Sonido & Visión

Semifinales Champions 2016: partidos de vuelta

Los encuentros definitorios para el pase a la final del principal torneo continental de clubes europeos tuvieron momentos de probada intensidad, pasajes desconcertantes y resultados favorables para quienes salieron adelante en el primer enfrentamiento, cada vez más importante para definir este tipo de eliminatorias. No hubo reversión por más que en algunos momentos se abría la posibilidad de que así sucediera.

ADIÓS A BERLÍN

Los equipos saltaron al estadio Olímpico rindiendo tributo a su historia reciente: uno volcado hacia delante buscando el tejido fino; el otro, dejando el rastro de la piel en el campo de juego. Para el vendaval de los locales no hubo prolegómenos, desde que al Niño Torres se le abalanzaron varios jugadores apenas rompió el horizonte el silbatazo final. Las jugadas de peligro empezaban a aparecer y el espíritu del gol rondaba cerca de la portería madrileña.

El gol llegó de manera un tanto fortuita tras un disparo en tiro libre desviado: tenía que ser un español quien rompiera el cerco para empatar el global y con todo para darle la vuelta. Pero también el escenario se prestaba para otra épica del doliente conjunto visitante, siempre al borde del drama imprevisto. Vendría una jugada clave: cuando se respiraba el segundo tanto, Müller lanza un tiro penal que es detenido por el arquero Oblak. No solo se evitó el gol, sino que un nuevo aliento se insertó en el alma del Atlético, que no encontraba los circuitos.

Para la segunda parte el estado de las cosas parecía cambiar ligeramente. Si bien continuaba el dominio local, la visita parecía respirar. Un contragolpe letal, a la manera de un estilo aprendido y plenamente incorporado, colocó el marcado empatado a uno gracias a la correcta definición de Griezmann, ubicado en una posición ni mandada a hacer para la polémica. Con la difícil encomiendo de buscar dos tantos, el equipo teutón no bajó los brazos en consonancia con su ADN; todavía le alcanzó para anotar el segundo vía Lewandowski y regresar la esperada tensión al ambiente.

Los minutos finales se escurrían y los locales parecían empezarse a vaciar. Incluso los ibéricos todavía tuvieron alguna opción e incluso fallaron un penal originado por una falta fuera del área. El silbatazo final sentenció la eliminación de uno de los gigantes de Europa y la última oportunidad para que Guardiola pudiera ser campeón con ellos. El Atlético de Madrid calificó gracias a su capacidad para descifrar los momentos oscuros de la eliminatoria. El Bayer Munich quedó eliminado, básicamente, por no ver la luz en el Vicente Calderón.

CITA EN MILÁN

Que en una eliminatoria solamente se anote un gol y que éste haya sido en propia puerta, no parece la mejor carta de presentación para recordarla. Mientras que el Manchester City pareció un cuanto tanto aterido a lo largo de los dos partidos, el Real Madrid sobrellevaba las acciones con una calma por momentos desesperante, aunque habría que reconocerle su capacidad de control, la paciencia y la cabeza fría para hacer que el rival no pareciera tener demasiada oportunidad, contando con su autosabotaje.

El cuadro inglés tenía la gran oportunidad de lanzarse al frente en busca de un gol que, en su condición de visita, podría la eliminatoria en un territorio donde la gesta madrileña era obligada. Pero salieron a la cancha dubitativos y un poco extraviados, como si todavía no se la creyeran que habían llegado hasta estas instancias. Así fue el primer cuarto de hora de un partido que semejaba un alargue del anterior juego, donde tampoco pasó gran cosa. Una escapada de Bale con desviada del tocayo Fernando incluida, marcó la diferencia en el global, aunque los visitantes seguían necesitando tan solo un gol, realidad de la que no mostraban ser muy conscientes.

La media cancha se volvió el espacio más pisado del campo y las fallas se presentaban con más frecuencia de lo habitual: había una tensión soterrada, con un Madrid desperdiciando opciones y un Manchester sin encontrarse a sí mismo, más allá del rango de sujeción ejercida por el rival. El tiempo avanzaba y el juego no se terminaba por definir, a pesar de que no se percibía demasiada posibilidad para una sorpresa. Un disparo final que pasó cerca representó la última –quizá primera- angustia para los locales y el silbatazo final decretó un enfrentamiento entre madrileño.

Puede haber satisfacción en Manchester por el nivel alcanzado en el torneo, aunque no por la forma de jugar la semifinal, en donde se esperaba una mayor capacidad par arriesgarse; puede haber satisfacción en Madrid por llegar a la final, pero no por la forma de llegar a ella, que deja dudas para la confrontación con sus conciudadanos.

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