Sonido & Visión

Un caballero inglés en León

Ha reconstruido vasos comunicantes, cual hombre puente, entre las imágenes en movimiento y las notas musicales, entre la fotografía y el análisis musical, entre la reflexión de las estructuras sonoras y el manejo de las lentes para capturar la vida en movimiento. Este aliento renacentista lo ha llevado a desarrollarse en distintas disciplinas y, dentro de ellas, en varias áreas: compositor de óperas, ballets, conciertos, soundtracks, cuartetos de cuerda y música de cámara con su banda (fundada en 1977), además de conductor de orquesta, intérprete, fotógrafo, cineasta, guionista y crítico musical, sobre todo de 1968 a 1978.

Prolífico como John Zorn, con indudables lazos estilísticos provenientes del minimalismo de Cage y Glass, deudor de clásicos como Purcell y Mozart y compañero de propuestas de Ennio Morricone, Glenn Branca, Steve Reich y Wim Mertens, Michael Nyman (Stratford, 1944) es un explorador heredero de las tradiciones inglesas y de las resonancias sonoras anidadas en el siglo XX, cuando la melodía dejó de ser el componente principal de las propuestas musicales para adentrarse en la escultura del sonido como forma moldeable y campo exploratorio con posibilidades atonales y disonantes.

El también escritor del clásico ensayo Experimental Music. Cage and Beyond (1974), disponible en la red, decidió vivir en México, específicamente en la colonia Roma del DF, poco a poco dominada por los hipsters (ver la entrevista de Miriam Canales en Milenio, 20/05/15): una tierra acorde a su incansable espíritu buscador de sonidos y visiones que sólo acá confluyen con tal intensidad transdisciplinaria. Un no-lugar donde sucede lo que jamás pensamos que podría ocurrir.

CINE EN EL PENTAGRAMA

Muchos de nosotros lo conocimos gracias a las películas de Peter Greenaway de la década de los ochenta (El contrato del dibujante, 1982; Drowning By Numbers, 1988; El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante, 89; Los libros de Próspero, 1991), aunque escribía música para cine desde 1976, año en el que apareció su disco Decay Music, producido por Brian Eno y en el que la orientación era más experimental. Como apuntó Alex Ross, su música para Una zeta y dos ceros (1985) “da un aire cortesano barroco a resoplantes diseños minimalistas.” (El ruido eterno, 2009: 659).

En efecto, el manejo del contrapunteo entreverado con efusivas repeticiones se convirtieron en el sello de la casa: un piano que igual hacía el trabajo rudo que el delicado, con una base rítmica de sostenida emotividad, construye intersecciones con cuerdas enfáticas o alientos adiposos, finalmente convincentes más por elusivos que por insistentes. Las fronteras entre las músicas culta y popular quedaban gratificante difuminadas: ahí están las colaboraciones con músicos ligados al rock o con representantes de las músicas que palpitan alrededor del mundo, más allá de los confines del eurocentrismo.

Su aporte musical para El Piano (Campion, 1993) le abrió los conductos auditivos al gran público, dada su emotiva accesibilidad. El trabajo para componer scores se multiplicó: para Gattaca (Niccol, 1997) buscó un esquema musical más acorde a los productos de los grandes estudios y dos años después se llenó de chamba: Nabbie no koi (Nakae, 1999); Voraz (Bird, 1999), junto a Damon Albarn; la sensibilidad a punto con El ocaso de un amor (Jordan, 1999); la eficacia en Wonderland (1999) y la maestría ecléctica de The Claim (2000), ambas de Michael Winterbottom. Su versatilidad le permitía ponerle acordes a propuestas fílmicas de muy distinta ralea y de géneros que al parecer poco tenían en común.

Entre otras muchas cintas, ha musicalizado también Nathalie X (Fontaine, 2003); El decadente (Dunmore, 2004); Never Forever (Kim, 2007) con intensa actuación de Vera Farmiga; el espléndido documental Man on Wire (2008) y 9 meses 9 días (Ramírez, 2009), texto fílmico mexicano sobre los tres pescadores perdidos y milagrosamente aparecidos: como diría Daniel Sada, porque parece mentira, la verdad nunca se sabe. También le entró al cine de horror fantástico desplegado en Krokodyle (Bessoni, 2010). El documental NYman With a Movie Camera (2010) retoma su interés por el trabajo del precursor Dziga Vertov y su genial obra silente.

En años recientes ha musicalizado, entre otros, los documentales La maleta mexicana (Ziff, 2011), en el que se narra la recuperación de 4500 negativos de la guerra civil española, guardados durante 70 años en un clóset en el DF; Miradas múltiples, la máquina loca (Maillé, 2012), sobre el gigante de la fotografía Gabriel Figueroa; Eighteam (Rodríguez Briso, 2014) acerca de la recuperación de la selección de Zambia después del trágico accidente aéreo que sufrieron y Jag är Ingrid (Björkman, 2015), obra en la que se retrata la vida de Ingrid Bergman con el apoyo de su hija Isabella Rossellini.

También grabó la música para el filme argentino de corte social Elefante blanco (Trapero, 2012); el drama familiar Everyday (2012) nuevamente colaborando con Winterbottom y 2 Graves (Mc Devitt, 2013), retrato de un hombre en pleno viaje existencial motivado por la muerte de su padre.

FUERA DE LA PANTALLA

Además de sus reconocidas obras para el cine, vale la pena acercarse al resto de su vasta obra, como el racional The Kiss and Other Movements (1985); la marcha fúnebre Memorial (1986), en recuerdo de los aficionados del Juventus muertos en la tragedia del estadio Heysel, temática retomada en la Symphony no. 11: Hillsborough Memorial (2014), para recordar a los seguidores del Liverpool que perdieron la vida; Six Celan Songs (1990), basado en la poesía de Paul Celan e interpretado por Ute Lemper; Exit no Exit (2006), obra para clarinete y cuarteto de cuerdas y sus trabajos junto a David McAlmont.

En sus óperas, ha visitado temas tan disímbolos como The Man Who Mistook His Wife for a Hat (1987) basada en la novela médica de Oliver Sacks;  Letters, Riddles and Writs (1991) con Mozart como personaje; Noises Sounds and Sweet Airs (1994), soportada en La tempestad de Shakespeare; la monumental Facing Goya (2002), Man and Boy: Dada (2003), sobre la amistad entre el artista Kurt Schwitters y un niño de doce años, y Love Counts (2005) por poner algunos ejemplos de su amplísimo catálogo, que incluye seis conciertos y cuatro cuartetos de cuerda.

Con esos lentes de pasta gruesa en los que habita una mirada abierta y creativa, Michael Nyman y su banda visitan nuestra ciudad para regalarnos una mágica noche sonora en la calzada de las Artes del Forum Cultural.

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