Sonido & Visión

Mundial 2014: el regreso de los once de la tribu

Los siguientes dos partidos de la ronda de octavos tuvieron un desenlace esperado, pero no por ello faltos de tintes trágicos, como cabría esperar por los equipos involucrados.

 

EL BALÓN COMO METÁFORA

Es uno de nuestros grandes escritores, como si de un medio creativo se tratara pero que igual se puede desempeñar en cualquier zona de la cancha letrística: novela, cuento, crónica, artículo periodístico, ensayo, teatro, literatura infantil y juvenil... en la posición en la que juegue, puede sorprender a la fanaticada y mantenerla complacida. Sabe jugar en corto, lanzar pases de cuarenta metros, profundizar y divertirse con la pelota, realizar trabajo de conjunto y rematar de forma tan certera que acaba por contagiarnos de un gran abanico de sensaciones y estados de ánimo propuestos.

Juan Villoro, lo sabemos, quiso ser futbolista pero terminó siendo escritor, para fortuna de sus lectores y de los aficionados a quienes no solo nos gusta ver los partidos, sino también leerlos. Hábil para la analogía y de fino sentido del humor, ha llevado el mundo del fútbol a la cotidianidad y viceversa, tejiendo grandes jugadas escritas que permiten disfrutar por partida doble un encuentro futbolero. Como él mismo lo puntualiza, el juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente de cada quien; yo agregaría una tercera vez: al leer sus escritos uno puede recrear y volver a imaginar un desarrollo distinto.

En el volumen de crónicas Los once de la tribu (Punto de lectura, 1995) el autor de El testigo (2004) y Arrecife (2012) incluye un apartado titulado Estadios, en el que se encuentra el brillante texto que le da nombre al libro, además de Infancia en la Tierra, dedicado a los aficionados en los que es imposible no sentirse partícipe, aunque no le vayas al Necaxa; una conversación con el mítico Ángel Fernández y un rescatador escrito sobre el juego de pelota prehispánico, aún practicado hoy en día.

Dios es redondo (Planeta, 2006) surgió a partir de una serie de artículos para el diario La Jornada, relacionados con el mundial de Francia en 1998, después sustanciosamente nutrido con otros escritos, incluyendo una sabrosa conversación con Jorge Valdano, y Balón dividido (Planeta, 2014), estructurado a partir de la idea de acuerdo al propio Villoro, de cómo el cronista espera el momento en el que los adversarios se dan cuenta que no existe uno sin el otro: figuras, equipos, estadios y los acostumbrados relatos con buena dosis de metáfora. Además, también sabe hacer buenas paredes con algún compañero, como quedó asentado en Ida y vuelta. Una correspondencia sobre fútbol (Seix Barral, 2012), lucidor diálogo entre el propio Villoro y Martín Caparrós.

 

SÍ HAY QUINTO MALO

Si no tenemos maldiciones, parece que nos gusta inventárnoslas. A las habituales que tenemos en las esferas política, económica y social, bañadas por la corrupción e impunidad, le hemos sumado otra más en el terreno futbolero: el quinto partido. Si llegamos a él, ¿qué vamos a hacer? Somos atacados por el síndrome del objetivo cumplido y entonces mejor no lo alcanzamos.Una primera media hora cuyo principal protagonista y condicionante fue el calor: ambos equipos administrándose aunque la selección mexicana, más habituada a estos climas, desplegó un mejor funcionamiento que empezaba a exprimir la naranja poco mecánica de Holanda.

Inexplicable la presencia de Dos Santos en el campo hasta que se volvió explicable. Un gol que se convirtió, extrañamente, en una loza para México: jugamos mejor hasta que anotamos y a partir de ahí, nos fuimos para atrás, aunque Herrera pedía lo contrario y mandaba señales, a través de los cambios, de que era momento de seguir teniendo la pelota e ir al frente. La avanzada holandesa, sin ningún tipo de brillo, se nos vino encima y terminamos perdiendo, más que ellos ganando.

Ochoa detuvo hasta las pelotas lanzadas en fuera de lugar, diciéndoles a los holandeses que tendrían que sufrir para provocar el ingreso de la pelota a la cuidadísima celada mexicana: vía Sneijder parecieron acusar recibo. Es curioso que siendo tan buenos para los clavados, hayamos perdido como consecuencia de uno que generó el penal. Robben es un gran jugador; ojalá no tuviera que recurrir al engaño para obtener un triunfo que debiera saberle a poco.Solo fuimos superados en el marcador que es lo cuenta pero no lo único que se recuerda. Una participación digna y satisfactoria de los nuestros: ojalá haya continuidad.

 

SIGUE LA PURA VIDA

Un partido al que no le sucedió demasiado durante la primera parte con dos equipos que se encontraban en estas instancias de manera inesperada: los centroamericanos dando la gran sorpresa y los europeos gracias a una serie de felices coincidencias. Transcurrieron los primeros cuarenta y cinco minutos alrededor de un temor a ser emboscado, más que a proponer hacia el frente, no obstante que se tuvieron algunas llegadas.

Como si estuvieran modelando para algún escultor mítico, los jugadores y el portero griego se quedaron inmóviles ante un balón que se escurría dolorosamente despacio hacia las redes de su portería. A partir de que se quedaron con 10, los ticos se defendieron como espartanos en minoría y lograron llevar el partido hasta la instancia de penales, solo permitiendo el empate de unos poco imaginativos griegos, en contraste con su inacabada capacidad para crear mitologías explicativas de la condición humana.

 

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