Sonido & Visión

El empleo como desafío

Las estructuras y los mercados laborales se han venido reconfigurando de manera dramática durante las recientes décadas. La idea básica del trabajo asalariado seguro y para toda la vida, se ha desvanecido. Las sociedades enfrentan serias dificultades que tiene que ver no solo con el creciente número de desempleados, sino con la precariedad de los empleos disponibles, la informalidad en la que se desarrollan las actividades laborales y con la consecuente desigualdad en la distribución del ingreso.

Parece que los modelos propuestos están rebasados: el neoliberalismo económico no ha resultado tan mágico como se esperaba y la famosa autorregulación de los mercados sigue siendo una ilusión, como se muestra en Trabajo confidencial (Inside Job, Ferguson, 2010); por su parte, el estado de bienestar se tambalea frente a las crecientes necesidades de la población y la excesiva intervención estatal parece tampoco ser la solución para alcanzar sociedades más justas: claro que en todos los casos se cierne el fantasma de la corrupción.

El cine ha posado sus cámaras sobre el fenómeno laboral. Eisenstein contrapunteaba a los obreros con la guardia zarista en La huelga (1924); Chaplin anunciaba los peligros de la automatización en Tiempos modernos (1936);por su parte, De Sica exploraba las angustias para conservar un empleo en Ladrón de bicicletas (1948) y Clouzot presentaba la necesidad de aceptar un trabajo de alto riesgo como única alternativa en El salario del miedo (1953), temática después retomada en el documental La muerte del trabajador (Glawogger, 2005).

Cintas más recientes muestran, desde diversos enfoques, las dificultades que enfrentamos como comunidad para que el trabajo no solo alcance, sino que resulte significativo: ahí están, por ejemplo, Lloviendo piedras (1993), Nubes pasajeras (Kaurismäki, 1996), Todo o nada (Cattaneo, 1997), Recursos humanos (Cantet, 1999), El ladoizquierdo del refrigerador (Falardeau, 2000), Los lunes al sol (León de Aranoa, 2002), Power Trip (Delvin, 2003), Próxima salida (Tuozzo, 2004), Arcadia (Costa-Gavras, 2005), Amor sin escalas (Reitman, 2009) y Come,duerme, muere (Pichler, 2012).

Un fin de semana decisivo

Con una estética eminentemente documental, género que desarrollaron durante varios años (de Le chant durossignol, 1978 a Regard Jonathan/Jean Louvet, son oeuvre, 1983), los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne debutaron en el campo de los largometrajes de ficción con el drama bélico-familiar Falsch (1987), para después volverse habituales ganadores enel Festival de Cannes; se han constituido como pilares del cine con fuerte conciencia crítica, retomando importantes tendenciasfílmicas como el Free cinema inglés, el neorrealismo italiano, el Direct cinema y el Cinémavérité.

Han retratado con mirada etnográfica las difíciles realidades migratorias (La promesa, 1996; El silencio de Lorna, 2008), laborales (Je pense à vous, 1992; Rosetta, 1999) y familiares (El niño, 2005; El hijo, 2002; El chico de labicicleta, 2011)que enfrentan las clases trabajadoras, presentando casos particulares susceptibles de generalizarse a contextos más amplios, no solo en Europa sino en buena parte del mundo. En efecto, las historias micro se convierten en materia de reflexión y análisis global, siempre atravesadas por una compleja encrucijada para los protagonistas y dejando que sea el espectador quien asuma una posición al respecto.

En Dos días y una noche (Bélgica-Francia-Italia, 2014), derivada de una anécdota escuchada por los directores, continúan planteando un dilema moral como centro argumental del cual se detonan las diferentes decisiones que van tomando los personajes con racionalidades diversas, en medio de estructuras sociales e institucionales que parecen rígidas e inamovibles. Los márgenes de maniobra del individuo frente a estas entidades no son siempre los mismos: varían en función de las propias características de las personas, su origen, sus recursos y sus capacidades para solventar problemas y enfrentar imponderables.

En este caso, la historia sigue a Sandra, una mujer casada y madre de dos hijos que estaba empleada en una fábrica de paneles solares; tras sufrir una especie de colapso, intenta regresar a su trabajo, pero el supervisor le plantea la disyuntiva clave del argumento: para recuperar su empleo, tendría que convencer a sus compañeros para que renuncien a un bono de €1000 y revertir la determinación tomada. Tiene como plazo un fin de semana.

Es así como inicia un recorrido que dura el tiempo referido en el título para intentar hablar con sus dieciséis colegas y plantearles la situación. Los diálogos mantienen un absoluto realismo y las razones de unos y otros para apoyarla o no resultan coherentes. Uno de ellos esboza el cuestionamiento clave: ¿Por qué la empresa no mantiene nuestro bono y también tu empleo? Entonces vemos cómo los trabajadores se debaten en difíciles decisiones que afectan la relación entre ellos, mientras que quien realmente tiene la responsabilidad se lava las manos y deposita en otros el peso de la determinación acerca del destino de los recursos.

La capacidad de los Dardenne para dirigir actores se vuelve a poner en evidencia: si bien Marion Cotillard es una intérprete consumada que vuelve a demostrar porqué es una de las actrices más importantes de la actualidad (esos cambios de registro de la depresión al atisbo de esperanza), el resto del reparto acompaña y secunda con solidez los ires y venires de la protagonista, desde el esposo apoyador y figura clave del relato (Fabrizio Rongione), hasta todos los colegas del trabajo que va visitando para hacerles la solicitud planteada.

Las calles y colonias populares de Seraing, en la provincia belga de Lieja, se convierten en el escenario de los desplazamientos físicos y emocionales que realiza esta mujer siempre al borde de la desesperanza, apenas sostenida por antidepresivos, el ímpetu del esposo y ciertas muestras de solidaridad provenientes de algunos de sus de trabajo, cada uno con sus propias necesidades, intereses, prejuicios y valores.

De esta manera, observamos también el heterogéneo mosaico de los trabajadores, sus situaciones familiares y las condiciones en las que viven. Con una edición brusca y sin artilugios, la cámara sigue de manera convencida a los intentos de una mujer y su esposo no solo por conservar un empleo como medio de sobrevivencia, sino el espíritu de seguir adelante con dignidad, en un contexto socio laboral que parece diseñado justamente para lo contrario pero en el cabe, sin embargo, la posibilidad de sacrificarse por el prójimo.

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