Sonido & Visión

Viejos en acción o el retorno de los héroes ochenteros

El cine de acción se diversifica en personajes y en estrategias visuales, acaso en ciertas resoluciones narrativas, pero la base sigue siendo la misma: uno o dos tipos al filo de la legalidad, sobreviviendo a su propia soledad y demonios internos, que terminan por detener criminales declarados o corruptos representantes de la ley, después de las consabidas explosiones, persecuciones, balaceras, golpizas y rescates de algún ser querido presumiblemente distanciado.

El género tuvo un fuerte auge en los ochenta y ahora parece que los protagonistas están de regreso. Ya lo decía José Felipe Coria en su columna titulada Geriatrón (El Financiero, 04/03/13): “La combinación de géneros resultó interesante al fundar el humor posmoderno y cuando la acción trepidante se llenó de audaces movimientos de cámara”. Si bien las generaciones recientes tienen sus propios héroes de acción rápidos y furiosos, ahora también ubicados en los videojuegos, resulta interesante en términos de audiencia que dentro de esta tendencia retro-ochentera también reaparezcan los personajes que surgieron en aquellos años.

De esta manera, una cinta como Los indestructibles (The Expendables, 2010) convocada y dirigida por Stallone, apela a una nostalgia jocosa en la que se ponen canas y arrugas por delante para reírse de sí mismos, pero al fin demostrar que todavía salen muchas correas de sus cueros: los años no pasan en balde porque aunque se pierdan capacidades físicas se ganan experiencias que permiten resolver las situaciones límite o al menos soltar el comentario ocurrente, como sucede en la inminente secuela Los indestructibles 2 (West, 2012), que anticipa una tercera entrega y así hasta donde se pueda.

Jubilación pospuesta

El propio Sylvester Stallone, quien revivió a sus personajes paradigmáticos en Rocky Balboa (2006) y John Rambo (2008), es dirigido por Walter Hill, otro veterano de regreso y responsable de la modélica 48 horas (1982) y de la memorable El peleador callejero (Hard Times, 1975) con Charles Bronson, en El ejecutor (Bullettothe Head, 2012), en la que se sigue a un matón ya añoso que de pronto es traicionado por sus contratistas y, junto a un policía coreano forma una divertida pareja para desenmascarar a los malosos y salvar, de paso, a su crecidita hija.

Andando como quien se las sabe de todas (casi) todas, pidiendo un bourbon que ningún bar tiene, buscando la salida en auto de lujo si se puede y soltando sarcasmos, balas y trancazos a diestra y siniestra, James Bonomo (Stallone) es un personaje que quizá hemos visto miles de veces en situaciones parecidas: la diferencia, al parecer, radica en la forma de representar a un viejo mercenario que no solo usa el colmillo, sino que todavía puede hablar con los puños y enfrentar a jóvenes gigantones vueltos máquinas de matar.

Mientras tanto Arnold Schwarzenegger, parte del elenco indestructible, ha vuelto al ruedo de la ficción después de su paso por la política (quizá otra forma de ficción, por cierto), que lo llevó a ser gobernador de California del 2003 al 2011. Ahora, en el mundo fílmico, se convirtió en Ray Owens, un sheriff de un pequeño pueblo ubicado en la frontera con México. Al borde el retiro, se convertirá en la oportunidad final para detener a un peligroso narcotraficante, perseguido por medio mundo, que tiene que pasar por sus olvidados dominios para salir de Estados Unidos.

Dirigida por Kim Jee-Won (La maldición de las hermanas, 2009), El último desafío (The Last Stand, 2013) juega creativamente con dos escenarios que van convergiendo en la pelea final, desarrollada a partir de un indudable espíritu western. Ahí queda la frase memorable del sheriff cuando se dirige al escurridizo delincuente para hacerle notar que no haga quedar mal a los inmigrantes hispanos. Y eso que era republicano.

Por su parte, Bruce Willis, además de participar en películas de otros géneros usualmente con buenos resultados (Asesino del futuro, 2012; Un reino bajo la luna, 2012), ha sido figura constante en el cine de acción: recientemente continuó con la saga de John McCLane en Duro de matar: un buen día para morir (Moore, 2012), en la que va a buscar a su hijo en Rusia para verse en medio de un conflicto de proporciones explosivas que deberá ser resuelto, como cabría esperar, por los McClane.

Actuó en las olvidables Dura verdad (The Cold Light of Day, El Mechri, 2012), Fuego con fuego (Barrett, 2012), Un robo con riesgos (Set Up, Gunther, 2011) y Catch .44 (Harvey, 2011). Dentro de la tendencia de combinar experiencia, comedia y acción, fue integrante del grupo de agentes de regreso al campo de batalla en las disfrutables dos partes de Red (Parisot, 2013 / Schwentke, 2012) e hizo acto de presencia en G.I. Joe: La venganza (Chu, 2013), otra cinta que pronto pasó a formar parte del montón.

Todavía buscando pelea

Finalmente, moviéndose en los circuitos del video (buscar en los botaderos de los supermercados) y cada vez menos llegando a las salas cinematográficas, otro par de héroes de acción siguen haciendo películas, rutinarias si se quiere, pero todavía con ganas de atrapar malosos o ser uno de ellos sin importar la notoria sobreactuación y desgaste. Por una parte, el sueco Dolph Lundgren, quien saltara a la fama como el rival ruso de Rocky, ha entregado recientemente Blood of Redemption (Serafini y Sourgose, 2013), El blanco de los asesinos (One in Chamber, 2013), Entrega explosiva (The Package, 2013), Regreso al presente (Retrograde, 2012) el carus (2010).

Por la otra, Jean-Claude Van Damme ha resucitado a su personaje más famoso en Soldado universal 3: Regeneración (2009) y Soldado universal 4: Día del juicio (2012),), ambas dirigidas por John Hymas, quien también se encargó de la rutinaria Los ojos del dragón (2012). La saga inició con Soldado universal (Emmercih, 1992) y el mismo Lundgren ha participado activamente. El actor belga sorprendió a propios y extraños con su actuación en JCVD (El Mechri, 2008), en la que se interpreta a sí mismo viviendo similares problemas a los de su vida real, entre adicciones y rupturas familiares. Estos dos actores participaron también en la ahora serie de Los indestructibles.

En fin, ahí siguen los veteranos héroes de acción, medio restirados y hojalateados, con las dotes actorales de siempre, prefiriendo los golpes de sus enemigos fílmicos a ser derrotados por una invencible jubilación. Como muestra de que la mata sigue dando, Plan de escape (Håfström, 2013) vuelve a reunir a Rambo y Terminator para compartir grescas y bromas sobre la vejez.