Sonido & Visión

Películas de 1964: cincuenta años después

Un repaso breve por algunas de los filmes más representativos que vieron la luz hace medio siglo y que no habría que perderse.

De todas partes

Dirigida por Hira Singh Khatri, Aama fue la primera película producida en Nepal y presenta la historia de un joven que sale de su pueble en busca el sustento para su madre viuda: un canto al amor que se extiende al propio terruño. La mujer de arena (Japón, 1964) de Hiroshi Teshigara, captura a un entomólogo que termina como las criaturas que analiza; con fuerte carga simbólica y una propuesta visual absorbente a partir de contrastes en blanco y negro, somos testigos de movimientos arenosos que terminan por convertirse en oleada de análisis existencial.

Otras dos cintas de Japón que rondan los miedos sobrenaturales y los del más acá: en Onibaba de Kaneto Shindô, dos mujeres, suegra y nuera, sobreviven matando samuráis y vendiendo sus armaduras: el filme suelta líneas temporales que conectan el medioevo con la bomba atómica. De manera visible, una máscara maldita que separa la condición humana de la diabólica; por su parte, Masaki Kobayashi realizó El más allá, integrada por cuatro historias en donde el amor, la venganza y la muerte parecen reunirse en contextos de angustiosa reflexión.

Ya que andamos en rostros cubiertos, este año también se presentó La máscara de la muerte roja de (GB) de Roger Corman, con base en el relato de Edgar Allan Poe y con la presencia, desde luego, de Vincent Price. De la ex-Yugoslavia, se produjo el drramaSvanućede Nikola Tanhofery de Brasil Dios y el diablo en la tierra del sol, un clásico de Glauber Rocha: violencia, pobreza, religiosidad y revolución. Parajes desolados en los que el calor parece devorarlo todo. Líderes mesiánicos y enloquecidos que ante la desesperación popular y la opresión parecen ser la única esperanza.

De la todavía Unión Soviética, se produjo el biopic Son (A Dream), realizada por Vladimir Denisenko sobre la vida del poeta y artista ucraniano Taras Shevchenko, así como Sombras de antepasados olvidados, filme de Sergei Parajanov que narra una historia de amor imposible en los Cárpatos, cual viaje por las costumbres, rituales de todo tipo y una cámara que sabe cómo capturar todo el folklore y colorido que no impide el trono trágico.

Scorpio Rising (EU, 2014) es un filme experimental de poco menos de media hora en el que Kenneth Anger presenta canciones pop de la transición de los años 50´s y 60´s, entre cuestionamientos al orden establecido pasados por chamarras de cuero y sin una estructura argumental claramente identificable. La noche de la iguana de John Houston le abría la oportunidad a un pastor en plena crisis para encontrar una alternativa de vida, puntualmente fotografiada por Gabriel Figueroa.

Grandes directores

En Marnie, la ladrona (EU, 1964), Hitchcock dirige otra vez a Tippi Hedren quien se mete en la piel de una cleptómana, apenas sobreviviendo a una extraña prisión disfrazada de matrimonio. Gertrud (Dinamarca), obra final del maestro Carl Theodor Dreyer, es una muestra de cine refinado pero sin artilugio alguno, con una cámara detenida y atenta a las conversaciones que sostiene la protagonista y los hombres que la rodean, en constante renuncia del amor acaso demasiado idealizado. La piel suave (Francia) de François Truffaut exploraba, mientras tanto, las complejidades de las relaciones extramaritales.

Un trío de italianas: El Evangelio según San Mateo es un clásico del cine religioso: Pier Paolo Pasolinidirige con una mirada marxista desde una lógica cercana al neorrealismo italiano. Antes de la revolución fue realizada a los 22 años por Bernardo Bertolucci, quien pone la mirada sobre un joven clasemediero de Parma y sus desencantadas perspectivas de futuro. Desierto Rojo de Michelangelo Antonioni exploró las dificultades de una mujer para comunicarse con el entorno, tras sufrir un accidente: ahora el horizonte de vida parece no encontrar un oasis existencial.

Con trasfondo bélico, Robert Rossen realizó Lilith (EU), siguiendo a un veterano de guerra en plena batalla por salvaguardar la cordura; a sabiendas de que la parodia es un arma crítica letal, Stanley Kubrick se burló de  las locuras del belicismo en la era atómica con absoluta mordacidad en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, RU).

Musicales, sagas y comedias

Los paraguas de Cherburgo (Francia, 1964), musical con los sonidos de Michel Legrand dirigido por Jacques Demy: Catherine Deneuve se debate entre la búsqueda del amor, mientras entona coloridas piezas bajo algún paraguas protector. El género se combinó para dar pie a cintas como My Fair Lady (EU), responsabilidad de George Cukor y enclavada en el famoso efecto Pigmalión y en A Hard Day´s Night (RU), obra fundamental de vínculo entre el cine y el rock realizada por Richard Lester, justo cuando surgía el fenómeno único del cuarteto de Liverpool.

En No me mandes flores (EU), Norman Jewison dirige en tono de comedia clásica a Doris Day y Rock Hudson en su tercera aparición juntos. Conocimos a una de las niñeras más entrañables en Mary Poppins (EU) de Robbin Stevenson, cuyo proceso de producción fue como otra película, tal como vimos en El sueño de Walt (Saving Mr. Banks, Hancock, 2013). Julie Andrews encarnó a la protagonista y también se dejó ver en The Americanization of Emily (Hiller, EU), junto con James Garner. James Bond contra Goldfinger (Hamilton, 1964, GB) continuó con la tradición del espía más cool del cine, ahora con rival obsesionado por el oro.

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