Sonido & Visión

Liguilla clausura 2016 (IV): semifinales de vuelta

Será mucho pedirle a los equipos de la liga MX que a lo largo de las 17 jornadas del torneo regular jugaran como en estas semifinales, al menos tres o cuatro partidos? Porque vivimos la paradoja del sistema de competencia: la emoción de la liguilla le resta intensidad al torneo regular, ya sea en el formato de torneos cortos, donde al menos tenemos dos fases finales al año, o en el del torneo largo, que quizá se haría eternamente soporífero pero permitiría pensar en proyectos de mayor aliento.

Vimos dos partidos para el pase a la final llenos de ingredientes bien condimentados: goles hermosos, combinaciones bien tejidas, atajadas elusivas, rivalidades al límite, tribunas entre el júbilo y la angustia y la infaltable polémica arbitral, azuzada después de ver la repetición veinte veces. No faltaron los comentarios extraviados, sin prueba alguna desde luego, que acusaron de ladrones, vendidos o transas a los ex hombres de negro. Aciertos y errores, igual que los cometidos por jugadores, técnicos y directivos. Y si alguien lo cree de verdad es difícil entender para qué pierde su tiempo viendo una competencia comprada.

Calificaron los dos mejores equipos del fútbol mexicano en la actualidad, aunque sufrieron de más dado el repunte que alcanzaron sus rivales en los partidos de visita. Ambas series tuvieron un componente de dramatismo, afortunadamente para los espectadores, que las llevó a definirse hasta el silbatazo final, incluso con posibilidades para que el destino cambiara radicalmente. El equilibrio es una soporte esencial para el espectáculo, por más que uno quisiera que su equipo arrasara con todos: ganar fácil o siempreaburre, perder constantemente deprime o anestesia.

DESDE LA SULTANA DEL NORTE

El Monterrey tenía que salir a buscar el gol que lo pusiera adelante y, al mismo tiempo, cuidar su arco porque la anotación de visitante por parte del América pondría la serie en la obligación de ganar por dos tantos. Al final sucedió todo: los Rayados se fueron al frente, las Águilas alcanzaron a mover las redes no una sino dos veces, y los locales terminaron arriba en el marcador por un par de diferencia. Estos fueron los ingredientes, organizados en brillante secuencia, para que pudiéramos ver uno de los partidos más emocionantes en la historia de las liguillas.

El dominio inicial produjo poco antes de la media hora un soberbio gol de Cardona que curiosamente despertó a la visita de su letargo y se acordó que estaba en una semifinal: el resto de la primera parte fue para los de amarillo pero no lograron reflejarlo en la contabilidad. Buenos ajustes de Mohamed en el entretiempo y la anteriormente conocida como La pandilla se lanzó al asalto para colocar el segundo en la frente, aunque sus rivales seguían necesitando solo uno: a partir de esta temprana ventaja en el complemento, el partido se abrió para beneficio de todos, incluyendo los propios americanistas que vieron a su equipo entregando el alma.

El gol en contra se convirtió en el acicate para reaccionar en ambos cuadros. Arroyo entra de cambio y en tiro libre pone a su equipo en la final, hasta ese momento a falta de poco menos de media hora: el alabado arquero norteño se quedó como estatua de sal por voltear a donde no debía. La gente en la grada ponía su parte y los anfitriones empujaron con fuerza para que Sánchez lanzara implacable disparo desde fuera del área, batiendo al también heroico portero González: un 3 a 1 que se antojaba definitivo hasta que otra vez Arroyo aplicara la misma fórmula con gran tiro a pelota parada, aprovechando la ausencia de aprendizaje en la lección anterior.

Y vendría la discutida mano dentro del área de los de la CDMX, cuyo análisis requirió varias repeticiones, que le daría la ansiada ventaja al conjunto rayado con un cobro de Cardona, cerrando el círculo goleador y que abonó a la angustia al pegar primero en el poste. A la sentencia contribuyó la irresponsabilidad de Goltz al hacerse expulsar cuando todavía quedaban cinco minutos y los de compensación que, para como estaba el partido, cualquier cosa podía suceder de un segundo a otro.

Martínez también perjudicó a su equipo con la expulsión cerca del final y el América se despidió del torneo de manera digna, salvo esa tendencia a la indisciplina que los acompañó durante todo el semestre y que los siguió afectando sin que parecieran darse cuenta. Vale la pena, también, analizar el trabajo de sus fuerzas básicas porque su producción de jugadores no está generando el talento suficiente para verlos en estas instancias: claro que es más fácil voltear a Sudamérica, a Torreón o a Tijuana.

DESDE LA BELLA AIROSA

Los de casa empezaron a volar impulsados por su juventud y unos fuertes vientos de ambición para sentenciar la eliminatoria, después de haber sacado el empate en el Bajío y contar con una anotación de visita. Durante la primera media hora de partido, el contraste fue importante: el Pachuca se conectaba a toda velocidad, cual émulos de Quicksilver salvando la escuela de los X-Men, mientras que el equipo de León se sentía pesado y esclerótico, al grado que una equivocación potenciada por la mala fortuna provocó el autogol que ponía adelante a los Tuzos.

Pero los ahora sí verdes se acordaron de que por algo los conocemos como La Fiera y empezaron a mostrar garras y colmillos para buscar los anhelados goles que representaran el pase. Quizá se tardaron mucho en reaccionar pero la entereza y pundonor estuvo presente, sobre todo después del inimaginable gol de Hernández, que después de fallar un par se acordó del partido en Morelia y ahora sí ajustó un centímetro su disparo para saludar ambos postes de manera cordial y acariciar la red con suavidad.

Los porteros, representante uno de la generación X y otro de la millennial, contribuyeron para que el marcador no resultara más abultado, una vez que sus defensivas habían sido superadas. No obstante, había que ponerle un final a la altura del emotivo desarrollo: una jugada polémica en el área local que no se sancionó como penal y un par de opciones desperdiciadas de parte del conjunto esmeralda dieron paso a un segundo tanto del Pachuca al borde del final, irrelevante para incrementar la diferencia pero importante para aplacar los últimos rugidos leoneses.

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