Sonido & Visión

Visitas femeninas

Varias presentaciones en curso, de solistas y grupos femeninos, desarrollándose en géneros diversos del amplio espectro rocanrolero e incluso del jazz, funk y soul. De latitudes lejanas pero con una cercanía que parecieran haber nacido en el vecindario de junto, dada la posibilidad actual de escuchar música de todas partes con relativa accesibilidad. Veamos.

Iniciando trayectorias

Para cerrar el Festival Internacional de Música Indie de San Miguel de Allende, se presenta la joven cantante Lorde (Auckland, 1996), quien después de grabar el EP The Love Club (2013) y darse a conocer por Internet de acuerdo a los tiempos que corren, presentó su largo debut Pure Heroin (2013), álbum poblado de canciones que huelen a ese espíritu adolescente en tono contenido, soportadas por instrumental electrónico de orientación melódica con vocalizaciones frágiles pero convencidas.

La neozelandesa admite influencias dentro del mundo de los góticos noventeros y comparaciones con varias cantantes contemporáneas que parecen marcar tendencia (Lana del Rey, Zola Jesus, Sky Ferreira, Lykke Li, Grimes), pero puede llegar a distinguirse pronto dada su habilidad para convertir sus obsesiones en piezas ensoñadoras.

Por lo pronto y con la ayuda de Joel Little en la producción y ejecución, la nacida como Ella Yelich O’Connor entregó uno de los debuts femenino más importantes del año. Ya veremos qué sigue.

Por su parte, Savageses un cuarteto de mujeres intensas que han bebido del movimiento de las riotgrrrl, del punk inglés con tintes arty y de PJ Harvey como figura de referencia. Se formaron en Londres en el 2011, cuando la guitarrista Gemma Thompson y la cantante Camille Berthomier  (Jehny Beth) decidieron formar una banda; pronto se sumaron Ayse Hassan en el bajo y Fay Milton en la batería para empezar a hacer ruido en diversos escenarios y desparramar energía sin necesidad de cuota de género.

Se presentaron en sociedad con el enervado álbum Silence Yourself (2013), de sugerente título y a través del cual se insertaron en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia y sustento de expresión; estas rabiosas debutantes nos plantean una llamada de atención en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente, mirándonos de frente y directamente al sistema nervioso.

Desde las interminables tierras de la cabeza del mundo

Originarias de Calgary y asentadas en Vancouver, las gemelas conocidas como Tegan and Sara, de talento pianístico precoz, debutaron con The Business of Art (2000) y de pronto ya andaban de gira con Neil Young y The Pretenders, ahí nomás. Posteriormente grabaron If It Was You (2002) y So Jealous (2004), con el que ampliaron su rango de escuchas a partir de una propuesta folk con notorios coqueteos pop.

The Con (2007) significó un paso adelante en su espectro estilístico, ampliando sus configuraciones rítmicas y armónicas aderezadas con florituras punk, justo para después armar su fiesta personal con Santihood (2009), transportándonos a los años 80 casi sin darnos cuenta. Get Along (2011) resultó una obra de mantenimiento Hearthtrob (2013) le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual y el resultado terminó por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.

La compositora, pianista y cantante Elizabeth Shepherd, después de orientarse al campo de la música terapéutica y trabajar como mesera en un piano bar de Toronto, donde tuvo la oportunidad de mostrar sus habilidades musicales, debutó en formato de trío con Start to Move (2006), cual llamativo primer movimiento con elusivos juegos vocales, incorporando una larga tradición de voces femeninas en el mundo del jazz.

La asentada en Montreal, continuó con Besides (2007), conformado por remixes y por Parkdale (2008), en el que exploró una veta más cercana al R&B y al funk; tras una breve pausa, volvió con Heavy Falls the Night (2010), en el que predominaron las piezas propias y Rewind (2012), cantando clásicos con atrayente soltura en inglés y francés, mientras que se convertía en madre de una hija a quien el disco está dedicado: las experiencias vitales se conectan con la creación artística de manera íntima y celebratoria.

Así es la vida

De la tradición impuesta por personalidades de la talla de Ella Fitzgerald y Billie Holiday, y continuada por Aretha Franklin, Nina Simone, Tina Turner y Patti La Belle, hoy contamos con alumnas aventajadas que se han adaptado a los tiempos que corren, insertando sus privilegiadas voces en contextos musicales que igual van del soul al funk, que del rock al hip-hop e incluso del R&B a la llamada worldmusic. Macy Gray es una de ellas.

Originaria de Ohio, aprendió a tocar el piano desde pequeña, cuando su voz llamaba la atención por su simpático timbre. Se trasladó a Los Ángeles donde empezó a escribir y cantar y pronto fue reclutada por una banda de jazz local. Ya encarrerada, entró al estudio de grabación para estampar On How Life Is (1999), su debut. “Se trata de canciones que reflejan simplemente lo que me ha sucedido; no estoy hablando para el mundo entero y no tengo un gran mensaje, sólo espero que la gente pueda relacionarlas con su vida”, comentó la cantante tras la exitosa aparición de su ópera prima.

El disco sorprendió por varios motivos: la voz gangosa, como de bruja, que alcanzaba amplios registros y que igual iba de la intimidad a la euforia con una facilidad pasmosa; las letras, basadas en vivencias propias y composiciones ya dolorosas, ya festivas, y una solvente instrumentación, que terminó por hacer de esta producción uno de los mejores trabajos de aquel año. Su segunda entrega, The Id (2001), confirmó las expectativas generadas, burlando el clásico síndrome del gran debut.

Si bien no ha conseguido igualar el listón levantado al inicio de su discografía, la también compositora ha mantenido presencia a lo largo de los siguientes años, con obras como The Trouble with Being Yourself (2003), a la que les siguieron una recopilación y un álbum en vivo. Regresó con Big (2007), el mejor disco desde su debut gracias, en parte, a la producción de will.i.am, quien movió las certezas de la cantante.

En The Sellout (2010) se animó a escribir las letras sin demasiada fortuna; en Covered (2012) revisitó con soltura propia del R&B a varios colegas y en Talking Book: The Re-Imaging of a Classic (2012) hizo lo propio con el gran disco de Stevie Wonder.

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