Sonido & Visión

Mundial 2014: el séptimo día

El primer grande ha quedado eliminado por lo que el título de campeón cambiará de dueño. Los españoles siguen teniendo problemas con mantener la corona, además de atravesar procesos económicos difíciles y movimientos regionales que buscan la independencia. Gratos partidos de los dos equipos apenas separados por el océano Pacífico, Holanda deja dudas, los jugadores de Camerún se pelean hasta entre ellos y Croacia va con todo frente a México.

Calificados y eliminados muy pronto

El vigésimo partido de la copa empieza con unos australianos temerarios, como si se olvidaran que están contra los que le metieron cinco goles al campeón (resultado engañoso) y demostrando capacidad de aprendizaje en relación con su inicio frente a Chile. Un Robben implacable les recordó  con quién jugaban, aunque el inmediato y soberbio empate del bravoCahill fue una confirmación de que su arrojo ofensivo es un buen camino, disposición que se le agradece a estos hombres del otro lado del mundo, que los llevó a contagiarse de la verde amarelha de su uniforme a lo largo de todo el primer medio, en el que dominaron a unos holandeses errantes.

Un penal en la frontera insondable de las intenciones y los hechos, le volvió a dar la ventaja a los favoritos del público brasileño, pero los herederos de la naranja mecánica entendieron que el asunto se trata de empatar rápido y Van Persie no desaprovechó la tardía salida de un defensa. Hay veces que en el fútbol la relación causa-efecto es inmediata y directa: una gran oportunidad fallida y en la siguiente jugada te anotan en contra, con todo y error de tu portero. Australia solo perdió en el marcador. Por lo demás, puede estar tranquila.

Sin mayores preámbulos, los andinos se presentaron ante España con la confianza que da la desconfianza ajena. Con la autoestima disminuida y un cambio no solo de nombres sino de planteamiento, la selección ibérica buscaba revertir el desastroso inicio de la defensa de su título en esta fase final del mundial. Pero parece que cambiaron, como reza el clásico, para que todo siguiera igual o peor: los ajustes a medio tiempo del maestro Vicente del Bosque no surtieron efecto y apenas el corazón de Andrés Iniesta y de algún otro seleccionado seguía latiendo hasta el final, manteniendo el sonido y la furia roja.

Pero ahora la roja, con su traje blanco, fue la chilena: con un esquema práctico desplegado por una combinación de jugadores entrones y talentosos anotaron dos veces, suficientes para mantener el ánimo por los suelos de sus contrincantes. Quizá la tan celebrada final española de la Champions terminó por afectar el rendimiento de la selección: lo cierto es que finaliza, coincidentemente con la etapa del Barcelona, una brillante trayectoria que incluyó tres títulos de largo aliento al hilo: dos europeos y uno mundial. Eso sí, esta generación española será recordada como uno de los equipos de leyenda. Nada es para siempre, excepto los diamantes: bueno, también la memoria, aunque con ella no se pueda festejar todo el tiempo.

Cuando los hombres de referencia desaparecen, ya sea porque no juegan, se desempeñan por debajo de su nivel o se hacen expulsar de manera absurda, resulta muy complicado articular los esfuerzos en la cancha, sobre todo cuando el marcador se mueve muy pronto a favor del rival: los cameruneses empezaron mejor que en su debut pero el gol croata los desajustó, sobre todo mentalmente. Los europeos se dedicaron a administrar tanto al equipo contrario como a la humedad amazónica, sin demasiado brillo aunque suficiente efectividad para golear: el resto, para mala fortuna, parece que lo echarán frente a México, a quien necesitan vencer para pasar. Nos toca saber jugar con su necesidad y salir a ganar, aunque con el empate tengamos.

Los pequeños también juegan

La sueca Fimpen (Widerberg, 1974) nos presenta al niño cuyo apodo le da título a la cinta, que resulta ser un gran jugador de fútbol; pronto llama la atención de propios y extraños convirtiéndose en ídolo nacional perseguido por la prensa, con las consecuentes dificultades para el desarrollo de su vida cotidiana, escuela incluida. Por su parte, Cup Fever (Bracknell, RU, 1965) presenta con sensibilidad los obstáculos y apoyos del equipo infantil Barton United para disputar el torneo local con todo y la presencia de algunos de los jugadores del hoy próspero Manchester United.

En Le Ballon D’or (Doukouré, Francia-Guinea, 1994), Bandian está decidido a lograr su propósito de convertirse en un gran futbolista, a pesar de las penurias, obstáculos y dificultades que se presentan desde su propio origen en Makono, hasta su desarrollo en Saint Etienne. Entre la copa mundial de 1970 y la dictadura brasileña, se desarrolla El año que mis padres se fueron de vacaciones (2006), drama con dejos de esperanza que se centra en un niño cuyos padres son presos políticos y que acaba viviendo un tiempo, tras la pronta muerte de su abuelo, en un barrio judío de Sao Paulo. El director Cao Hamburger consigue integrar a los personajes en el contexto de fiesta y opresión que simultáneamente se vivía en Brasil.

El sueño de Iván (Santiago, 2011), cinta española con escenas desarrolladas en la ciudad de México, se propone un enfrentamiento con fines benéficos entre un equipo de estrellas mundiales contra una selección infantil; se trata de una previsible comedia familiar cuyo eje argumental son las peripecias del niño del título para poder jugar el partido. Otra ilusión infantil se despliega en In Orange (Países Bajos, 2003), filme dirigido por Joram Lürsen en el que un niño anhela formar parte de la selección holandesa sub 12, mientras es apoyado ante la muerte de su padre y principal impulsor. Y en Will (RU, 2011), dirigida por Ellen Perry, observamos el reencuentro de un padre y su hijo de 11 años para ir a ver la final de la Champions entre el Liverpool y el Milán en el 2005 a celebrarse en Estambul.

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