Sonido & Visión

México no es flor de un día

México no es flor de un día y Brasil confirma que no le va a resultar fácil ganar los partidos. Ya conocimos a todas las selecciones participantes y en esta jornada, los porteros aparecen para bien y para mal, los cambios son factor y el arbitraje, por fortuna, no es noticia.

Más parejos de lo esperado

Dos equipos cuyos capitanes son como los de antes: defensas centrales de contagiante motivación. Mientras que la selección de Argelia salió a jugar con una sólida estructura sin dejar de inquietar hacia delante, el cuadro belga parecía afectado por ser considerado el caballo negro del torneo: si te señalan así, en automático dejas de serlo para convertirte en favorito, condición que le queda grande. En el festejo del gol, derivado de un claro penal bien ejecutado por Feghouli, los argelinos depositaban la frente en el césped en señal de agradecida humildad, para después cometer el clásico error de replegar líneas. Los diablos rojos no andaban sueltos hasta que aparecieron los atinados cambios pronto reflejados en el marcador. Como recién salido del Studio 54, la cabellera de Fellaini puso el empate y el aliento de Mertens, tal como lo hubiera hecho el músico homónimo de apellido, firmó una vertical composición para el triunfo. Arbitraje atento y mesurado del mexicano Marco Rodríguez.

Corea del Sur y Rusia, de regreso a un mundial desde el 2002 con jugadores que se desempeñan en su país, escenificaron el que quizá sea el cotejo más equilibrado hasta el momento, tanto en funcionamiento general como en oportunidades de gol; cierto es que hacia los minutos finales la balanza se fue inclinando hacia los ex soviéticos, mientras los asiáticos ya daban muestra de cansancio después de haber corrido por todas partes, muy a su estilo. Después del gol coreano tras un penoso error del arquero que tapaba su rostro con los guantes resbaladizos, Capello desquitó el sueldo y mandó a la cancha a Kerzhakov, quien además de aportar profundidad terminó por anotar el del empate en un débil rechazo del guardameta coreano: su colega ruso, en tanto, se olvidó de su crimen y evitó el castigo de cargar con la culpa de la derrota.

Brasil y México en el campo

Jugar frente al anfitrión que además es el conjunto que más veces ha ganado la copa del mundo, no parecía demasiado esperanzador: curiosamente, también era una oportunidad para desarrollar tu mejor fútbol, con menos que perder y más que ganar. Cierto: no es la mejor versión de Brasil como conjunto, pero de cualquier forma los augurios no eran muy positivos porque ya sabemos que tienen incorporado el gen futbolero en lo individual y solo es cuestión de conectar ciertas secuencias orgánicas. Pero el equipo mexicano, que por alguna oscura razón digna de análisis psicosocial se desempeña mejor contra los cariocas que contra los centroamericanos y caribeños, se plantó con pies firmes y se comportó como un digno rival, al grado de dominar al anfitrión durante los primeros minutos del segundo medio. Si bien los cambios siguen sin funcionar en tiempo y forma, el once titular ha sido en general un acierto, no digamos ya la elección del arquero: Ochoa demostró que seguir en Europa no es una mera necedad, sino un profundo proceso de aprendizaje. Una igualada sin goles (in)tensa y entretenida incluso para aficionados de otros países, con un par de defensas impasables, uno por equipo (Moreno y Silva), hombres de experiencia en el corazón de los conjuntos y laterales volantes con buenas ideas ofensivas: los delanteros de las dos selecciones, salvo Neymar, no lograron estar a la altura de sus compañeros. Así es que mientras se hacen ociosas comparaciones económicas y sociales entre estos dos países, acá todo terminó en un conveniente empate, sobre todo para México, que los coloca con buenas alternativas para pasar a la siguiente fase.

Brasil y México en pantalla

Los documentales sobre jugadores clave de la historia del fútbol, además de presentar a los protagonistas, brindan un contexto acerca de cómo se ha desarrollado este deporte. Acerca de los mitos generados por el balompié carioca destacan dos con destinos contrastantes, retratados en Pelé y Garrincha: dioses de Brasil (Rosé, Francia, 2002), filme que abre con el maracanazo a manera de preludio para la aparición de este par de sobredotados que brillarían junto en los mundiales de Suecia y Chile. Por separado, ahí está Garrincha, alegría do povo (1963), documental dirigido por Joaquim Pedro de Andrade que, gracias a la inserción de pietaje de los mundiales de 1958, 1962, 1966 y de otros partidos, permite admirar a uno de los máximos dribladores de la historia del fútbol, con todo y sus piernas chuecas. Por su parte, Pelé eterno (Massaini Neto, Brasil, 2004), es un completo y articulado documento que sirve a manera de homenaje, con brillantes secuencias futbolísticas y comentarios de Didi, Zagallo, Rivelino, Tostão, Gérson, Beckenbauer, Djalma Santos y Carlos Alberto, entre muchos otros.

En tono nostálgico, Boleiros: era uma vez o futebol (Giorgetti, 1998) se estructura a partir de los recuerdos futboleros de un grupo de amigos que se reúne en un bar, ahora dedicados a otros menesteres: la vida rara vez termina siendo lo que alguna vez se planeó y la presencia de las expectativas infantiles para ser futbolista de grande, se va modificando por las propias decisiones o por las condiciones contextuales en las que cada quien se desarrolla. Pero como el olvido no existe, queda la alternativa de la remembranza con el suspiro de lo que pudo haber sido y no fue.

Hubo alguna vez en nuestro país una fuerte rivalidad entre los dos equipos más populares, hoy un cuanto tanto diluida y descafeinada, al grado que varios jugadores han militado en ambos bandos; representaban dos realidades antagónicas: pobres y ricos, puros mexicanos y combinación con extranjeros, provincia y capital, élite y pueblo, televisión privada y pública. En Tirando a Gol (Cisneros, México, 1966) se plantean una serie de enredos familiares por las diferencias de afición entre el conjunto del América y el equipo del Guadalajara: hoy no tendría mucho sentido este argumento.

Dirigida por Enrique Segoviano y protagonizada por Roberto Gómez Bolaños, mejor conocido como Chespirito, El chanfle (México, 1979) es una simpática comedia que sigue al utilero del América, una especie de prolongación de los famosos personajes televisivos de este cómico mexicano; la idea dio para El chanfle 2 (1982), ahora dirigida por el propio Gómez Bolaños y con una orientación hacia la comedia de confusiones. Para quienes crecimos con el blanco humor del Chavo del 8, El chapulín colorado, El chompiras y demás personajes, resultó curioso verlo en las pantallas de cine.

www.cinematices.wordpress.com