Sonido & Visión

Neil Diamond: un camino melodioso rumbo a casa

De voz rasposa y cálida a la vez, a medio camino entre un romanticismo con dejos de ruptura y una épica de estadio paradójicamente intimista, con toques country y R&B que salpican un pop melódico, se constituyó como uno de los cantantes y compositores principales del movimiento conocido como softrock, al que hoy le quieren endilgar la espantosa etiqueta de “adulto contemporáneo”, que más bien parece describir a un tipo acomodado, estancado, conformista, sin ganas de seguir escuchando propuestas nuevas y con la capacidad de riesgo totalmente aterida.

Neil Leslie Diamond (Brooklyn, 1941) fue inspirado por el viejo folklorista Pete Seeger para, en primera instancia, formar un dueto a principios de los sesenta que no prosperó: parece que su destino era emprender el camino como solista. Debutó con The Feel of Neil Diamond (1966), álbum titulado muy en consonancia con la moda y con el que levantaba la mano para llamar la atención a partir de canciones propias como Solitary Man y Cherry Cherry, que ya mostraban su sensibilidad compositiva, además de cantar piezas de algunos colegas.

La década sesentera vio desfilar Just For You (1967), con un mayor refinamiento de la vocal y ya con puras canciones de autoría propia, incluyendo Shilo; Velvet Gloves and Spit (1968), reeditado en 1970 y con algunos cortes aparecidos anteriormente; Brother Love’s Travelling Salvation Show (1969), especie de calentamiento para su primer gran disco, Touching You, Touching me (1969), con Holly Holy como estandarte compositivo con todo y su aroma gospel. También veía la luz un creyente en la dulce Carolina, acompañado de un rojo, muy rojo vino.

El ruido hermoso

Empezaba así una de las mejores épocas para el cantante, justo cuando los setentas hacían su aparición. Con discos como Tap Root Manuscript (1970), Gold (1971), grabado en vivo y en el que se incorporan varios de sus temas más conocidos, y Stones (1972), con algunos covers de colegas de la talla de Leonard Cohen y Joni Mitchell, Randy Newman y Jacques Brel, Diamond se colocó como un artista cuyas canciones despertaban el interés no solo de los escuchas, sino de otros autores para interpretarlas a su estilo, dada la flexibilidad de las composiciones. La pregunta recurrente era: ¿a poco esta canción es de él?

Tras Moods (1973), obra con piezas que mantuvieron el sello distintivo, grabó Hot August Night (1973), muestra imprescindible de su contagiante desempeño en vivo; vendrían Jonathan Living stone Seagull(1973), score para la película basada en Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, bordando el mensaje de autoayuda con el sol al fondo, y el irregular Serenade (1974), para recuperar la intensidad y sensibilidad con Beautiful Noise (1976), una de sus obras insignia con enfática producción de Robbie Robertson.

Love at the Greek (1977), otro álbum en vivo con resultados apenas decentes, y el poco memorable I’m GladYou’re Here with Me Tonight (1977), antecedieron a You Don’t Bring Me Flowers (1978), trabajo con deliciosa miel agridulce a flor de piel, como se deja escuchar en la canción titular con la presencia de Barbra Streisand. La década concluyó en forma discreta con Carmelita´s Eyes (1979) y el demasiado aséptico September Morn (1979), en el que el endulzante se pasó de tueste.

El amor se escapa

Con una considerable fama a cuestas, Neil Diamond se animó a entrar a la pantalla grande, ni más ni menos que junto al gigante Laurence Oliver, para hacer una revisión del clásico que inauguró el sonido en el cine; el álbum se tituló, como el filme, The Jazz Singer (1980) y se consolidó como uno de sus mayores logros en cuanto a números se refiere. El cantante se hizo acreedor al Razzie como peor actor del año. Sin duda aprendió aquello del zapatero a tus zapatos.

Vinieron años de sequía creativa con álbumes como On the Way to the Sky (1981), Heartlight (1982), Primitive (1984) y Headed for the Future (1986), que apenas sobrevivían por dos o tres piezas recordables y que se encasillaron en un estilo ochentero que parecía ajeno a la esencia del cantautor. Algunos discos en vivo, recopilaciones y hasta uno navideño, parecían anunciar el final creativo, aunque todavía grabó Lovescape(1991), sin resultados demasiado esperanzadores. Más notoria fue la presencia de su clásico Girl, You´ll Be AWoman, Soon en Tiempos violentos: Pulp Fiction (Tarantino, 1994), cantada por Urge Overkill.

Sin embargo, signos de recuperación se empezaron a advertir con Tennessee Moon (1996), grabado en tiempos difíciles por la ruptura con su esposa,y en el que se asentó en la tierra del country; con la decisiva participación de Raul Malo de The Mavericks, dio rienda suelta a su espíritu vaquero, aunque instalada en los tiempos que corren.El milenio cerró de manera más o menos digna con The Movie Album: As Times Go By (1998), obra en la que jugó a lo seguro.

Renacer

Cuando todo parecía finiquitado, Neil Diamond está experimentado una renovación de altos vuelos en lo que va del siglo XXI, manifestada en un cuarteto de álbumes de bienvenida frescura, sin perder el estilo, impecablemente producidos y llenos de canciones a la altura de su trayectoria: se trata de Three Chord Opera (2001), que significó el regreso a las composiciones propias; 12 Songs (2005) y Home Before Dark (2008), ambos guiados de la mano experta del productor Rick Rubin, y el más contenido y cercano Melody Road (2014), con Don Was en la producción.

Tampoco han faltado en estos años, los álbumes en vivo, el navideño de rigor y el de covers, por no dejar, titulado Dreams (2010). Por primera vez nos visita un hombre que considera la creación de canciones una necesidad, más que un gusto o un trabajo. Le debemos muchos momentos de romántica efusividad y de recuerdos que han contribuido a nuestra educación sentimental: aprendimos que el amor se puede tomar en las rocas o solito y que las flores no lo resuelven todo, aunque la luna de septiembre nos sirva de inspiración. Bienvenido.

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