Sonido & Visión

Champions 2017: semifinales de vuelta

Quedó definida la final para ser disputada en Cardiff, con los mismos protagonistas de Ámsterdam en 1998, cuando el cuadro español venció al italiano con discutiblegol. Dos de los más grandes equipos europeos se volverán a ver las caras para determinar a dónde se va la codiciada orejona. Resolvieron sus compromisos con el soporte de haber sacado una ventajacrucial en los partidos de ida, mientras que los conjuntos que estaban por debajo en el marcador regalaron unos motivantes minutos iniciales como recordándole a los gigantes que no todo estaba decidido.

RESOLUCIÓN TURINESA

El inicio no fue fácil para los de casa. Por una parte, una actitud agresiva con aviso al poste por parte de la visita, conservando estilo fresco aunque más pendiente del torneo local donde pueden salir campeones a la brevedad, y por la otra, un cambio obligado por lesión, representaron un desajuste que poco a poco se fue revirtiendo con algunas llegadas al marco opuesto y el acostumbrado reacomodo en media y defensa, evitando cualquier que la reacción se extendiera más allá de lo amenazante.

Pasada la media hora de partido, una descolgada iniciada por el propio Buffon terminó en las redes tras doble remate de Mandzukic y, como para impedir cualquier intento de recuperación, Dani Alves toma de volea un rechace e incrusta la pelota poco desde fuera del área, poco antes del fin de la primera parte. La eliminatoria quedaba sentenciada para dar paso a una segunda mitad en la que el anfitrión administró la ventaja, reducida por el gol de Mbappé como para recordar que sí se puede anotarle a este equipo. El juego se extinguió entre algunas jugadas sucias y un rápido control de daños.

La Juventus combina la vieja tradición del catenaccio a partir de una defensa que hereda sus virtudes, con una flexibilidad contemporánea asumida por sus carrileros que saben ir al frente, como lo demostró Alves en este partido, apareciendo como anotador y asistente, posesionándose de todo el ancho de banda. Una muy digna participación del Mónaco, animador del torneo con su fútbol lleno de atrevimientos y lances disfrutables más allá del pernicioso resultadismo que tanto daño le puede hacer al fútbol.

BATALLA MADRILEÑA

Con la desventaja de tres tantos, el Atlético salió a comerse el partido y en los primeros veinte minutos hizo mucho más que en todo el enfrentamiento anterior, recuperando estilo, esencia y razón de ser; el público contagiaba euforia y Simeone impulsaba la búsqueda del milagro. En contraparte, el Real se vio rebasado, abrumado y confuso, acaso demasiado calculador y jugando riesgosamente con el marcador conseguido en el Bernabéu. Después algunos avisos, un par de goles a balón parado vía tiro de esquina rematado con enjundia por Saúl y penal ejecutado con suerte de principito por Griezmann, ponían la eliminatoria en el lugar esperado para activar el nervio y la emoción.

Pero entonces vino el cambio de estrategia: los locales replegaron líneas como pensando que ya habían cubierto la cuota esperada para la primera parte y los vecinos empezaron a tener más la pelota, sin mayor peligro pero modificando el curso y el escenario anímico del juego. Los roces fueron incrementándose y los jugadores, en lugar de dedicarse a lo suyo, empezaban a presionar al árbitro, soltar patadas y exagerar faltas. De una intensidad constructiva y lucidora, pasamos a una más orientada al cochambre y el amaño.

Hacia la recta final, el tanto de los visitantes congeló ímpetus y canceló sueños, hasta ese momento trabajosamente construidos. Benzema la hizo de equilibrista pegado a la línea, mientras los defensas se estorbaban entre sí como en un espectáculo circense, para tejer medio gol: servicio a Kroos quien remata a puerta ytras gran parada de Oblak, Isco contrarrematapara coronar la gran jugada del francés y, de paso, definir la eliminatoria a favor de los suyos. La apuesta de los colchoneros terminó resultando contraproducente por partida doble: dejaron de inquietar arriba y recibieron gol. Peor imposible. Adiós Cardiff.

La segunda parte transcurrió lejos de la intensidad alcanzada en la inicial. Parecería que los locales ya no tenían la suficiente fuerza para volver a buscar los necesarios tres goles (como si todo el esfuerzo previo fuera en vano), mientras que la visita mostraba ese control característico para revertir situaciones de apremio. Oportunidades efímeras y una resignación que se instalaba poco a poco en tribuna, banca y cancha: la lluvia, en tanto, se presentó cerca del final como para despedir con mezcla de agradecimiento y tristeza otra gran Champions del Atlético, equipo grande que solo necesita un paso, grande si se quiere, para entrar al Olimpo.

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