Sonido & Visión

Mundial 2014: empiezan los partidos definitorios

Empezaron los partidos decisivos de la fase de grupos. Los cuatro equipos de cada pelotón se enfrentan a la misma hora para reducir suspicacias y limitar las infaltables teorías complotistas que tanto llaman la atención: a pesar de la ausencia de pruebas, suelen justificar y explicarlo todo con tal de insistir en la existencia de acuerdos en lo oscurito. Que cada quien crea lo que quiera: el problema viene cuando los complotistas nos terminan tachando de ingenuos (por lo menos) a quienes no compramos sus elucubraciones.

Grupo B

Este sector era el único en el que ya estaban definidos los clasificados para la siguiente ronda, aunque no la posición, importante porque el primer lugar evitaría presumiblemente enfrentar al anfitrión en octavos de final. Los partidos empezaron como cabría esperar: más de dientes apretados uno, con un gesto de más relajación el otro, a pesar de la indudable atmósfera de fracaso que se respiraba en el ánimo del todavía campeón del mundo.

Obligado por la diferencia de goles, Chile salió con mayor determinación que Holanda en el primer medio, aunque en el segundo los ahora sí vestidos de naranja adelantaron filas, como acordándose que en los tiempos complementarios definieron sus anterior cotejos. El director técnico argentino lanza un cambio temerario faltando 20 minutos y sin merecerlo demasiado, los holandeses se van arriba y sellan el triunfo a su más puro estilo: rústica fortaleza de Nigel de Yongy un pique inalcanzable de Robben que le pone a Memphis Depay una pelota lista y envuelta. No obstante, el equipo andino se constituye como un serio rival para los anfitriones: lástima, quedará fuera un latinoamericano.

Mientras tanto, los australianos salieron una vez más con franco optimismo, entendiendo que haber estado aquí era un premio ya de por sí disfrutable y que debe ser aprovechado hasta donde se pueda. Y de paso, regalarle al respetable actuaciones llenas de entrega, bañadas de cierta inocencia que a la vez engrandecía el espectáculo. Los españoles, con varios cambios de alineación y enfundados en un elegante uniforme negro como de funeral, enfrentan con dignidad y entereza el partido, comandados otra vez por Andrés Iniesta, siempre en las buenas y en las malas jugando por nota, al igual que Xabi Alonso, poniendo el corazón por delante aún en el inminente y prematuro regreso a casa.

Inserción de colchoneros (Juanfran, Koke, Villa), cambios en la delantera y disminución de presiones, además de enfrentar a un rival que permite desarrollar el característico juego de veloces pases cortos formando efímeras figuras geométricas en el campo, fueron algunos de los factores que incidieron para que España desplegara su mejor partido del certamen. A toro pasado, uno se pregunta qué hubiera sucedido si estos jugadores hubieran sido considerados en el cuadro titular. El gran técnico Vicente del Bosque sabrá por qué no o, en su caso, seguro reconocerá la falla, dada su habitual capacidad para la autocrítica: igual que se comportó a la altura en las victorias, lo hace ahora en la derrota.

Grupo A

La mesa estaba puesta para que Brasil celebrara y de paso se quitara cierta presión frente a Camerún, equipo incierto del que se lleva esperando más desde hace 24 años. Si bien al inicio parecía que los sudamericanos se regocijarían con el balón, sobre todo después del primer tanto, una señal se hacía presente en el estadio amarillo: los cameruneses empataban merecidamente y de alguna manera parecían arruinar la fiesta como el invitado que no entiende su papel y quiere ser el protagonista de la reunión. Entonces hay que recurrir otra vez al veinteañero convertido en salvador de la causa, no solo por sus goles, bien agradecidos a las alturas, sino por su contagiante presencia para orientar a una selección que no termina de convencer pero que va cumpliendo con su rol de anfitrión. Ya para la segunda parte, la goleada parecía un guion prescrito para regocijo del graderío.

La paradoja: debíamos temer las jugadas a balón parado, en particular los tiros de esquina y los centros al área. El fuerte de nuestro gran portero no son las salidas y usualmente no marcamos del todo bien, sobre todo si le añadimos el asunto genético en cuanto a la altura. Pero ahí estaba Rafael Márquez, ahora sí dedicado a lo suyo, controlando no solo el carácter, sino también los movimientos defensivos, muy bien secundados por Héctor Moreno, y por supuesto los desplazamientos en el área rival. Justo cuando un servidor renegaba de que el equipo mexicano tirara centros solo para que los rechazara el gigante barbado de los croatas, el central del León me corrigió la plana no una, sino dos veces: muy bien pensada la estrategia de buscar el primer poste.

Hoy sí fue refrescante el ingreso del Chicharito Hernández (nuestro héroe con CH como lo imaginó Gómez Bolaños). Las críticas contra nuestros jugadores llamados “europeos” fueron fuertes en la etapa del hexagonal de la CONCACAF. Sin embargo, hoy quedó demostrado que el ambiente de aprendizaje allá, permite encarar este tipo de partidos de manera distinta: las intentonas intimidatorias de los croatas antes y durante el partido, encontraron respuestas de mayor altura de parte de los nuestros, en particular de Herrera y Guardado.

Al final, el técnico de los croatas, que bien podría encarnar al villano en alguna película de James Bond, terminó aceptando con caballerosidad la derrota: las bravuconadas declarativas de algunos jugadores croatas, fuera de lugar independientemente del resultado, se vuelven aún más ridículas después del partido. Por su parte, nuestro redondo director técnico se descomponía de alegría, como muchos de nosotros por fortuna no capturados por cámara alguna, y rodaba por los suelos (esas imágenes ralentizadas…) junto con Paul Aguilar, otro jugador clave a lo largo de la banda.

Ni rudos ni cursis, nuestros seleccionados llenaron la Arena Pernambuco de paciencia e inteligencia, basados en un fuerte desgaste y una capacidad para atisbar que hacia los 20 minutos finales, el horizonte podría abrirse para dirigirnos con paso seguro a los octavos de final, también jugando con la desesperación croata. Ahora hay que dormir tranquilos para soñar despiertos, antes de que llegue la pesadilla en la que se puede convertir la búsqueda demasiado ansiosa del quinto partido.

Ya no hubo espacio para el cine futbolero, pero lo reponemos después, aunque sea en tiempo de compensación. El triunfo lo vale.

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