Sonido & Visión

Miradas fílmicas a la religiosidad (cuarta y última parte)

Ahora sí concluimos con esta entrega la serie dedicada a comentar algunas películas vinculadas con la temática divina, desde perspectivas diversas que incluyen la forma en la que un espiritualidad religiosa puede ser liberadora pero que, mal entendida, puede ser factor de enajenación y fanatismo.


PRESENCIAS Y AUSENCIAS IMPLÍCITAS

Basada en la novela de Joseph Roth y dirigida con gran sensibilidad por Ermanno Olmi, La leyenda del santo bebedor (1988) plantea la dificultad de cumplir una promesa religiosa ante las fuerzas de la mundanidad. Pare de pecar (Salvation Boulevard, Ratliff, 2011) contrapone sin demasiada profundidad, como Dios no ha muerto (Cronk, 2014), la fe con la razón a través de sendos personajes -un pensador agnóstico y un pastor-, revisando los dogmatismos de los nuevos creyentes en tono de humor negro. En Cartas a Dios (Schmitt, 2009) seguimos el sensible tránsito de un niño con cáncer acompañado por una comprensiva mujer, mientras que en El inolvidable Simon Birch (Johnson, 1998), se expone la convicción de continuar con la voluntad divina.

En filmes como Solo Dios perdona (Refn 2013), Antes que el diablo sepa que has muerto (Lumet, 2007) y Una historia sencilla (Lynch, 2009) aparecen personajes cargados de simbolismo divino, entre tono justiciero, conciliador y castigador, imagen también reconfigurada en El listón blanco (Haneke, 2009). La ausencia o el silencio de Dios se hacen patentes en obras como El último camino (The Road, 2009) dirigida porJohn Hillcoat con base en la novela de Cormac McCarthy. También se recuerdan un par de filmes brasileños: el clásico Dios y el diablo en la tierra del sol (Rocha, 1964) y Ciudad de Dios (Meirelles, 2002), en las que se reflejan sociedades fracturadas.

Dirigida por Abel Ferrara, El Evangelio prohibido (Mary, 2005) plantea la imposibilidad de tratar temas relacionados con Jesucristo y mantenerse al margen de ellos, como le sucede a la actriz que interpreta a María Magdalena en una película (Juliette Binoche) y a un conductor televisivo. El sufsimo encarnado por un anciano ciego y su nieta en búsqueda incansable se despliega en Bab’Aziz (Khemir, 2005), con recorridos soportados por la fe por infinitos desiertos.

Por su parte, el maestro Vincente Minnelli mostró en Una cabaña en el cielo (Minnelli, 1943), qué sucede ante una segunda oportunidad para un jugdor compulsivo y en El despertar de Sharon (The Rapture, Tolkin, 1991) se plantea la dificultad para mantenerse con Dios una vez que se le ha encontrado, después de estar al borde de la muerte. The Letter Writer (Vuissa, 2011) propone la importancia de la búsqueda no solo del mensaje, sino del autor del mismo.


DIOS TAMBIÉN SE RÍE

La comedia ha retomado la temática en filmes como el animado El gato y el rabino (Delesvaux y Sfar, 2012) con un irónico felino parlante, coqueto y cuestionador; la película del argelino Rabah Ameur-Zaïmeche titulada El último resistente (Dernier Maquis, 2008) en la que ironiza acerca del estereotipo musulmán e Intervención divina (05), cual recorrido pausado con dejos de humor y hasta de realismo mágico por las vidas de una serie de personajes en un contexto de confrontación religiosa y étnica. Dogma (Smith, 1999) se quedó a medio camino en su intentona irreverente.

En Cold Souls (Barthes, 2008) seguimos a Paul Giamatti intentando recuperar su alma, mientras que hemos visto cómo Dios se contacta con nosotros en tono desenfadado: en ¡Dios mío! (Reiner, 1977), un empleado de supermercado es elegido para un nuevo trabajo;  en Todopoderoso (Bruce Almighty, 2003) y en Regreso del Todopoderoso (Evan Almighty, 2009) ambas de Tom Shadyac, JimCarrey y Steve Carell se encontraban con los designios del Creador, encarnado por Morgan Freeman. Ahí está el niño de Millonarios (Boyle, 2004), quienes ayudado por algunos santos aparecidos para compartir el dinero encontrado.

CONTRADICCIONES

En nombre de una religiosidad o espiritualidad que se pervierte, algunas sectas han sido retratadas por el cine: no convencen sino manipulan, no liberan sino controlan, no abren las posibilidades de encontrarse con Dios, sino que la limitan a sus propias formas en beneficio no de los creyentes, sino de sus posiciones de poder. Además, el fantasma del fanatismo religioso que se apodera de la razón y considera a todos los que no piensan igual como indignos y sujetos de ser eliminados, en nombre de un dios totalmente distorsionado: grupos que se creen dueños exclusivos de las puertas del cielo, presentes en todos los credos, por desgracia.

En Martha Marcy May Marlene (Durkin, 2011), se describe el proceso de descomposición mental de una joven que ingresa a una secta, su escapatoria y su posterior dificultad para congeniar la realidad con la fantasía, ya viviendo en la casa de su hermana y su esposo. En Humo sagrado (1999), Jane Campion confrontó a una mujer absorbida por un gurú de la India con un especialista en desprogramar influencias de cultos religiosos. Cierta polémica desató Camino (Fresser, 2008), sobre una niña con enfermedad terminal inserta en el Opus Dei.

En un contexto hinduísta se despliega la dura Agua (Mehta, 2005), en la que nos adentramos en un hogar para viudas sobreviviendo apenas e imposibilitadas para volverse a casar; en otro ámbito ultraortodoxo se desarrolla Kadosh (1999) de Amos Gitai, padeciendo un patriarcado represivo. Dificultades también enfrentan un par de enamorados en Jerusalem (August, 1996), separados por una absorbente secta cristiana que busca llegar a Palestina, como si el paraíso estuviera en otra tierra.

Por su parte, Cal (O´Connor, 1984) contrapuntea el conflicto religioso con el enamoramiento de por medio y Héroes eternos (Terry Loane, 2004), filme que presenta la historia, en la Belfast dividida de los setenta, de un par de amigos: católico: católico pobre uno, protestante clasemediero, el otro. Cristiada (Wright, 2012) retoma la lucha de los cristeros y el gobierno mexicano y en Obediencia perfecta (Urquiza, 2014) se retoma el tristemente célebre caso del fundador de los Legionarios, ya expuesto a plena luz de las conciencias aunque faltan de ser expuestos los cómplices y solapadores.

Usos perversos del mensaje evangélico se observan en cintas como La última Cena (1976), en la que el cubano Tomás Gutiérrez Alea expone la forma de legitimar la esclavitud, a través de la falsa idea de la necesidad del sufrimiento aquí en la Tierra. Los riesgos del fanatismo y la idea de cumplir con una voluntad divina absurda también se han visto reflejados en cintas como El silencio del agua (Samur, 2003), El paraíso ahora (Abu-Assad, 2005), La desintegración (Faucon, 2011) yRed State (Smith, 2011).

Entre el amplio repertorio de documentales que han tratado el tema, ahí están Campamento Jesús (Jesus Camp, Ewing y Grady,  2006), donde se observa la manera en la que un grupo evangélico “convence” a niños sobre el mensaje del nazareno, así como los contrapuestos ¡Reli… ¿Qué?! (Charles, 2008) y 99 minutos en el cielo (Rodger, 09). La fallida Campamento esperanza (Camp Hell, Van Buskirk, 2010) describe un retiro cristiano acechado por la maldad interna y externa. Caso trágico es el de Sumisión (2004), el corto de protesta por el trato a la mujeres en algunos contextos islámicos, que provocó el asesinato de su director Theo Van Gogh a manos de un extremista.

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