Sonido & Visión

Entre la libertad y el pecado

Las relaciones entre el individuo y las estructuras sociales continúa siendo una de las temáticas más complejas para entender el mundo de hoy; ampliamente estudiadas por la sociología, estas vinculaciones se van transformando y modificando permanentemente, según la época, el lugar y los contextos singulares en los que se desarrolla. El margen de acción libre de la persona y las oportunidades o limitaciones impuestas por las condiciones económicas, políticas, sexuales, raciales y sociales en las que se desenvuelve, resulta una diada que sigue siendo susceptible de nuevas miradas.

Un par de notables películas que formaron parte del Festival de Cannes en el 2013, coinciden en el análisis de casos concretos en distinto tiempo y circunstancia, aunque colocando a sujetos en situaciones difíciles frente a las estructuras y condiciones adversas: la necesidad de migrar, la injusticia o ausencia de oportunidades laborales, el abuso hacia la figura de la mujer… ya sea a principios del siglo XX o del XXI, parece que hay situaciones que tienden a repetirse como si de un maleficio se tratara.

Sin victimizar a sus personajes con manipulaciones melodramáticas, al contrario, y sin pretender dar clases de moral no solicitadas sobre lo que debería ser la sociedad, se trata de dos obras fílmicas que nos invitan a pensar, más que en asentir. Disponibles en video y en el mundo de las plataformas digitales.

CULPA Y ESCAPE

Con una violencia subyacente que en ocasiones emerge de manera inesperada, breve y contundente, el director Jia Zhang-Ke (Plataforma, 2000; Naturaleza muerta, 2006; 24 City, 2008), perteneciente a la sexta generación de los cineastas chinos y también documentalista, presenta la multigenérica Un toque de pecado (China, 2013), en la que apenas se rozan cuatro historias con sendos personajes que viven en el gigante asiático con su particular mezcla de capitalismo de estado y totalitarismo político, generador cada vez más de diferencias de clase y de esquemas que admiten corruptelas, con el consecuente hartazgo de ciertos individuos que buscan rebelarse de alguna manera.

Un obrero (Wu Jiang) denuncia a diestra y siniestra las pillerías sistemáticas del patrón, secundado por otros empleados y por las autoridades: como respuesta recibe una golpiza que, lejos de amedrentarlo, lo impulsa a tomar cartas en el asunto de una manera extrema. Mientras observa un camión volcado, pasa un joven motociclista emigrante (Baoqiang Wang), viajando por caminos que lo llevan a su pueblo o a la ciudad, pistola en mano, defendiéndose de posibles asaltantes y convirtiéndose en uno: una sociedad donde las armas terminan por ser una última compañía.

Una mujer (Tao Zhao) que mantiene un amorío con un hombre casado es descubierta, golpeada y humillada, para deambular con el cuerpo y el corazón roto: termina trabajando como recepcionista en un sauna donde tiene que soportar el abuso de algún cliente; en esa búsqueda laboral también se encuentra un joven (Lanshan Luo) que se enfrenta a un mercado de trabajo reducido, limitado y explotador: no parece haber muchas opciones, ni siquiera ante la oportunidad de convivir con una chica que ejerce la prostitución.

La cámara nos pasea con cierto desasosiego por áridas ambientaciones, entornos fabriles y rurales o de insultante elegancia abigarrada que contrasta con zonas de hacinamiento, esta reflexión a manera  de collage de la China contemporánea parece avanzar sin precisar el destino, deteniéndose en los microrrelatos para continuar su camino, entre agresivos actos de justicia por propia mano y retratos de una soledad atrapada por estructuras impávidas: como si de un salto al vacío se tratara.

MIGRACIÓN Y AUSENCIA

Dirigida con pincel en mano por James Gray (Furia de perros, 1994; La traición, 2000; Dueños de la noche, 2007; Amantes, 2008), Sueños de libertad (The Immigrant, 2013) recrea con acierto una época y estado de ánimo muy particular en la historia de Estados Unidos, nación de migrantes con diferente suerte y estatus: el sueño americano, ya los sabemos, para algunos es una pesadilla, aún hoy en día. El filme sigue a dos hermanas polacas que, tras sufrir algunas vejaciones en el trayecto, logran desembarcar con la bienvenida de piedra de la estatua de la libertad.

Una de ellas se tiene que quedar en el hospital por estar enferma, mientras que la otra, a punto de ser deportada por alguna falta en su registro, es salvada por un ambiguo hombre que le ofrece protección y apoyo: al no tener otra opción, después de intentar quedarse con sus tíos, la recién llegada queda sometida a este sujeto que navega entre la culpa, el abuso y la búsqueda irremediable de la redención, mientras regentea una especie de teatro-burdel bajo las órdenes de una severa matrona.

Las interpretaciones de Joaquin Phoenix y Marion Cotillard consiguen imbuirnos en una relación tormentosa e injusta, aderezada por la presencia de una tercero (Jeremy Renner), el primo de este hombre que resulta ser un mago de buenas maneras y al fin rival en este relacional triángulo más bien escaleno. Si bien la premisa puede sonar ya demasiada vista, la forma de construir a los personajes y, sobre todo, la puesta en escena, resultan claves para destacar la imposibilidad de salidas para esta inmigrante.

Una paleta cromática que privilegia el rojo y el amarillo, con iluminaciones sosegadas y una cámara que propone encuadres divididos de manera natural, como para enfatizar la dualidad en la que se mueve el protagónico y el doble papel que tiene que desarrollar esta mujer para poder salvar a su hermana: el rostro sumido en una pantalla ennegrecida, ya sea escondiéndose o confesando los pecados necesarios, transmite con fuerza la determinación de quien, a pesar de las estructuras de autoridad corruptas, seguirá durmiendo con un arma bajo la almohada.

 

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