Sonido & Visión

Viaje a la América profunda con Matthew McConaughey

Una de las transformaciones actorales más sorprendentes de los últimos años ha corrido por cuenta del cuarentón texano, cuyo destino fatal parecía reducirlo a mero galán al uso con  buenas dosis de simpatía y desenfado sureño, como se advertía en las insulsas Experta en bodas (Shankman, 2001), Cómo perder a un hombre en 10 días (2003), Soltero en casa (Failure to Launch, 2006), Amor y tesoro (Fool’s God, 2008), El surfer Cool (2008) y Los fantasmas de mi ex (2009).

No obstante, su presencia en filmes como Las manos del diablo (Frailty, Paxton, 2001), Vidas contadas (Thirteen Conversations About One, Sprecher, 2001) y Una guerra de película (Tropic Thunder, Stiller, 2008), El defensor (The Lincoln Lawyer, Furman, 2011) y Bernie (Linklater, 2011), indicaba que ahí había un histrión con mucho potencial aún por aprovecharse. En efecto, detrás del encantador y descamisado intérprete de sonrisa franca, se manifestaba un actor con mayor amplitud de registro.

El tiempo se encargó de la respuesta. Sus sólidas actuaciones en Magic Mike (Soderbergh, 2012) y El niño y el fugitivo (Mud, Nichols, 2012), así como su breve elocuencia en El lobo de Wall Street (Scorsese, 2013), todas ellas ya comentadas en este espacio, le brindaron la plataforma que necesitaba para encarnar intensos papeles que nos han conducido por las profundidades sureñas de los Estados Unidos, como sigue.

INVESTIGACIONES PANTANOSAS

A partir de una absorbente estructura narrativa que combina tiempos y de una intrigante construcción de atmósferas, entre siniestras y esotéricas, True Detective (EU, 2014) es una de las series que confirma la edad de oro que vive la televisión en general y HBO en particular.Los ocho episodios de la primera temporada fueron escritos por Nic Pizzolatto (esos monólogos que intentan ser diálogos entre los dos detectives) y dirigidos con nervio y sentido de la construcción dramática por Cary Fukunaga (Sin nombre, 2009; Jane Eyre, 2010).

Matthew McConaughey regresa a la televisión después de participar en tres capítulos de Eastbound & Down entre 2010 y 2102 para encarnar a Rust Cohle, un solitario detective de vida hermética, trato difícil y reflexiones metafísicas que combina con rudeza necesaria, involucrado en la investigación de un crimen con tintes rituales e indicios de ser perpetrado por un asesino serial. Su contrastante compañero es Marty Hart, un rudo y primario investigador de ideas directas y prejuicios por todas partes (Woody Harrelson), con la amante de rigor y familia en apariencia ideal: dos hijas y esposa comprensiva que va creciendo en protagonismo (Michelle Monaghan).

En primera instancia, ambos aparecen frente a las cámaras en sendos interrogatorios: un caso en apariencia cerrado por ellos se ha vuelto a abrir y ahora los entrevistan los nuevos responsables; junto con ellos y a través de flashbacks, vamos conociendo los pormenores del proceso, las personalidades de los dos protagónicos y el particular vínculo que establecieron entre sí. En un segundo momento y una vez concluidas las conversaciones, la historia va hacia adelante en las indagatorias y la participación de los detectives, ya en retiro, sin dejar de romper con la linealidad temporal.

La música de T-Bone Burnett se pasea por los pantanos de Louisana, elusivamente retratados por una fotografía cargada de claroscuros, combinando abrasivas tomas abiertas de unos paisajes tan solitarios como enigmáticos, con intromisiones a los resquicios donde la investigación trata de seguir su curso, amenazada como presa de cacería e invadida de monstruos nunca del todo encuadrados, tanto los que pululan entre los parajes como los que habitan al interior de los personajes.

Por su parte, Amores peligrosos (The Paper Boy, Daniels, 2012) se sumerge en un oscuro caso aderezado por el calor sofocante de las zonas pantanosas de Florida a finales de los 60. La sordidez planteada no alcanza para construir un relato de la fuerza esperada y las atmósferas truculentas se quedan reducidas a un escenario que no permea en la trama, articulada a partir del regreso de un periodista a su pueblo para investigar un crimen de tintes racistas, interpretado por vehemencia por McConaughey, aquí acompañado por Zac Efron, John Cusack en plan siniestro y Nicole Kidman despojándose de todo el glamour posible.

SOLUCIONES EXTREMAS

El  culmen actoral de este ascendente proceso llegó con El club de los desahuciados (Dallas Buyers Club, 2013), filme que se sostiene en parte gracias a la notables interpretación de McConaughey como un vaquero machín que, al contraer SIDA, se convierte en un eficiente dealer de medicamentos prohibidos para la creciente comunidad gay y para quienes optaran por alguna solución, buscando paliar los síntomas de la implacable y apenas popularizada enfermedad.

Basado en el caso real de Ron Woodroof y dirigido funcionalmente por Jean-Marc Vallée, el filme presenta de manera dinámica los diferentes acontecimientos que llevaron a la profunda transformación de este hombre, su relación con una doctora en proceso de replantear su práctica médica (Jennifer Garner) y, sobre todo, con un travesti que se convierte en su amigo, situación impensable tiempo atrás: la actuación de Jared Leto funcionó como exacta contraparte para potenciar mutuamente ambas interpretaciones.

Mientras tanto, KillerJoe: Asesino por encargo (EU, 2011) sigue a un joven en líos de deudas (Emile Hirsch), que tiene la ocurrencia de contratar a un policía que hace trabajitos extras para que mate a su madre y así poder cobrar el seguro. Claro que en el escenario van apareciendo una serie de personajes abusivos y despreciables la mayoría de ellos, como su padre y su novia, su hermana y el novio de su madre,que no dudan en venderse al mejor postor y que complican el trato.

El veterano director William Friedkin consigue reconstruir un ambiente de violencia, miseria moral y desprecio por las personas que se advertía en el original de Tracy Letts, al tiempo que la arriesgada interpretación de McConaughey, secundado por un reparto a la altura de las circunstancias, impacta por sus dosis de crueldad aparentemente controlada y por su racionalidad en continuo e inesperado proceso de explosión.

 

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