Sonido & Visión

Viajar en el tiempo


Una forma de trasladarse a través de diferentes momentos de la vida es reconstruir con la propia memoria los sucesos experimentados, sus causas, consecuencias y contextos. La otra manera es por cortesía de la imaginación, la fantasía y hasta la ciencia ficción: el tránsito ya no solo es mental, sino físico, y de pronto uno se puede ver en una situación pasada en cuerpo y alma, con la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos.

Pero ya sabemos que más conviene aprender del pasado para reconstruir el presente que andarse lamentando, pretendiendo cambiarlo o considerarlo como insuperable. Un par de películas que retoman estas posibilidades para viajar por el tiempo en las que las relaciones familiares ocupan el centro del argumento, aderezadas por circunstancias que influyen en cómo padres e hijos van resolviendo sus propios vínculos y, en su caso, manteniéndolos más allá de los espacios temporales, entre la conservación y la ruptura de la tradición: siempre es momento para corregir el rumbo.

LA BATALLA POR LA IGUALDAD: ENTRE LA OBEDIENCIA Y EL PUÑO EN ALTO

Basada en la historia real de Cecil Gaines, quien atendió a ocho presidentes como eficaz y silencioso mayordomo, y dirigida con sentido del equilibrio por Lee Daniels (Preciosa, 2009; Amores peligrosos, 2012) El mayordomo de la Casa Blanca (The Butler, EU, 2013) sigue la azarosa vida del protagonista desde los años 20, cuando su familia fue destruida en una plantación de algodón y empezó a aprender a ser un “negro de la casa”, hasta su larga trayectoria en el servicio del hogar presidencial, pasando por su proceso de aprendizaje en un hotel y la conformación de su propia familia. Sustentado en el artículo de Wil Haygod, el abarcador guion de Danny Strong, responsable de Recuento (Roach, 2008), sobre las elecciones del 2000 en Estados Unidos, contextualiza suficientemente todos estos años de historia, en particular los años 60 y la emergencia del movimiento de los Derechos Civiles en favor de los afroamericanos, clave para entender el núcleo dramático del film: la relación entre el mayordomo, de alguna manera obediente y sumiso, y su primogénito, quien se suma a los esfuerzos contestatarios –de Luther King a Malcolm X– para buscar la igualdad ciudadana.

Además, está la difícil relación matrimonial por las largas ausencias y el hijo menor, buscando equilibrar el vínculo familiar. Dentro de los grandes acontecimientos históricos, están las pequeñas historias personales de gente común, como sucedía en Desde el jardín (Being There, Hashby, 1979), que resulta ser testigo presencial de hechos que cambian el curso de las sociedades, en este caso, con especial énfasis la lucha de los afroamericanos para ocupar los mismos espacios públicos, poder votar y ganar salarios similares a sus pares blancos, con los referentes de Nelson Mandela y, a manera de culminación, la llegada de Obama a la Casa Blanca.

Con una edición que le brinda la necesaria dinámica elíptica al film, no obstante su larga duración y los varios años transcurridos que contempla, el filme avanza de manera consistente y dramáticamente sólida, planteando con claridad los conflictos centrales y contextualizando oportunamente los periodos presidenciales retratados, con todo y cuidadoso diseño de producción que incluye ciertas secuencias de discreto humor, como si de coreografías musicales se tratara.

La mirada por momentos condescendiente, sobre todo con algunos de los presidentes, no priva a la historia de su creciente y sentido tono dramático, impulsado por una contundente actuación de Forest Withaker, contrapunteada por la de David Banner como el hijo desobediente y soportada por Ophra Winfrey, además de las breves actuaciones de rostros conocidos encarnando al equipo de servicio y a los presidentes, luciendo una dedicada labor de maquillaje que se extiende a la vejez del matrimonio protagonista.

TIEMPO PARA LA COTIDIANIDAD

Dirigida y escrita por Richard Curtis (Los piratas del rock, 2009; Realmente amor, 2003) con la amabilidad, gracia y cuidado habitual hacia sus personajes como lo ha hecho en sus guiones (Cuatro bodas y un funeral, 1994; Notting Hill, 1999; El diario de Bridget Jones, 2001; Caballo de guerra, 2011), Cuestión de tiempo (About Time, RU, 2012) es una comedia con tintes de fantasía acerca de un joven común (Domhnall Gleeson) que en su mayoría de edad recibe la noticia por parte de su padre de que los hombres de su familia pueden viajar al propio pasado.

Las relaciones familiares y de pareja se convierten en el centro de esta historia con particular énfasis en la importancia de valorar el presente, más que en lo que pudo haber sido o en cómo se pueden evitar los sucesos no deseados con saltos al pasado. Para complementar el desarrollo argumental, se insertan secuencias acompañadas de una narración en off y música a tono, en especial con la pregunta que esbozan TheWaterboys: How Long Will I LoveYou?

Además de la indudable química entre el actor protagonista y Rachel McAdams, quien ya había participado en cintas románticas con quiebres temporales o de memoria (Te amaré por siempre, 2009; Votos de amor, 2012), las actuaciones de soporte de Bill Nighy como el papá alivianado, de Tom Hollander con el dramaturgo-casero amargado y de Richard Cordery como el tío extraviado, le dotan a los inteligentes y sencillos diálogos una chispa que va del humor a la reflexión bienvenida. En lugar de vivir dos veces el mismo día, disfrutarlo desde la primera y pensar que la felicidad está escondida en la cotidianidad.

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