Sonido & Visión

Películas cumpleañeras: 1913 / 1963

Una repasada fugaz a alguna de las películas que cumplieron años durante el 2013, tanto se centésimo como quincuagésimo aniversario. Veamos.

Hace 100 años

Fantomas fue un personaje clave en el cine de aquel 1913, apareciendo en El hombre de la guillotina, Juve contra Fantomas y El muerto que mata del gran Louis Feuillade: folletinesca y memorable, ya se tardó el remake. Las grandes historias entre históricas y mitológicas también sirvieron de base para filmes como Los últimos días de Pompeya (Mario Caserini y Eleuterio Rodolfi), Atlantis (August Blom) y una versión de Quo Vadis? (Enrico Guazzoni). Se rodaron versiones de Robin Hood, Los miserables, El conde de Montecristo, Ivanhoe y Espartaco, como fuentes principales de los guiones fílmicos.

El estudiante de Praga de StellanRye y Paul Wegener desplegó la historia de una obsesión y Tráfico de almas de George Loane Tucker tejía una intriga en torno a un anillo robado. El gran maestro sueco Victor Sjöström rodó A Man There Was (título original: Ingeborg Holm) y Carl Froelich hizo lo propio con Richard Wagner, biopic sobre uno de los gigantes alemanes de la música.

Hace 50 años

Empezamos con El gran escape de John Sturges, modélico film de huidas bien planeadas, acá ambientado en la II Segunda Guerra Mundial que ha sido retomado varias veces en condiciones diversas. Otra tierra prometida y libertaria se reflejó en América, América de Elia Kazan, al tiempo que Paul Newman se daba vuelo en Hud, el indomable.

El mundo está loco, loco, loco de Stanley Kramer coloca a un disparatado grupo para tratar de encontrar un tesoro, mientras que Jerry Lewis presentaba su clásico El profesor chiflado. Por su parte, La pantera rosa de Blake Edwards con el famoso tema de Mancini, colocó al inspector Clouseau persiguiendo a El fantasma, peligroso ladrón de joyas. En la animación, Wolfgang Reitherman realizó Merlín el encantador, en la que el famoso mago se vuelve mentor de un joven llamado Arturo.

Los pájaros del gran provocador Alfred Hitchcock, se presentó para cambiar la idea de estas criaturas aladas usualmente tiernas y Las tres caras del miedo de Mario Bava nos atemorizó en el plano psicológico por partida triple. Cleopatra de Joseph L. Mankiewicz se constituyó como un caso típico de las tribulaciones por las que puede pasar una megaproducción y de cómo los resultados quedan por debajo de las expectativas, con todo y la presencia de Elizabeth Taylor. Jasón y los argonautas fue la cinta mitológica del año, gracias a la fluida dirección de Don Chaffey y a los memorables efectos visuales.

Desde Rusia con amor de Terence Young, opus dos del 007, mantuvo la esencia del personaje y aseguró continuidad, como lo podemos ver hasta nuestros días. Charada de Stanley Donen resultó una cinta equilibrada, recordando los años dorados de Hollywood, con la dosis necesaria de acción, misterio, comedia y romance, así como con la presencia del starsystem, en este caso, representado por Audrey Hepburn y Cary Grant.

El infierno del odio del maestro Kurosawa, presenta un secuestro como ejemplo de la destrucción entre los vínculos humanos. El connotado director indio Satyajit Ray, a través de Mahanagar, brinda una mirada a los cambios que implica para una ama de casa, ingresar al mundo del trabajo, cual ejemplo de las transformaciones familiares, sociales y laborales que hoy son pan de cada día. Otro retrato social corrió a cargo de Joseph Losey vía El sirviente, una de las cintas inglesas clave de la década, al igual que The Sporting Life, dirigida con la mirada social de costumbre por Lindsay Anderson. En este terreno de conciencia social, Nelson Pereira Dos Santos dirigió Vidas secas, una muestra de la fuerza del cine brasileño de la década de los sesenta.

El gran director italiano reflexiona acerca de la creación, los recuerdos y la imaginación realizadora en la inmensa Fellini 8½, una de los filmes clave de la historia del cine. Su compatriota Lucino Visconti adaptó con vigor la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa y rodó El gato pardo, una de sus obras más reconocidas y Vittorio de Sica presentó Ayer, hoy y mañana.En tanto, El verdugo de Luis García Berlanga es un retrato de la dificultad de sobrevivir a la propia profesión o de tener que volver a las andadas, como sucede en Gánster a la fuerza del galo Georges Lautner.

Por su parte, el prolífico y rompedor de esquemas Jean Luc Godard también analizó las lógicas creativas en relación con la industria fílmica en El desprecio y de Francia surgieron El fuego fatuo de Louis Malle, en la que abordó el tema del alcoholismo y Muriel de Alain Resnais, en donde una vez más los recuerdos, las miradas hacia el futuro incierto y el juego de posibilidades envuelven a los personajes en tono abstracto.

Luz de invierno y El silencio representaron la continuidad de la magistral y filosófica obra de Ingmar Bergman, acá planteando la crisis de la fe y la separación emocional, respectivamente, que se insertan sin previo aviso y se revelan sutilmente. Robert Wise propuso, en La casa encantada, un retrato de horror psicológico en el que se despliega una relación enfermiza entre una mujer atribulada y una vieja mansión con vida propia; Samuel Fuller realizó Corredor sin retorno, en donde la ambición y la necesidad de reconocimiento hacen que un periodista se interne en un psiquiátrico para resolver un crimen.