Sonido & Visión

Música popular del Cervantino en león

Aunque reducida en número, la presencia de los músicos invitados de la 41ª. edición del Festival Internacional Cervantino que se presentarán en nuestra ciudad prometen regalarnos, a través de sus variadas propuestas, la posibilidad de viajar a lugares, tiempos y estados de ánimo diversos, combinando manifestaciones culturales ancestrales con géneros actuales como la electrónica, cimentándose en el jazz y el rock como los grandes pilares de la música popular contemporánea.

Ceremonial en rojo

Con el pow-wow como contexto socializador y espiritual, A Tribe Called Red propone la integración de cantos tradicionales de los nativos norteamericanos, por momentos actualizados con salpicadas de reggae y hip-hop, con estructuras electrónicas desplegadas con un énfasis en el dubstep que nos invita a un particular escenario de baile que parece integrar dos épocas y geografías opuestas, aunque coincidentes en su efecto liberador: el cuerpo se convierte en un vehículo para que el espíritu vuele por aires renovadores y de conexión con los demás.

El trío formado en Ottawa está compuesto por los DJ’s Ian DJ NDN Campeau, Dan DJ Shub General y Bear Witness, quienes se hacen acompañar por músicos nativos: su nombre, que remite a los hipoperos de A Tribe Called Quest, incluye el nombre del color distintivo de los grupos étnicos a quienes representa, conocidos genéricamente como pieles rojas. Su propuesta se ha conectado, también, con los movimientos sociales que buscan darle mayor dignidad a estos grupos, algunos de ellos recluidos en reservas con fuertes problemas de adicciones.

Debutaron con álbum homónimo en el 2012, después de producir varios sencillos, llamando pronto la atención por esa capacidad para retomar el espíritu de la llamada First Nations Music e incorporarla a una estética dance: la clave parece estar en la posibilidad de intersección rítmica entre ambos componentes, tal como se advierte en Nation II Nation (2013), su segundo disco. Cataratas de loops estallan contra vocalizaciones tradicionales para dar forma al subgénero que, de acuerdo a ellos mismos definen su apuesta: Pow-Wow electrónico. Ya veremos cómo toma forma esta celebración en el Bajío, con todo y nuestras verdes panzas.

Cuerdas del sol naciente

Escuchar melodías contemporáneas en instrumentos tradicionales puede dar la sensación de continuidad y de conexión sonora, más que de anacronismo o artificialidad. Tal es el caso cuando se escuchan las melodías interpretadas por el dueto japonés Oyama X Nitta, cuyo estilo -tsugarushamisen – e instrumento que comparten ambos -el shamisen- se colocan como base para reinterpretar tanto música ancestral como piezas actuales, enclavadas en géneros primordialmente occidentales.

Por momentos sonando como si estuviéramos escuchando un duelo de banjos en alguna cantina del oeste americano y de pronto, casi sin que nos demos cuenta, como si nos trasladáramos a una fiesta japonesa del siglo XIV y de ahí a algún sótano de principios del siglo XX donde el blues acentuaba la tristeza, este dinámico dúo muestra notable destreza para la armonía y el manejo de un instrumento que no resulta sencillo de dominar, sobre todo por su rústica conformación de solo tres cuerdas, como si de un laúd hiperactivo se tratara.

En su álbum Karma (2011) consiguen crear un amplio horizonte sonoro, con base en una compenetración palpable entre ambos instrumentistas, quienes intercalan automotivacionales gritos como para no ceder en la intensidad creciente escapada de sus versátiles dedos. En vivo transitan por parajes electroacústicos en los que incluyen improvisaciones y se hacen acompañar por algunos cómplices que gustan de viajar por el tiempo, al igual que ellos, para interpretar composiciones propias y ajenas que terminan por hacer suyas.

Perdidos en el tiempo

El trío quebequense formado por Christian Roberge (voz, guitarra), Byron Maiden Mikaloff (coros, guitarra) y Alex Morissette (coros, contrabajo) conocido por el sugestivo nombre de The Lost Fingers (en honor al gran Django Reinhardt), se ha constituido como una refrescante alternativa en el ámbito del crossover: sus pilares son los aromas gitanos, las estructuras jazzeras y el pop, particularmente el ochentero, tal como se deja escuchar en Lost in the 80’s (2008), su pegador álbum debut que llega directo a quienes siempre recordamos esas épocas de educación sentimental junto a alguna canción.

Como si estuviéramos cantando en alguna caravana gitana que a rumbo al pasado inmediato, recorremos canciones de aquellos años en estilos variados, desde hardrockeras hasta de R&B, pasando por otras que invadían las pistas de baile. Su siguiente álbum, Rendez-Vous Rose (2009), pareciera colocarnos junto a las Trillizas de Belleville, para rendir tributo a la canción francesa, mientras que con Gypsie Kameleon (2010), volvieron a las andadas de recrear éxitos ochenteros de diversidad genérica.

En síntesis, una oportuna lluvia de estilos que caerá en nuestra ciudad, cada vez más abierta a recibir manifestaciones musicales que circulan más allá de las limitadas ondas radiales. Escenarios propicios para que nuestros espíritus ejerzan su anhelado deseo de libertad.