Sonido & Visión

Entre el heroísmo, la crítica y la propaganda

El cine se ha usado, en ocasiones, como herramienta ideológica y propaganda política: desde las propuestas soviéticas durante los años veinte y ciertos filmes pro nazis en los treinta, hasta filmes producidos en diversas partes del mundo que responden a una determinada perspectiva de la realidad, como si fuera la única. El caso de buena parte del cine estadunidense referido a la II Guerra Mundial y realizado en los años subsecuentes, rara vez planteaba la visión de los vencidos y tendía a convertir en héroes a los soldados victoriosos.

Actualmente, en países con regímenes totalitarios donde no existen elecciones democráticas y los opositores acaban muertos o en la cárcel, resulta difícil que se puedan ver películas que vayan en contra de las ideas oficiales, a menos que se produzcan fuera del territorio o bien de manera clandestina, con la consecuente privación de la libertad para los creadores, como sucedió con el iraní Jafar Panahi, director de Esto no es unapelícula (2011).

En Estados Unidos, por su parte, también es factible encontrarse con algunas cintas que descaradamente se sustentan en un patrioterismo barato (abundaron en el periodo reaganiano), aunque también otras que plantean críticas directas al poder político propio. Las implicaciones ideológicas de las películas, referidas a cuestiones de raza, religión, género o nacionalidad, exigen un análisis más riguroso, debido a que se pueden presentar de manera soterrada, insertándose en un discurso aparentemente moral y justo pero que esconde exclusión o intolerancia.

En este contexto, el cine bélico plantea interesantes desafíos dada la complejidad de su temática y las tentaciones para convertirse en mero panfleto a favor de uno u otro bando. Por ejemplo, fuera de alguna película que apoyaba la absurda intervención en Vietnam (Boinas Verdes [Wayne, 1968]), predominó el cine crítico (El francotirador, [Cimino, 1978]; Apocalipsis ahora [Coppola, 1979]; Pelotón [Stone, 1986]) a diferencia de lo sucedido en las producciones de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado referidas a la II Guerra Mundial.

En el caso de la engañosa invasión a Irak (La ciudad de la tormentas, [Greengrass, 2010]) la tendencia fílmica se ha orientado más a señalar los abusos (Redacted, [De Palma, 2007]), las adictivas secuelas para los soldados (Zona de miedo [Bigelow, 2008]) y lo absurdo que resulta el envío de tropas hasta en términos prácticos (Soldado anónimo, [Mendes, 2005]), que a enaltecer las inservibles acciones militares; por si no fuera suficiente, ahí está Procedimiento estándar (Morris, 2008) para recordarnos los entretelones las humillantes fotografías de los prisioneros que le dieron la vuelta al mundo, incluso motivando una exposición de Botero.

El francotirador

Así llegamos a la historia de Chris Kyle, un joven con aspiraciones vaqueriles que se compró la idea completa y maniquea de que el mundo se divide en salvajes y civilizadoso, de acuerdo con las limitadas enseñanzas de su padre, en lobos, ovejas y perros pastores. Dada su notable habilidad para disparar y su tino casi infalible, desarrolladas desde niño cuando iba a cazar, y al ver encendido su patriotismo, pronto se integró a las fuerzas de la marina conocidas como SEAL para ir a Irak y hacer justicia desde la azotea o a campo traviesa: de buenas intenciones está empedrado el infierno.

Dirigida con energía de novato por Clint Eastwood con base en el guion de Jason Hall (El poder del dinero, 2013), sustentado a su vez en el libro de McEwen, Defelice y el propio Kyle, El francotirador (AmericanSniper, EU, 2014) es un filme ambiguo, como lo señaló Jorge Ayala Blanco (Blog de El Financiero, 25/02/15), dado que se puede ver desde una perspectiva antibelicista o bien a partir de una lógica de engrandecimiento del personaje central, aunque habría que considerar que el material base es su autobiografía: en este sentido, el director pareciera más bien plantear la visión de este hombre que se convirtió en leyenda y terminó atrapado en una guerra que nunca previno.

Con su notable capacidad narrativa, aprovechando el uso del flashback y una gramática visual de intencionalidad emotiva, el veterano realizador sienta las bases de la infancia y juventud de su protagónico, en donde se advierte también su disposición para proteger a su hermano, su resistencia al entrenamiento y su romance con la que sería su esposa (Sienna Miller, angustiada) después de ser engañado, para estructurar el relato a partir de las cuatro misiones por Ramandi, Anwar y Bagdad, ciudades en ruinas que padecen la presencia de guerrillas y del ejército estadunidense.

Pero lo difícil parecer ser el regreso a casa, dadas las secuelas que van dejando los sucesos vividos en combate, por más que él se resista a admitirlo: la contemplación de la televisión apagada, la sobre reacción contra la mascota y la ausencia mental frente a los continuos reclamos maritales; apenas el contacto con los ex combatientes mutilados parece representar una pequeña posibilidad de encontrarle sentido a la vida civil. Bradley Cooper logra darle realismo a su caracterización, sobre todo cuando sostiene la cámara con su rostro entre presionado y extraviado.

El retrato que el propio Eastwood realizó en su díptico La conquista del honor y Cartas desde IwoJima (2006) sí consideraba la mirada a ambos bandos, más allá de preferencias ideológicas; en este caso, como sucede en muchas películas de guerra, solo se atiende a una de las partes, mientras que la otra es anónima e intercambiable, carnicera y traicionera. La historia apenas se detiene a mostrar la familia del durísimo rival iraquí de Kyle/Cooper (que difícilmente se podría conocer), a diferencia de Enemigo al acecho (Annaud, 2001), en la que se jugaba al equilibrio entre ambos rivales.

Una película que más allá de cómo se considere en términos ideológicos, contribuye a mantenerel debate acerca de una de las más grandes mentiras en la historia bélica reciente y que finalmente generó una enorme cantidad de costos, en especial para las familias de los involucrados directamente, tanto iraquíes como estadunidenses.

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