Sonido & Visión

Discos 2016 (tercera)

Seguimos en la escucha de los sonidos que invadieron el impredecible año que recién terminó.

Trayectoria larga

Pet Shop Boys siguen poniéndonos en situación de baile, como desde hace treinta años, en su reciente Super, mientras que James persistió con Girl At the End of the World en sus tonalidades épicas. Suede confirma su retorno de hace tres años con Night Thoughts, para sobrevivir a las dificultades y tentaciones que descienden con la puesta del sol, siempre en la ambigüedad, en tanto los veteranos escoceses de Teenage Fan Club regresan con esa característica delicadeza, tan adolescente, en el brillante Here y Primal Scream volvió con Chaosmosis, retomando la vibra del gusto por la revuelta.

Wilco entra en la lógica acústica y personal en Schmilco, formado por un puñado de canciones tan sencillas como brillantes; en tanto Drive-By Truckers confirmó identidad con el grandioso American Band, recorriendo los caminos del rock sureño escrito aquí con mayúsculas y con la consecuente y necesaria carga política; la otra banda de camioneros, Tedeschi Trucks Band, produjo con esencia a polvo de carretera Let Me Get By.Por su parte, Lambchop entregó FLOTUS, otra de sus obras mayúsculas en la que se acerca más a la languidez de ritmos digitales y pianos extraviados.

Billy Bragg y Joe Henry viajaron en tren de Chicago a Los Ángeles y fueron grabando clásicos que se integraron en el álbum Shine a Light: Field Recordings from the Great American Railroad, todo un proyecto en movimiento creado de estación en estación. Richmond Fontaine vuelve a contarnos historias y regalarnos aforismos desde el título de su disco, You Can’t Go Back If There’s Nothing to Go Back To, y The Handsome Family hizo lo propio con su country crítico de letras inteligentes con las que edificó Unseen. Tindersticks nos dejó en espera con su oscura elocuencia en el nebuloso The Waiting Room y Freakwater, desde Chicago, confeccionó nuevos velos country  con Scheherazade.

The Glowing Man marca, al parecer, el final de otra etapa de Swans, la banda creada y vuelta a nacer que comanda Michael Gira, aquí destilando contrastes entre un barroquismo sonoro y cierta introspección pasada por fuego. Como que no quiere la cosa, Pixies desarrolló Head Carrier, con una fiereza contenida pero con buen sentido musical como Green Day, que se puso las pilas para crear Revolution Radio y The Cult, grupo de esos que nunca se van y que siguió con su batalla develando su rock en Hidden City.

Los anónimos The Residents, siempre envueltos en un halo de msiterio, pusieron a bailar a todo mundo con sus extrañas estructuras en Deamons Dance Alone, mientras que Dr. Dog, otro grupo en los márgenes, se mantuvo en el escenario con The Psychedelic Swamp y su acento retro. El teatral Foreverland resulta representativo de The Divine Comedy, en un bienvenido regreso, mientras que Guide By Voices, a pesar de las dificultades, firmó el pliego petitorio llamado Please Be Honest.

Red Hot Chili Peppers volvieron con The Getaway en plan disfrutablemente sereno, con su mezcla de funk, rock y pop al punto, en tanto. The KillsAsh & Ice, Weezer entregó su consistente álbum blanco nombrado oficialmente de manera homónima como Weezer, melódico y revitalizante cual debe, en el mismo sentido que Garbage compuso el revitalizante Strange Little Birds, con esa capacidad para la melodía electrificada. Travis grabó su noveno disco con el nombre de Everything At Once, conservando el aliento pop con sustancia.

Regresos y reuniones

Dos regresos esenciales:la venerable cantante folk Shirley Collins vuelve a grabar después de 38 años, nada más: entre canciones tradicionales de Sussex y algunas piezas disruptivas, Lodestar se convirtió en una de las grandes noticias del año musical. Por su parte, A Tribe Called Quest, agrupación clave para el desarrollo del Hip-Hop, volvió después de 18 años con We got it from Here... Thank You 4 Your service, manteniendo intacto su espíritu contestatario y el filo de sus rimas, bien integradas el edificio sonoro.

The Rolling Stones practicaron aquella idea del viaje a la semilla. Después de más de diez años de no grabar un álbum en estudio, blusearon sabroso en Blue & Lonesome, integrado por versiones de clásicos del género, sobre todo del área de Chicago, interpretadas con toda la naturalidad que te permite la eternidad. The Monkees, sobreviviendo a propios y extraños, grabaron el muy efusivo y optimista Good Times!, buena vibra extendia a The Avalanches, volviendo después de su arrollador debut en el 2000 con el impredecible y delicioso Wildflower. De igual manera, Lush, la banda especialista en acometer la guitarra viendo a los zapatos, presentó el EP Blind Spot después de un par de décadas de silencio.

Minor Victories se conformó por Justin Lockey (Editors) y su hermano James, Rachel Goswell (Slowdive) y Stuart Braithwaite (Mogwai) y su primer fruto, centrado en un rock de guitarras contundentes que igual abre paso al noise que al dreampop, fue el homónimo Minor Victories. Otra productiva reunión fue la que dio origen a The Claypool Lennon Delirium, apellidos que se reunieron para poder llevarnos a la luna y más allá vía Monolith of Fobos, con toda la espesura necesaria para extraviarse en el trayecto.

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