Sonido & Visión

Los discos del 2017 (séptima)

Penúltima entrega del recorrido por algunos de los discos producidos en el año que terminó. Cada vez la cantidad y la posibilidad de acceso complican felizmente la tarea de selección.

Excursionistas sonoros

El patriarca Brian Eno continuó con su alquimia en Reflection, álbum de una sola pieza ambient propicia para generar estados de conciencia variados, que puede cambiar su forma en cada escucha dentro de su versión generativa, disponible en una APP. Además, junto con el indagador pianista Tom Regerson, presentó al cierre del año Findinig Shore, encuentro de teclas acústicas con bytes intrusivos, justo como cuando se cree llegar a tierra firme. El profundo y vivificador async representó el regreso del gran músico japonés Ryuichi Sakamoto después de superar una enfermedad, como para enfatizar las posibilidades de la sobrevivencia y acompañar la película de nuestras existencias, empezando por la caminata y terminando en un extraño jardín de las delicias.

El guitarrista de Miami Bill Orcutt entregó, como si necesitara presentación, el ídem Bill Orcutt, incursionando en los sonidos eléctricos con la magia de los dedos a partir de una decena de versiones, mientras que Chuck Johnson recorre la pradera en tono solitario y crepuscular con el calmo Balsams. En los terrenos de la música contextual, apareció la obra Cruel Optimism del australiano Lawrence English, deambulando por atmósferas que de pronto adquieren un poder resolutivo, justo cuando sabemos de antemano que el exceso de esperanza puede resultar peligrosa, y Richard Dawson siguió en plan renovador dentro de los territorios del folk con Peasant, poblado por personajes marginales y sonidos alternativos.

Con pianos preparados, Kelly Moran compuso Bloodroot, lleno de resonancias imposibles, como las que consigue Hauschka con What If, con las teclas buscando darle cauce a una extraña belleza capturada. Vivimos fuera de la luz atrapados en un loop temporal más allá de la muerte en A Shadow in Time, álbum de dos piezas con homenaje a Bowie incluido de William Basinski, y el trío australiano The Necks colocó en posición de diálogo, de manera pausada y subrepticia, al piano y discretas percusiones con objetos cotidianos en su obra Unfold, incluyendo algún despertador a deshoras que termina por mantener la vigilia.También en plan artesanal, el dúo de Bristol Emptyset entretejió su quinto álbum titulado Borders, creando sus propios instrumentos para transitar por los caminos de la electrónica y abriendo rutas alternativas.

Electrónicas múltiples

Además de colaborar con Björk, el caraqueño Alejandro Ghersi conocido como Arca realizó con la capacidad de riesgo bien afilada el homónimo Arca, con todo y poderosas vocalizaciones fantasmales; por su parte, Gas nos sumergió en atmósferas enrarecidas e irresistibles con el envolvente Narkopop, en tanto Lee Gamble maduró sus experimentaciones electrónicas en Mnestic Pressure, soltando cabos digitales que apenas sobreviven en los entrecortes inesperados. en tanto el dúo de Chicago Bitchin Bajas se siguió moviendo en terrenos del más allá con Bajas Fresh, de fantasmales y circulares arreglos electrónicos.

Se dejaron escuchar No Home of the Mind de Bing & Ruth, proyecto del pianista David Moore buscando la mínima expresión para comunicar la máxima sensación y en tono crítico World Eater de Blanck Mass, lance solista del miembro de Fuck Buttons Benjamin John Power con el rock angustioso como sustento. Entre el dub y el dubstep te veas: los especialistas Sherwood & Pinch rompen delgadas fronteras para entregar Man vs. Sofa, repleto de recursos auditivos; en tanto, el noruego Lindstrøm le puso cierta oscuridad a It’s Alright Between Us as It Is, su bienvenido regreso tras cinco años de ausencia.

El multi-proyectos Dominick Fernow, aquí como Prurient, entregó el prolongado Rainbow Mirror, cuatro discos con una electrónica que corre por el subsuelo, inquietando de a poco cual oscuro reflejo que persigue un colorido imposible, tampoco factible en el tenebroso Undertow de Wolf Eyes, selva sonora poblada por extrañas criaturas que se mantienen al acecho, como prolongando el ataque. Por su parte, Nathan Fake produjo su cuarto disco titulado Providence, contrapunteando texturas vitales del house, tecno y ambient, de pronto adornadas con inesperados espacios para la introspección.

Shabazz Palace contribuyó con su aventura cósmica desplegada en Quazarz, propulsada por un guion que entronca con las música negras de orígenes astrales. El inglés Darren Cunningham es Actress y en AZD, su quinto disco, se confirma como uno de los actos clave de la electrónica actual, llevándonos a una hipnótica fiesta futurista en la que el bajo impacto envuelve por la consistencia de rítmicas en espiral, justo cuando le damos la mano a seres metálicos; mientras tanto, el dueto londinense Mount Kimbie articuló Love What Survives, tercer disco en el que rock y dubstep vuelven a encontrarse para, en efecto, alcanzar la anhelada sobrevivencia en tiempos de recelo hacia el diferente.

El productor londinense Moiré produjo su segundo álbum en plan admonitorio con base tecno: No Future expresa tensión en la que se encuentra el mundo, quizá girando hacia su propia extinción. Ruinism, el tercer álbum del originario de Essex llamado Lapalux, se alimenta de los nutrientes de las músicas negras para desplegar sus sonidos enchufados que viajan por aires indefinidos, buscando verdades ancestrales bien enterradas. Firmado por Daphni, el disco Joli Mali nos contagia de electricidad y plantea el dilema si saltar a la pista o quedarnos discretamente sentados llevando los ritmos por momentos entrecortados y Ross Tones, es decir Throwing Snow, entregó su opus 2 titulado Embers, experiencia sonora que nos introduce en una película pasada por tinieblas y cuyo desenlace desconocemos, acaso esperando algún haz de luz al final de la historia.

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