Sonido & Visión

Copa confederaciones (segunda)

Continúan las acciones de este torneo que lucha por su sobrevivencia tras los partidos del fin de semana, cual aperitivo de la próxima copa mundial de la FIFA a celebrarse en tierras rusas. Un juego que cerró la primera ronda y otros dos que resultaron más cerrados de lo esperado, perfilando las posiciones de uno de los grupos.

PROCESO DE APRENDIZAJE

Mientras la mayor parte de las selecciones viven al día, la de Alemania se desarrolla en dos tiempos: un presente lleno jugadores consolidados y un futuro ya visualizado al mediano plazo. De ahí que aprovechen este torneo para que los jóvenes vayan adquiriendo la necesaria sabiduría y puedan cimentar el camino para los próximos diez años. Por supuesto que el proceso de aprendizaje, que nunca termina, implica rupturas, riesgos y conflictos, sobre todo derivados de suponer que ya se sabe o se domina una situación, cuando en realidad todavía se está en tránsito.

Soportados por dos o tres jugadores de mayor experiencia, los jóvenes alemanes saltaron al campo para enfrentar a los australianos, campeones de la zona de Asia donde decidieron participara para elevar su nivel competitivo. Y el ímpetu de la novedad se mostró en todo su esplendor durante los minutos iniciales, en los que el cuadro teutón avasalló y consiguió ponerse en ventaja muy pronto vía Stindl. El trámite pintaba para goleada pero la pelota se negó a entrar una y otra vez, hasta que, caprichosa, se incrustó pero en la puerta alemana, después de un doble intento por parte de Rogic.

Una lección que fue rápidamente asumida pero pronto olvidada otra vez: los jóvenes alemanes reaccionaron pronto y al final de la primera parte y al inicio de la segunda, se fueron arriba por conducto deDraxler y Goretzka respectivamente, como para poner las cosas en orden según señala la Historia. Pero sin dejarse derrotar, los de la gran isla se acercaron a través del tanto de Juric a más de media hora de la terminación del juego, dejando abierta la posibilidad de un inesperadísimo empate, por más que los germanos prescindieran de la mayoría de sus titulares. No sucedió, pero la vivencia está puesta para convertirla en experiencia.

CONTROLANDO AL ANFITRIÓN

Los de casa recibían en Moscú al campeón europeo, especialista en ganar con lo mínimo necesario, incluso por medio del empate si se ofrece. Un gol tempranero de Cristiano sentenció no solo el marcador, sino todo el curso del partido. Una selección que luchó al límite de su incompetencia y otra que esperó para sentenciar el resultado con alguna otra anotación: no fue necesario. Otra vez alcanzar el triunfo a partir del control como estrategia central, jugando al filo del cálculo racional y sin despeinarse demasiado. Tampoco despeinando al rival.

Portugal juega bien sin la pelota y Rusia no sabía qué hacer con ella para llevarla a la portería. La posesión era de los locales pero las amenazas de los visitantes. Para la segunda parte se advirtió una cierta reacción de los rusos, tratando de emparejar el tanteador a punta de esfuerzo más que de talento, al menos para no salir derrotados sin haber intentado revertir el curso de los acontecimientos. Incluso alcanzaron a generar un par de aproximaciones que no trascendieron lo necesario, dejando la estadística con ningún tiro a puerta: parece complicado meter gol si durante todo el partido no consigues disparar a la portería.

TRIUNFO NEBULOSO

Al inicio, el único que disfrutaba el partido era el árbitro gambiano, soltando animadoras sonrisas. Velocidad sin sentido que convenía a Nueva Zelanda. El tiempo transcurrió y ya ni el juez sonreía, los técnicos vociferaban y los jugadores, sobre todo los mexicanos, brindaban un espectáculo muy por debajo de lo esperado (que no era mucho), como si pensaran que el partido estaba ganado desde antes. El seleccionado tricolor no tiene el nivel para confiarse ante nadie, sobre todo con el sistema de rotaciones en el que cada vez se integra un equipo diferente que quién sabe cómo vaya a funcionar.

El primero gol obra de Wood fue reflejo del nivel del encuentro: a rebotes y atropellamientos, los oceánicos se fueron arriba en el marcador hacia el final del primer tiempo, recibiendo justo premio por su esfuerzo, en comparación con el atrabancado y esclerótico conjunto mexicano. Para la segunda mitad signos de recuperación de los campeones de CONCACAF; claro que era muy difícil empeorar. Desbordes con más significado y mejor circulación de pelota rindieron fruto inmediato con el empate de Jiménez, tranquilizador momentáneo ante el papelón ofrecido.

El partido se fue tornando brusco y ante una cancha alargada se presentaron opciones en ambas puertas, sobre todo después del segundo tanto mexicano conseguido por Peralta a servicio, otra vez, de Aquino, desquitando los viáticos. Preocupa que Talavera haya sido figura y que por momentos pareciera no haber proceso de aprendizaje ni en el armado del equipo ni en los ajustes sobre la marcha: la estructura defensiva de México lució frágil en los frecuentes mano a mano, la delantera se mostró inoperante y dubitativa en buena parte del juego y el medio campo, teniendo que abarcar tanto, apretaba poco.

Un triunfo que no debe nublar la mirada crítica sobre las muchas mejoras necesarias, desde la estrategia en banca hasta el desempeño individual. No es buena señal que estuviéramos esperando con ansia el silbatazo final, en particular después de observar cómo el travesaño se sacudió con el que pudo haber sido el tanto de la igualada. Y queda la trifulca entre los jugadores con su respectiva revisión desde las alturas, para seguir analizando de qué manera se puede mejorar la impartición de la justicia, más allá de sacar tres amarillas y restarle ritmo (es un decir) al desarrollo de las acciones.

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