Sonido & Visión

The Antlers: extrañamente familiar

Se trata de uno de esos proyectos que surgen en la recámara de un joven sensible, sin demasiadas pretensiones, con mucho sentimiento puesto por delante y que terminan por convertirse en fenómenos a seguir en la amplísima escena musical: una especie de folk atmosférico grabado con baja fidelidad, como sello de autenticidad, que se va integrando a sensibles estructuras pop nutridas a partir de sonidos fantasmales poco a poco materializándose en contundentes armonías integrativas.

The Antlers es la propuesta del compositor, multiinstrumentista y vocalista Peter Silberman, asentada en Brooklyn e iniciada primero en solitario que cristalizó con Uprooted (2006) e In the Attic of the Universe (2007), álbumes de poco menos de media hora integrados por ocho cortes que transitan entre una austera melancolía y una melodiosa ausencia, con todo y algún episodio ambient que en efecto nos coloca como en el cuarto alto del hogar, siempre misterioso y atemporal, de este entramado auditivo del que pareces formar parte.

Además, grabó los inmediatistas y absolutamente caseros The February Tape (2006), sacado al vapor en un instante de inspiración y Cold War (2007), únicamente con guitarra en mano y voz en garganta. Esta etapa de alguna manera funcionó como base para el desarrollo posterior, con obras más elaboradas y enfocadas, sin perder el espíritu independiente que flota en sus atmósferas de abrupta emotividad. New York Hospitals (2008) fue el tercer EP aparecido en este formato hogareño y con el que se cerraba la primera etapa del proyecto.

Con Hospice (2009) hizo labor de equipo: se sumó el baterista y percusionista Michael Lerner y Darby Cicci en la trompeta y el banjo; además, el bajista Justin Stivers participó de manera fundamental en la base rítmica y la gran cantante Sharon Van Etten, cuyos discos son imprescindibles dentro del actual panorama musical en clave femenina. A través de los cortes, conocemos la dramática historia de una abusiva paciente de cáncer en los huesos, al borde de la muerte, y el doloroso proceso de enamoramiento de su enfermera.

Con este álbum, The Antlers -llamados así por una canción de The Microphones- alcanzó el reconocimiento de circuitos más amplios y consiguió hacerse presente dentro de la escena del estilizado folk del siglo XXI con tesituras soul, compartiendo cierta estética y en algún sentido con Iron & Wine, Grandaddy, Antony & The Johnsons y Neutral Milk Hotel, por mencionar algunos ejemplos.

Explosiones en casa

Ya establecidos como trío, vendría el más electrónico Burst Apart (2011), llevando la propuesta a una lógica de mayor digitalización, sin terminan de definirse del todo, con Darby Cicci encargándose de los teclados y poniendo orden con elegante vocal que abre y cierra paréntesis, explica por qué no quiere amor e integrándose al canto del líder, por momento con estructuras sonoras con ecos ochenteros. Siguieron un par de EP’s: Together (2011), con versiones del disco anterior y Undersea (2012), construido con cuatro piezas como pasadas con agua temática y estilísticamente hablando.

Grabado en su estudio de Brooklyn, la banda parece haber alcanzado su punto más alto con Familiars (2014), expandiendo su esencia directa con una producción más acabada de Chris Coady quien ha colaborado con Beach House entre otros, y que termina por potenciar el talento compositivo e interpretativo del grupo, por momentos convirtiéndose en septeto gracias a la presencia de invitados a modo, según la intención de la pieza.

Los títulos de las canciones son de una sola palabra y los sonidos parecen llevarnos, en particular por la ceremonial trompeta que rompe la bruma, por parajes de tristeza inevitable cargados de ambientes contenidamente orquestales. Las letras de tono existencial y esa particular quietud que se va tornando densa en su abstracción, como avanzando a paso lento pero inmiscuyéndose en múltiples vericuetos.

The Antlers visitan nuestro país para ofrecernos un concierto en el que seguramente nos podremos sentir extrañamente familiares, como cuando alguien sube al ático de la casa donde vivió de niño y se encuentra con sorpresivos recuerdos que se suponían abandonados, cual explosiones de la memoria.

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