Sonido & Visión

Música popular en el Cervantino

Diversidad sonora que inunda Guanajuato, además de las muchas otras actividades que hacen de octubre un mes diferente en nuestro Estado. Un breve recorrido por las propuestas musicales que se insertan aquí y allá, provenientes de lugares tan mágicos como sus artísticos embajadores. En el programa se le llama Música del mundo, etiqueta derivada de la World Music sajona, para clasificar a todo sonido con aires extranjeros. Pero mundo solo hay uno.

Un acordeón para romper el hielo

Directamente de Finlandia y ya ciudadano, justamente, del mundo, Kimmo Pohjonen (1964) ha transitado por varios caminos estilísticos que van del rock al jazz y de ahí al folk, profundizando en la música tradicional de su tierra a partir del acordeón, su instrumento distintivo que empezó a tocar desde que tenía diez años, gracias a una saludable influencia paterna: tuvo el tino de combinar sus estudios en el Conservatorio de Helsinki y en el colegio de artes Bagamoyo de Buenos Aires, ciudad en la que este instrumento es parte de la personalidad urbana.

Después de formar parte de los grupos Ottopasuuna e Ismo Alanko Säätiö, de folk y rock respectivamente, inició su trayectoria solista con Kielo (1999), en el que apuesta por el distintivo contraste entre los apuntes electrónicos de atmósferas sinuosas y el efluvio del acordeón, trasladándonos a épocas indefinidas pero particularmente reconocibles, incluyendo esas intensas vocales que parecen empalmarse con las notas producidas por unos veloces dedos que se funden en rítmicas incesantes o bien en parajes con mayor desolación.

El milenio empezó de manera creativa con Kluster (2002) y Kalmuk (2002), compartiendo una propuesta más contemplativa con el oriundo de Etiopía Abdissa Assefa; Samuli Kosminen con su habilidad para la yuxtaposición sonora y la orquesta Tapiola Sinfonietta, a la que acompañó en el show mágico-musical Kalmusikkisin Fonia durante el 2000. Vendría después el arriesgado Uumen (2005), en colusión con Eric Echampard y tendiente a estilos más cercanos al jazz de vanguardia, la improvisación creativa y el folk alternativo.

Durante los años noventa produjo tres discos bajo el dueto Pinnin Pojat con Arto Jarvela, personaje clave del circuito folk escandinavo, y participó como integrante de la banda progresiva KTU, al lado de Trey Gunn y Pat Mastelotto, quienes formaron parte de una de las encarnaciones de King Crimson, y del colega habitual Kosminen, con el que comparte el gusto por la electrónica husmeadora, firmó los álbumes 8 Armed Monkey (2005) y Quiver (2008). Además, comparte saberes vía la docencia en la academia Sibelius. Junto con Kosminen y la presencia del reconocido Kronos Quartet, grabó Uniko (2011), en donde la fuerza de las cuerdas le confiere al acordeón una sólida base para proyectarse por ambientes de intrigante belleza, enfatizada por una subyacente electrónica. De pronto uno se puede sentir en alguna calle parisina del siglo XIX o en un salón retrofuturista de sensaciones tan galopantes como inciertas, por momentos cargadas de misterio. Con Heikki Laitinen, presentó Murhaballadeja (2012), enclavado en un folk de elocuente oralidad. Uno se siente en alguna secuencia de un filme dirigido por AkiKaurismäki.

La música gitana como asunto familiar

En una zona donde se agolpan y entremezclan sonidos y estéticas de oriente y occidente, conviene estar con las orejas y la sensibilidad siempre a punto. Pareciera ser una zona donde el viento se detiene a esperar ser convertido en sonidos provenientes de una especie de alma colectiva, en la que se agrupan diversas emociones con necesidad de expresarse efusivamente, como si de un conjuro ancestral se tratara.

Hacia finales de la década de los ochenta, el trompetista de origen serbio Boban Markovi (1964), formó una banda para expresar la riqueza de la música gitana, particularmente desde sus raíces romaníes provenientes de la India, sin olvidar del todo las múltiples ramificaciones y encuentros que ha tenido con otros estilos populares (flamenco, jazz, folk, rock). Álbumes como Hani Rumba (1997), ZlatnaTruba (Trompeta de oro, 1998), Srce Cigansko (Corazón de gitano, 2000), Millenium (2000) y Bistra Reka (2002) allanaron el camino para la explosión a partir de los primeros años del nuevo siglo.

El asunto adquiere el matiz de empresa familiar cuando su hijo se integra en el 2002 al clan sonoro para dar forma a la Boban & Marko Markovi-Orchestra, mismo año en el que grabaron el efervescente Live in Belgrade, una de sus mejores demostraciones en pleno escenario; posteriormente, produjeron Boban i Marko (2003), título indicativo de que el asunto queda en familia, yel pasional Boban I Marko Balkan Brass Fest (2004), todo un homenaje a estas tierras que tanto sufrieron en los noventa, cuando Yugoslavia se desmembraba dolorosamente.

Vendrían después los continuistas The Promise (2006), Go Marko Go! BrassMadness (2007) y Devla: Blown Away to Dancefloor Heaven (2009), elevando la pista entre la nubes, para dar paso a una curiosa grabación cual batalla de las bandas en tono western: Balkan Brass Battle (2011) confronta a la banda de padre e hijo contra (es un decir) el grupo rumano Fanfare Ciocorlia: lo mejor del duelo es la forma en la que ambos contendientes expanden sus fronteras hacia otros géneros como la música judía o hasta el tema de James Bond. Una buena síntesis se puede escuchar en el recopilatorio Golden Horns - The Best of Boban i Marko Markovic Orkestar (2012).

Demostrando efusividad creativa, presentaron Gipsy Manifesto(2013), en el queel tono festivo y celebratoriose desparrama por todas partes, con buenas dosis de armonías lúdicas conducidas por la multitud de instrumentos de viento que se confabulan para no dar respiro a las intenciones quinestésicas del respetable, ya atrapado en un ritmo que no suelta a su presa. Inevitable sentirse como algún extra en una película de Emir Kusturica, con quien estos entusiastas aparecieron en El sueño de Arizona (1992) y Underground (1995).