Sonido & Visión

Mundial 2014: Los Partidos Duran 120 Minutos

Quedaron definidos los cuartos de final con triunfos de todos los líderes de grupo, por lo que se podría pensar que no hubo sorpresas. Pero si ampliamos la mirada más allá del resultado, podremos identificar que los procesos de los cotejos fueron tan inesperados que el dramatismo inundó a la mayoría de las canchas: salvo el de Colombia, los demás se decidieron o en los momentos finales del segundo medio, en tiempos extra o en penales.

Es cierto: los equipos grandes siguen ganando, pero cada vez parece costarles más trabajo y por momentos tienen que echar demasiada mano de su camiseta. Y para estar a tono con esta rebelión en la granja, incluso el torneo de Wimbledon se llena de sorpresas por las que muy pocos hubieran apostado en su momento. Pero claro, volviendo a Brasil, una característica de estos equipos es que incluso jugando en el desconcierto, pueden salir victoriosos.

Un ángel impide el milagro de Berna

A diferencia de otros partidos sin anotaciones, el primer tiempo entre suizos y argentinos fue más bien adormecedor para el público aunque intenso para los jugadores, preocupados por quitar el balón más que en saber qué hacer con él. El cuadro albiceleste se notaba más impetuoso que enchufado, adelantando líneas para recuperar el esférico cerca del arco rival e intentar, desde ahí, generar peligro a falta de un proceso de construcción colectiva. No obstante de tener menos tiempo la pelota, los suizos fueron quienes tuvieron el par de opciones más claras de una olvidable primera mitad.

El segundo tiempo ya fue dominado por los pamperos pero no tuvieron el tino suficiente para finiquitar el trámite en los noventa minutos, dejando serias dudas sobre su futuro. En los tiempos extra, aparecieron los dos grandes: Messi se lleva la pelota, cede a Di María que conecta a contrapié del heroico arquero, a dos minutos de aventurarse a los penales y encontrando un justo premio a su enorme esfuerzo individual. Pero el drama no podía quedar ahí: un remate suizo se estrella en el poste de manera tan increíble que confirma la imposibilidad para predecir este juego, por fortuna.

Shaqiri y Mehmedi parecían argentinos disfrazados de suizos por su manejo de pelota, la forma de dar la pausa e incidir en el partido: mientras que el primero también gustaba de la teatralidad mal entendida que habría que erradicar del fútbol (ya se encargará Guardiola), el segundo mantenía el talento en los pies más allá del cansancio. El equipo suizo se repuso de su mal partido frente a los franceses y se despide con la bandera en todo lo alto, brindando una gran exhibición ante un conjunto de brillantes jugadores que todavía no consiguen ser un equipo.

El mejor de octavos

El juego limpio siempre ayuda al espectáculo, porque permite que la fluidez y la estética se impongan sobre la marca férrea, el burdo jaloneo y la permanente intención de engañar al árbitro. Cuando nos encontramos con equipos como Bélgica y Estados Unidos, plagado de talento el primero y de eficacia el segundo, lo más probable es que se vaya a disfrutar de dos estilos distintos pero respetuosos del rival, del público y del propio juego.

Otro de esos empates a cero en el tiempo regular en el que sobresalen más los aciertos que los errores, los intentos por anotar que por destruir y la creación de oportunidades que el amontonamiento para evitarlas. Si bien los belgas tuvieron más llegada y bordaron más fino, los estadounidenses no dejaron de seguir fieles a la idea futbolística que tanto han trabajado con Klinsmann, y que implica insistir en buscar la portería contraria, por más superados o asediados que se encuentren.

Incluso todavía en las instancias extras, cuando los equipos suelen cuidarse y jugar casi al gol gana, estas escuadras nos regalaron una emocionante y dramática media hora, superando el agotamiento y el temor a perder, por momentos paralizante o francamente agobiante. Estos encendidos y chispeantes diablos rojos (ojalá fueran del Toluca) demostraron lo mucho que se esperaba de ellos antes del inicio del mundial, ahora frente a un equipo dispuesto a permanecer en el certamen empezando por su portero con récord de atajadas y terminando por el último suplente apoyando desde la banca.

Un cambio inteligente que resultó clave: Lukaku puso pase de gol y anotó el segundo para los belgas que a la postre resultaría clave para el triunfo, dado que Estados Unidos, con esa mentalidad cultural alimentada por el pensamiento alemán, siguieron jugando como si fuera posible ganar y, tras el primer gol también anotado por un hombre de relevo, en este caso Green, estuvieron cerca de lograr una igualada de tintes épicos, sobre todo considerando la superioridad individual de los de enfrente. Un partido memorable con uno de los mejores alargues que recuerde.

Robert Duvall: Soccer fan

Claro que las películas futboleras no son el fuerte de la cinematografía estadounidense; siendo el cine más mediático del planeta, nuestros vecinos del norte han hecho más películas de sus deportes favoritos que del soccer, como ellos lo llaman. Robert Duvall se ha declarado todo un fan del fútbol (soccer hay que llamarlo para evitar confusiones con el americano, como nosotros le decimos), a pesar de no ser el más popular en su país. Además, es un apasionado del tango y tiene una casa en Argentina, por lo que ahora estará en un estado agridulce por los resultados del día.

Curiosamente, ha participado en dos cintas relacionadas con el fútbol: en Camino hacia la gloria (A Shot At Glory, Corrente, EU-RU, 2000), encarnando al gerente de un equipo escocés con presiones por todas partes, tanto en el equipo y su dueño, como en su vida personal, y en la comedia Gritando y pataleando (Dylan, 2003), interpretando a un odiosamente competitivo entrenador infantil que se enfrenta al equipo que ahora dirige su hijo, metido a desastroso coach (Will Ferrel), todavía en rivalidad no resuelta con el progenitor.

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