Sonido & Visión

Primera ronda de liguilla del torneo clausura 2016

Atravesado por un par de clásicos, este pequeño certamen que regala las emociones ausentes en buena parte de las 17 jornadas previas, arrancó con cuatro enfrentamientos de nivel e interés desigual. El cuadragésimo torneo corto y nonagésimo quinto de la historia del fútbol nacional dejó alguna agradable sorpresa –Morelia- y varias decepciones entre las que sobresalen Cruz Azul, para variar, y mi querido Toluca, que falló en dos certámenes aunque al final mostrando cierta dignidad. A la UNAM la sigue salvando su permanencia en la Libertadores.

De los cuatro partidos disputados solo uno resultó ser realmente de liguilla; los otros tres se resolvieron con empates que parecieron ser de juegos de la jornada cuatro y no de encuentros definitorios. El Monterrey fue el único equipo de los ocho que logró anotar más de un gol y se vio por encima de cualquiera de los demás participantes. Ninguno de los locales pudo sacar el triunfo, si bien no están en lo absoluto eliminados, sobre todo el Guadalajara que no recibió gol en contra, situación importante dado el sistema de competencia.           

LOS BRAVOS DEL NORTE

El duelo más esperado en términos futbolísticos de estos cuartos de final, por encima del clásico nacional un cuanto tanto venido a menos en los años recientes, respondió con creces: nóminas altas, estadios lucidores, técnicos experimentados para el nivel del fútbol mexicano, instituciones sólidas y aficiones que no se cansan de apoyar, caracterizan a estos dos equipos a los que habría que pedirles que pusieran más empeño en trabajar con la cantera y menos con la cartera, pensando en el desarrollo del jugador local.

A pesar de ser un partido entre el primero de la tabla y el octavo, que calificó apenas en la última semana del torneo regular con un desempeño muy debajo de su cartel, las emociones estuvieron presentes desde el inicio con visitas frecuentes a los dos arcos. Los tigres locales se lanzaban al frente y los rayados visitantes esperaban un poco, agazapados pero con la mira puesta en la contra: la estrategia planteada tenía a grandes ejecutores, tal como se vio en el primer tanto del Monterrey, poniendo las cartas sobre la mesa y mandando un mensaje explícito de la contundencia como forma de amedrentar al rival.

Pero para aplacar a los felinos hace falta más que un latigazo: pronto el empate representaba una respuesta igual de poderosa, después de salvarse de un error de su arquero extraviado en el medio campo. Tras estos primeros veinte minutos de gran nivel, el ritmo bajó pero no el buen trato de la pelota. Poco antes de terminar la primera parte, otra avanzada de la visita produjo el segundo tanto que lejos de achicopalar a los locales sirvió para que salieran con todo después del descanso, pero se toparon con la inspirada figura del portero rayado hasta que un tercer dardo en la red, cerca del final, sentenció el mejor partido de la ronda.

EMPATES DESABRIDOS

Morelia y León parecían jugar en una superficie extraña, desconocida, como de otro planeta. No se veían cómodos ni conectados en el tránsito de la pelota. El planteamiento de los técnicos, con mucha experiencia en estas lides pero cuidadosos de más, provocó que el primer medio fuera olvidable salvo el momento en el que el balón decidió visitar los dos palos y volver al terreno de juego. La Fiera proponía más que el contrincante pero menos de lo que se esperaría de un equipo que usualmente tiene una vocación ofensiva.

Muy pronto en la segunda parte y como para despertar un poco del letargo, los del Bajío se fueron merecidamente al frente en el marcador pero como para demostrar que a este juego nadie lo sacaba de la paridad, Monarcas empató lo suficientemente rápido para volvernos a sumir en un marasmo que no respondía a un partido de estas instancias. El tiempo transcurría lento y los dos equipos parecían estar satisfechos con el resultado: entendible en el caso de los visitantes y un tanto inexplicable para los locales, quizá ateridos por el miedo a recibir un segundo tanto.

Por su parte, el Pachuca fue superior en funcionamiento prácticamente todo el partido pero no supo sacar una ventaja más clara, no obstante conseguir el empate, haber anotado en casa ajena y la posición en la tabla; si bien acaban por ser tres factores a favor, no terminan por ser definitivos. Para los de Torreón fue un juego raro: dos jugadores clave lesionados, unas tribunas en las que se advertían asientos vacíos, un rival que los superaba y, de pronto, unos vientos que parecían pertenecer a la ciudad de sus contendientes.

Los goles tuvieron dos paralelismos: el primero fue que ambos se consiguieron a balón parado con falla en la marcación, más que por habilidad en la ofensiva; el segundo es que el jugador conocido como el Pulpo tuvo relación directa al errar en la cobertura defensiva y al acertar en la definición, casi en el mismo punto de la cancha. Durante un buen rato se veía más probable la ampliación de los Tuzos que la igualada de los Guerreros, aunque hacia el final la balanza se fue equilibrando en medio de un aroma desértico que anunciaba un empate más o menos beneficioso para los dos equipos después de analizar el trámite del encuentro.

Mientras tanto, vivimos otro clásico que decepciona. Errores arbitrales que perjudicaron el espectáculo, escasa continuidad en el juego colectivo y énfasis en evitar la derrota más que en provocarla, acabaron por sepultar un esperado encuentro entre el Guadalajara y el América, innecesariamente inflado por la televisora en cuestión y por las declaraciones de algunos protagonistas que buscan generar una intensidad artificiosa, lejos de la realidad plasmada en la cancha. Si bien los jugadores se entregaron en el partido, a estas alturas se les pide algo más que ganas y esfuerzo.

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