Sonido & Visión

Una dama inglesa en León

Leonora Carrington (1917-2011), la inglesa más mexicana de todas, entró al mundo del surrealismo de la mano del pintor alemán Max Ernst, para después adentrarse por sus fantásticos caudales acompañada por André Breton, Salvador Dalí y Joan Miró. Después de una estancia en París tuvo que huir a España, donde fue internada en un hospital psiquiátrico por su padre, de donde escapó a Lisboa y de ahí a México con el apoyo de Renato Leduc, a principios de los años cuarenta: nuestro país cual tierra prometida dada su naturaleza surrealista y mitológica.

Aquí tejió afectos con Benajmin Péret, Wolfgang Paalen y, sobre todo, Remedios Varo, con quien estableció una entrañable relación que influyó creativamente en la obra de ambas. Para conocer a detalle su intensa vida, se puede revisar la cercana biografía que escribió Elena Poniatowska titulada Leonora (Seix Barral, 2011). Además de su obra escultórica, se aventuró por los terrenos de la narrativa, el diseño escenográfico y la pintura, como se puede apreciar en el mural El mundo mágico de los mayas (1963), actualmente expuesto en la galería Tate de Liverpool, Inglaterra.

Ahora tenemos en nuestra ciudad a la autora de Leche del sueño (FCE), a través de la presencia de diez de sus obras escultóricas, a la vista de todos lo que se quieran asomar al espacio abierto del Forum Cultural. Arropadas bajo el nombre Las posibilidades de los sueños, esta decena de seres maravillosos parecen convivir por medio del pensamiento y reconocimiento mutuo, venciendo la quietud y la distancia física que los separa.

UNA REUNIÓN FANTÁSTICA EN EL FORUM

Sin que nos diéramos cuenta, el paisaje cotidiano de un espacio público de nuestra ciudad parece pertenecer a otro mundo donde las posibilidades figurativas se amplían y ensanchan: se trata de una realidad onírica cargada de imaginación, poblada por seres extrañamente reconocibles y al mismo tiempo de naturaleza fantástica, como sacados de una mitología en ciernes nutrida de imágenes arquetípicas, tradiciones celtas, aromas mexicanos y de algún manual borgiano entremezclado con quimeras generadas en los vericuetos del inconsciente.

Primero nacieron en dos dimensiones como ideas en el papel y después mutaron, vía el moldeado conocido como cera perdida, para convertirse en objetos de bronce, quizá susceptibles de volverse sujetos, como nosotros: acaso ya lo son, pero guardan cierta prudencia cuando alguien los observa; o a lo mejor son muy tímidos y todavía no se animan a revelarse del todo. Por lo pronto, nos han acompañado durante cuatro meses y al parecer ya les gustó asentarse por acá, como nos ha sucedido a muchos: lástima que tengan que emigrar el 21 de mayo.

Apenas cuando uno va llegando se encuentra con Gato de la noche (2010), un personaje de una dualidad fascinante que integra dos seres unidos por la espalda: un felino con bigotes firmes y el infinito impregnado en la frente, porta una señorial capa que le añade el toque necesario de respeto a la figura; detrás, otra capa esconde una especie de segunda personalidad, asomando los pies y las manos estampadas como emergiendo más allá de la conciencia. Por su parte, Cat Without Boots (2012) parece buscar a su contraparte mientras reposa elegante y serenamente con su cola en forma de serpiente y mostrando la desnudez de sus patas y sus pies; una espiral en el pecho pudiera indicar esa idea de infinitud en la que habitan estas criaturas.

ENCUENTROS ONÍRICOS

La reluciente y blanquecina The ship of craner (2010), invita a subirnos a la viva embarcación lista para zarpar por los cielos-mares: un ave-balsa denotando seguridad lleva a otras tres con cuerpo de pingüino y pico de tucán en su cubierta-lomo, con todo y una remera que otea el horizonte para definir el rumbo. Es recurrente en la obra de la artista plástica este tipo de barcazas vivientes. Por ahí también aparece La inventora de atole, nacida en el 2011, con la clásica cabeza en forma de gato-luna sostenida con un cuello alargado; pulcramente ataviada con túnica grisácea, nos comparte su gran descubrimiento en una gran vasija.

Otra mujer de la misma especie mira directo hacia el tambor que sostiene cuidadosamente con los brazos y acaricia con dedos alargados; parece sumamente concentrada en su interpretación y hasta el pajarillo que cuelga de su cuello guarda silencio, esperando el momento de acompañar el ritmo, al igual que la adormecida serpiente que tiene por cola. Luce un vestido de la cintura para abajo bien adornado y con el infaltable felino casero visiblemente estampado: nació en el 2010 y se llama Tamborilera.

Gallo nació en el 2010. Viene en posición oferente con ojos entrecerrados y nariz recta; con sus manos antropomórficas sostiene una vasija, mientras algunas simbólicas espirales se insertan en su piel. En esta tesitura, nos da la bienvenida una mujer-ave bautizada en el 2011 como The Palmist: nos recibe con una bendición mostrando las palmas, en las que se ubican sendos rostros boquiabiertos; una túnica que la da un toque ceremonioso cubre su espigado cuerpo. De ahí nos podemos introducir bajo techo para encontrarnos con tres máscaras que parecen querer escaparse de sus soportes, como si estuvieran dispuestas a cobrar vida sin necesidad de un cuerpo que las movilice.

Rostro de águila (2010) dirige su mirada hacia abajo, haciéndonos alguna señal difícil de descifrar, aunque mostrando sabia paciencia en espera de nuestra comprensión; en su cara, rodeada de una melena incandescente, se asientan tres seres híbridos entre aves y mamíferos en forma de consejeros y guardianes a la vez. Después aparece la Curandera de Babilonia (2007), protegida por una barba sin bigote, con orejas y cuernos que recuerda la figura de un bisonte; con su frente arrugada y a pesar de dar miedo, nos motiva a confesarle nuestras penas para poder aliviarlas o al menos remitirnos a la Máscara de la diosa emplumada (2007): de ojos vivaces y acompañada por delfines, se presenta con su exuberante cabeza en pleno proceso incendiario. Totalmente despiertos, estamos ante la posibilidad de dar un paseo sorprendente por el mundo de los sueños de una artista brillante, perdurable, entrañable y de imaginación desbordada. Un gran sosiego para continuar enfrentando las pesadillas del mundo real.

 

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