar, se integraron para darle cauce a sus propias interpretaciones. El guitarrista Bobby Broom, el organista Chris Foreman (con el clásico Hammond B-3)y el baterista Greg Rockingham empezaron a tocar juntos desde los noventa del siglo pasado, aunque se conocían desde los ochenta, pero concretaron sus propuestas hasta este nuevo milenio.

Debutaron discográficamente con Deep Blue Bruise (2004), ecléctico álbum en el que igual cabía Prince que Isaac Hayes, Joe Henderson, Earth Wind & Fire y The Doors: para gustos amplios, como suele apreciarse, aunque con un enclave indudable en la larga tradición jazzística, expresada a partir de la conformación de trío, cual triángulo que permite esas conversaciones instrumentales que terminan en exquisitos diálogos y disfrutables monólogos.

Después de un álbum en vivo titulado Goin’ To Town: Live at the Green Mile (2006), cual buena muestra de lo que son capaces en el escenario, grabaron Folk Music (2007), con piezas retomadas de diversas vertientes del jazz como las representadas por Hank Mobley y Víctor Feldman, así como de estilos como el soul y el blues. Con Wonderful! (2011), rindieron un homenaje cargado de funky a Stevie Wonder, deconstruyendo varias de sus composiciones en clave postbop, con el órgano en plan desatado.

Además, el pianista, novelista y conferenciante mexicano Alberto Zuckermann, pieza fundamental del jazz en nuestro país, se presenta para reglarnos un recital en el que se espera el despliegue de su habitual capacidad para la improvisación y, al mismo tiempo, un reconocible asidero de las reconocibles armonías propias del género. Ya sea en solitario o con su trío, el autor de Zuckermann en vivo (2011) es una especie de sobreviviente en el mundo del jazz dentro de ciertos contextos en los que no es frecuente acercarse a este tipo de música.