Sonido & Visión

Música del mundo en el Cervantino

Continuamos nuestro recorrido por algunas de las manifestaciones sonoras que nos acompañan como parte de la sábana del Festival Cervantino, con presentaciones tanto en Guanajuato como en nuestra ciudad. Música de imbricaciones múltiples, hibridaciones que nos absorben para trasladarnos por los distintos rincones de las culturas del mundo.

LA OTRA VERSIÓN DEL CHOQUE DE CIVILIZACIONES

Si bien existe una corriente de pensamiento que anuncia las confrontaciones ya no de ideologías o países, sino de civilizaciones (la cultura occidental y el mundo musulmán, por ejemplo), siempre están quienes alejados de los fundamentalismos celebran las diferencias con base en la búsqueda de coincidencias básicas. Podemos encontrar una pequeña muestra en el mundo de la música en el caso de Niyaz, grupo iraní-estadunidense (vaya paradoja y lección, de paso) que combina las tradiciones de Medio Oriente y del este de Europa con una armadura electrónica, muy propia de la tradición musical de occidente.

Formado por la vocalista iraní Azam Ali (la mitad del grupo Vas), entre etérea y arraigada en sus orígenes; el multi-instrumentalista Loga Ramin Torkian (fundador de Axiom of Choice), y el también productor californiano Carmen Rizzo (con trayectoria solista y ahora anunciando su salida del grupo), el trío debutó con Niyaz (2005), insertando poesía sufí de místico aliento en estructuras rítmicas de reconocible actualidad: En efecto, el álbum deja la sensación de ser un laberinto temporal y cultural, pero siempre cercano.

Sumergiéndose en el folk iraní y turco, grabaron Nine Heavens (2008), como para ayudarnos a imaginar ese viaje celestial que nos espera, con base en las creencias de cada quien, y entender las dificultades del exilio que padecen muchas personas únicamente por su forma de pensar: Justo la tolerancia, encarnada como una necesidad real para la sobrevivencia y no solamente como parte de elusivos discursos, permea Sumud (2012), su obra más cohesionada que dio pie a Sumud Acoustic EP (2013), integrado por seis cortes que buscan aún más naturalidad en el resultado de este feliz eclecticismo que nos hace más próximo el Oriente Medio.

DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

Con el fado como la más visible bandera musical de Portugal, António Zambujo la ha enarbolado y adicionado sonidos de su natal Beja, dando como resultado una bienvenida continuidad y actualización del ya de por sí enriquecido género. El treintañero con voz limpia, cadenciosa y al mismo tiempo enigmática, debutó con O Mesmo Fado (2002), integrado por canciones labradas a lo largo de los años; siguió con Por Meu Cante (2004) y Outro Sentido (2007), obra considerada como definitiva para cimentar al cantante como uno de los portavoces más brillantes de su tierra.

Con la inspiración de su lado, continuó con Guia (2010) y Quinto (2012), expandiendo una extraña melancolía que no se oculta de la posibilidad de encontrar momentos de felicidad, a sabiendas que ésta es efímera, casi por definición: Ciertamente, la fortuna suele encontrarse de madrugada, cuando el día y la noche no tienen claro cuál es su turno, sobre todo frente a una guitarra que le canta a ambos, acompañada por algún metal cómplice. Todavía recordamos el concierto de Madredeus en el contexto del Cervantino, ahora convertido en antecedente directo de esta nueva visita.

Y de por aquellos rumbos pero desde tierras españolas del rumbo de Jerez, recibimos también a Ultra High Flamenco, cuarteto convocado en el 2005 por el bailaor Joaquín Griloe integrado por José Quevedo (guitarra española), Paquito González (percusiones), Pablo Martín (contrabajo) y el parisino Alexis Lefèvre (violín). Desde una lógica instrumental y bien definidos a partir de su nombre propio, debutaron con UHF (2007), obra que les permitió insertarse en el mundo del flamenco e incluso del jazz europeo y que fue reeditada en el 2010.

Con Bipolar (2011) lograron pulir formas y conceptos para ahondar en su potencial hipnótico, acaso orientado a transformarnos en improvisados bailarines, en medio de un círculo de sillas y al calor de las palmas, acompañados por un violín que se desprende de las incansables percusiones, soportadas por un contundente bajo, y por esas guitarras que no le dan cuartel al sistema motriz ni al alma en duelo.

UNA FIESTA INOLVIDABLE

En formato multitudinario, La Bottine Souriante es un gran banda, en todos sentidos, que desde sus tierras quebequenses han mantenido y nutrido la música celta y acadiana, aprovechando la mezcla de instrumentos actuales con tradicionales y las estructuras armónicas de tiempos lejanos con las posibilidades estilísticas de hoy. Empezaron a mediados de los setenta como uno de tantos grupos folk que en principio se convierten en reproductores de las tradiciones y cuya trascendencia llega hasta las reuniones familiares. Lo cual no está nada mal, desde luego.

Pero dada su compenetración y capacidad evolutiva en la línea de The Chieftains, además de la necesaria disciplina y compromiso, empezaron a grabar álbumes en los ochenta, hasta que consiguieron, con el elusivo y reparador Jusqu’aux P’tites Heures (1991), nutrido elusivamente con metales diversos que obligan a los pies a desprenderse de la voluntad de su dueño para aporrear el piso con el espíritu de los ancestros de la edad media.

Al escucharlos, además de experimentar la imposibilidad de estarse quieto, uno se siente convidado a una fiesta permanente que parece haberse celebrado desde hace muchos años y que no pierde su capacidad para integrarnos al festejo de estar vivos. Durante los noventa derrocharon creatividad en discos como Chic n’ Swell (1993), La Traversee De L’atlantique (1993) y Rock and Reel (1999), misma que alcanzó para Cordial (2001), ya incorporando de manera más nítida el cajún y hasta ritmos caribeños. Con el habitual cúmulo de cambios en el personal de la banda, grabaron Apellation d’origine contrôlée (2011), cumpliendo 35 años de sonidos quebequenses.

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