Sonido & Visión

Mujeres jóvenes: entre el fin de la inocencia y el inicio de la esperanza

Películas de diferentes partes del mundo que desde posturas temáticas, estilísticas y orientaciones contrastantes, centran su propuesta argumental en niñas y jóvenes atravesando ritos de pasaje, enfrentando pérdidas y asumiendo condiciones inéditas de vida, reconfigurando sus perspectivas ideológicas y topándose de frente con realidades inesperadas, solo para volver a intentar acomodarse en el mundo.

Guerras fuera y dentro del hogar; demonios y fantasmas acechando en el ambiente y en el interior del alma; aliados emergiendo de la nada y confusiones que lejos de esfumarse, parecen tomar formas cada vez más consistentes. Niñas en cuerpos de jóvenes o viceversa, librando acontecimientos y crisis propias. Todas disponibles en la ciudad en formato de video o sitios virtuales.

Librando pérdidas familiares

Una carta para Momo (Japón, 2012) es una sensible cinta animada que retoma la tradición de dos grandes maestros del cine nipón: de Yasujiro Ozu, incorporando sus apuntes costumbristas (esas comidas en familia) y de Hayao Miyazaki, en su artesanal propuesta visual e inserción del componente mágico, con todo y protagonista femenina: en este caso, una niña de ciudad que se muda junto con su mamá a Shio, una isla lejana, después de la muerte de su padre, de quien conserva una carta inconclusa y con el que se enojó la última vez que lo vio.

En su nuevo hábitat, como si de una novela de Banana Yoshimoto se tratara, Momo empezará el duro proceso de adaptación y, por supuesto, de redescubrimiento, acompañada por nuevos amigos tanto humanos como de origen misterioso. Escrita y dirigida por Hiroyuki Okiura (Cazadores de recompensas: Cowboy Bebop, 2001), la cinta propone una colorida animación desplegada a través de una edición que imprime un ritmo acorde a la aventura reveladora, combinando la necesaria acción con la propia transformación de la niña, incluyendo una brillante puesta en escena que nos sumerge en el natural ambiente de fantasía.

La vida según Attenberg (Attenberg, Grecia, 2010) es un relato de crecimiento emocional con dosis de humorismo, cuidando evitar el melodrama y resaltando la presencia de su protagonista, la joven Marina, interpretada con una perspicaz combinación de contención y explosividad por Ariane Labed, a quien vimos en Antes de la medianoche (Linklater, 2013). Se dedica a llevar y traer huéspedes de un hotel en un pueblo ubicado en Viotia, Grecia, mientras escucha a Suicide y ve los videos de animales de Sir Richard Attenborough, con quienes se siente más afín. Sus contactos humanos se reducen a su padre enfermo, con quien mantiene una relación lúdica cargada de humor negro y juegos de frases cortas, y a una amiga que intenta promover su socialización; posteriormente, se vincula con un ingeniero que anda de paso. Dirigida por Athina Rachel Tsangari (The Slow Business of Going, 2000), la cinta apuesta por romper la narrativa vía las coreografías en las que las amigas simulan rituales animales y por medio de la inserción de encuadres que enfatizan los tránsitos vividos por la veinteañera. Evocativa y agridulce.

Fish Tank (GB-PB, 2009) se inscribe en la tradición del realismo social inglés, enfocándose en la agresiva adolescente quinceañera Mia (Katie Jarvis, notable), quien vive en un departamento con su también joven madre (Kierston Wareing) y su pequeña hermana precoz, entre una constante violencia verbal y un entorno entre apático y hostil. Su vida parece estar en estado de paro, si no fuera por su gusto para bailar hip-hop y alguno que otro enfrentamiento con otros jóvenes del rumbo. La llegada del nuevo galán (Michael Fassbender) de su madre provocará reacomodos impensados.

Dirigida por Andrea Arnold (Wasp, 2003, corto ganador del Oscar) con una fotografía traslúcida, encuadres arriesgados y tomas prolongadas, la cinta propone algunos apuntes simbólicos –caballo, pez- y va tejiendo una creciente tensión que puede explotar hacia cualquier dirección. En una clara necesidad de contar con un poco de atención, Mia puede despojarse en algún momento del enojo que la agobia, aderezado con la amenaza de ir a un internado, y mostrar interés en otra persona o en un proyecto, acaso en sí misma: bailar también puede ser una forma familiar para comunicarse.

Librando dilemas ideológicos

Hadjewich (Francia, 2009) es una meditación acerca de los misterios de la fe religiosa como liberación y, en la confusión, como posible estado de enajenación. Escrita y dirigida por Bruno Dumont (Camille Claudel 1915, 2013), quien tiende a explorar la bondad y la maldad (Fuera de Satán, 2011), así como la soledad brutalmente interrumpida (29palmas: pasiones salvajes, 2003) y la violencia en sus diversas formas (La humanidad, 1999; Flanders, 2006), la cinta enfatiza los procesos de transformación religiosa experimentados por su doliente personaje.

En efecto, somos testigos de la forma en la que Céline, una pudiente joven veinteañera interpretada con devoción por Julie Sokolowski, es expulsada de un convento para regresar a casa de sus padres en París. Tras conocer a un joven árabe y todavía con el misticismo a flor de piel, decide involucrarse con un grupo religioso islamista. Como hiciera en La vida de Jesús (1997), aquí vuelve a contrastar posturas religiosas cristianas y musulmanas, a través de la búsqueda divina emprendida por la joven protagonista.

Secreto de estado (Secret Défense, Francia, 2008), sigue los pasos de Diane (Vahina Giocante, convincente), una estudiante que termina siendo reclutada por el servicio secreto francés para luchar contra el terrorismo, causa a la que se une Pierre (Nicolas Duvauchelle), un joven problemático que busca respuestas en un grupo extremista. Dirigida por Philippe Haïm (Barracuda, 1997; Les Dalton, 2004), la cinta se entromete en los procesos de adoctrinamiento y de cómo le pueden dar sentido a vidas vacías, a pesar de los desengaños.

Personajes con doble juego, involucramiento inoportuno de afectos y misiones de espionaje al borde de la resistencia física y emocional para concluir que, ciertamente, un agente no es una persona, sino un arma: al final terminas solo y con la identidad destrozada, si es que sobrevives. Realizada con nervio a partir de un guion que incluye sólidas vueltas de tuerca y un estilo suficientemente turbio, se alcanzan a presentar las dos posturas del Islam, evitando el acostumbrado maniqueísmo, y las tácticas oscuras de quienes se supone son los defensores de la libertad.

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