Sonido & Visión

Miradas fílmicas a la religiosidad (Tercera parte)

Continuamos el recorrido por algunas películas vinculadas a la temática religiosa.

La biblia como género

Además de la enorme producción de filmes alrededor de la figura de Jesús y anexas como Ben Hur (Niblo, 1925; Wyler, 1959) y Quo Vadis? (Guazzoni, 1912; Annunzio y Jacoby, 1924; Leroy, 1951),ambas con sus respectivas versiones, el Antiguo Testamento ha servido como base para el desarrollo de películas de muy diverso calibre y enfoque, desde miradas extremadamente serias y formales con una superproducción de fondo, hasta propuestas instaladas en el género conocido como péplum, orientado más al entretenimiento y a la aventura ubicada en épocas pasadas.

El director por antonomasia de las cintas bíblicas es Cecil B. De Mille, realizador clave para la industria hollywoodense que dirigió dos versiones de Los diez mandamientos (1923/1956), con Moisés como personaje principal, y Sansón y Dalila (1949), retomando la historia del forzudo de cabellera mágica y su desalmada peluquera en plan despechado. Con el sabor del romance prohibido, Henry King filmó David y Betsabé (1951), mientras que Adán, Eva, Noé, Abraham e Isaac fueron los protagonistas de La Biblia (1966), bajo la dirección de John Huston.

Se recuerdan también los telefilmes realizados por Roger Young como José (1995) con la presencia de Sir Ben Kingsley, Moisés (1995), Salomón (1997) y Pablo de Tarso (2000); el patriarca Abraham (Sargent, 1993), fue interpretado por Richard Harris, mientras que Salomón y la reina de Saba (1959), fue realizada por King Vidor con el todoterreno Yul Brynner. Por su parte, el italiano Ermanno Olmi aportó Génesis: La creación y el diluvio (1994) y en la acartonada serie La Biblia (2013), se recuperaron diversos pasajes de los textos de ambos testamentos. Dividiendo opiniones, Aronofsky se sube al barco con Noé (2014).

De santos, curas y monjas

Las hagiografías representan una fuerte tendencia de este género fílmico, como lo muestra la gran cantidad de películas al respecto, que transitan entre la estética de estampita y la profundización de la condición espiritual: entre ellas podemos ubicar a La canción de Bernadette (King, 1943), sobre la canonizada pastora francesa; Monsieur Vincent (Cloche, 1947), sobre San Vicente de Paul; las múltiples versiones en las que se retoman las figuras de Juana de Arco (De Mille, 1916; Dreyer, 1928; Fleming, 1948; Rossellini, 1954; Preminger, 1957; Bresson, 1961, Rivette, 1994; Besson, 1999), San Antonio (Méliès, 1900; Marino, 2002; Belluco, 2006) y de Francisco de Asís (Rossellini, 1950; Curtiz, 1960; Zeffirelli, 1972).

De igual forma, se identifica Historia de una monja (1959) con Audrey Hepburn tomando decisiones difíciles y, sobre Santo Tomás Moro, El hombre de dos reinos (A Man For All Seasons, 1966), ambas dirigidas por Fred Zinnemann, así como Teresa (Cavalier, 1986), retratando sutilmente pasajes de la santa de Lisieux y El santo renuente (Dmytryk, 1962), acerca de San José de Cupertino. En otra tonalidad, imposible dejar de mencionar a La novicia rebelde (Wise, 1965) con Julie Andrews colgando los hábitos.

En Pena de muerte (Dead Man Walking, Robbins, 1995), se recupera el caso real escrito por la protagonista Helen Prejean (Susan Sarandon). La duda (Shanley, 2008) se centra en un sacerdote y una monja —notable duelo actoral entre Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman— con visiones distintas y que terminan por representar dos posturas de la Iglesia Católica. De la directora Margarethe Von Trotta podemos conocer la vida de la visionaria santa, doctora de la Iglesia católica y compositora Santa Hildegarda de Bingenen el filme Vision-Ausdem Lebender Hildegard von Bingen (2009).

En los conventos se han desarrollado, fuertes tramas de carácter contrastante como se advierte en Agnes de Dios (Jewison, 1985) y En el nombre de Dios (Magdalene Sisters, Mullan, 2002), por una parte, y por la otra, en Narciso Negro (Powell y Pressburger, 1947), con todas las tensiones inherentes a la misión, y Canción de cuna (Garci, 1994) con un grupo de monjas que cuida a una recién llegada al convento.

Vienen a la mente los sacerdotes comprometidos y dispuestos a dar la vida de Roma, ciudad abierta (Rossellini, 1945), Adiós a los niños (Malle, 1987) y Escarlata y negro (London, 1983), los tres en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, así como el cura de Disparando a perros (Caton-Jones, 2005), enclavada en el genocidio de Ruanda a mediados de los 90 y Romero (Duigan, 1989), ubicada en los momentos de fuerte represión dentro de El Salvador. También está el extraño e impredecible padre Anatoli de La Isla (Ostrov, 2006), filme dirigido por el ruso Pavel Lounguine.

Humphrey Bogart se dio cuenta de que Del destino nadie huye (The Left Hand of God, Dmytryk, 1955); Max Von Sydow enfrentó al mismísimo satanás en la clásica El exorcista (Friedkin, 1973), mientras que Tom Wilkinson hacía lo propio en El exorcismo de Emily Rose (Derrickson, 2005) y Sean Connery puso a trabajar sus dotes detectivescas en El nombre de la rosa (Annaud, 1986), basada en la absorbente novela de Umberto Eco. Cartas al padre Jacob (Härö, 2009) es un filme que sensibiliza por la forma de construir la relación entre un pastor invidente y una ex convicta.

Basada en la novela de Morris West, El abogado del diablo (Green, 1977) se centra en las indagaciones que lleva a cabo un sacerdote con enfermedad terminal para determinar si una persona cumple con los criterios para ser santificada; la homosexualidad en el clero, también revisada en Actos privados (Priest, Bird, 1994), el holocausto judío y las batallas de la fe se constituyen como tópicos de fondo. Con esta temática, El tercer milagro (Holland, 1999) es una exploración de la deconstrucción de la fe, de la falibilidad del ser humano y de la estructura jerarquizada de la Iglesia católica, ahora viviendo esperanzadores aires de renovación. Más sensacionalista resultó Stigmata (Wainwright, 1999), en la que una estilista empieza a manifestar los signos de la crucifixión.

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