Sonido & Visión

Inventores animados

Un par de películas de animación con evidente espíritu japonés: una realizada allá y otra inspirada en la isla que comparten como centro argumental la pérdida y la posibilidad de innovación creativa como para darle sentido al mundo: o más allá, para crear un entorno diferente donde la luz brille por encima de las calamidades. Ahí, justo donde el recuerdo inspire o el viento nos anuncie la necesidad de mantenernos dispuestos a optar por la vida.

DEBEMOS INTENTAR VIVIR

“Se levanta el viento” (Japón, 2013) representa un elocuente final de trayectoria artística llena de imaginación, puesta al servicio del cine como vehículo expresivo, específicamente a través de la animación hermosamente artesanal. El gran realizador nipón Haya Miyazaky ha declarado que la cinta biográfica basada en su propio cómic sobre Jirô Horikoshi, el diseñador de aviones durante la II Guerra Mundial, es la última que dirige: inevitable resulta encontrar ciertas comparaciones entre ambos, particularmente las vinculadas al espíritu creativo y a la búsqueda de la belleza ya sea en los aeroplanos o en las películas animadas, según sea el caso.

La historia sigue justamente a este ingenioso diseñador desde su infancia hasta su etapa adulta, ya convertido en un visionario diseñador aeronáutico, pasando por su juventud con todo y las inspiraciones oníricas de Caproni, un creador italiano de aviones por completo anticipado a su época, así como su ingreso a una compañía creadora de aviones en 1927, su relación matrimonial con Nahoko y su vínculo amistoso con su colega Honjo. El argumento se contextualiza a partir de eventos catastróficos como el terremoto de 1923 y la dura epidemia de tuberculosis.

En su undécimo largometraje, el también realizador de notables cortos como “Pan-dane to Tamago-hime” (2010), propone un héroe masculino de la vida real, en contraste con sus habituales protagonistas femeninas insertas en mundos complejos –Nausicaä, Sheeta, Kanta/Michicko, Kiki, Mononoke, Chihiro, Sofî, Ponyo–, y se inclina más al realismo que a la fantasía, solo incorporada a través del onirismo recreado en el mundo del futuro inventor: el poder de la inspiración atraviesa la convicción de que los sueños pueden transformarse en estética realidad.

Una vertiente narrativa que complementa el argumento central del filme, posa su atención en el matrimonio del protagonista con una sensible pintora de frágil estado de salud: esta dimensión entre romántica y dramática contribuye a entender de manera más integral al personaje, considerando todo el desarrollo en la empresa y con su buen amigo y colega, mostrando la obsesión por convertir el sueño recurrente en prístina realidad.

La temática de la guerra vuelve a desplegarse como en El castillo vagabundo (2004) y se plantea la disyuntiva de crear artefactos para la destrucción o para engrandecer al ser humano (de hecho estos aviones Zero se usaron en Pearl Harbor). La reflexión también se formula en torno a la manera en la que la cultura japonesa se fue transformando en términos de calidad: de los aviones malhechos en casa, a la necesidad de construir artefactos impecables en funcionamiento y en forma; no es casual que se describa esa capacidad nipona para retomar buenas ideas de otras partes del mundo y engrandecerlas.

Una vez más la animación es deslumbrante por la capacidad de absorbernos y colocarnos justo ahí, en el terremoto de Kanto; en el aire, el cielo, el campo y la lluvia; en los sueños del niño y en las difíciles condiciones que se vivían en aquellos años: la paleta cromática busca los claroscuros y tanto los paisajes como los interiores son labrados con delicadeza pictórica. La banda sonora termina por ampliar la recreación de una época y un momento particular en los márgenes de la terrible guerra.

En su poema El cementerio marino de 1922, Paul Valery concluye que “El viento se levanta! ... ¡Hay que intentar vivir! / Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir, / ¡De las olas deshechas nuevas olas derivan! / ¡Vuelen, vuelen ustedes, páginas deslumbradas! / ¡Rompan, olas! ¡Rompan con aguas exaltadas / Este techo tranquilo donde los foques iban!” Como las velas que se enfrentan a la tormenta, pareciera que la proyección vital puede mirar hacia un horizonte donde, en efecto, el viento nos pueda dar un nuevo impulso, cuando todo parece perdido.

DEBEMOS INTENTAR RENOVARNOS

Con una impronta japonesa desde la ambientación y nombre de la urbe donde se desarrollan los sucesos (San Fransokyo), “Grandes Héroes” (Big Hero 6, EU, 2014) es una sensible y entretenida cinta de animación que se sustenta en la relación que establecen un niño genio rebelde y una especie de robot cual muñeco de nieve inflable de irresistible simpatía.

Es de hecho este personaje el que resulta clave para que el filme consiga trascender más allá del disfrute momentáneo, además de la integración de un cierto dramatismo.

Dirigida por Don Hall y Chris Williams con guion armado por una multitud, la cinta sigue la línea estética desarrollada en Ralph (Moore, 2012) y Frozen (Buck y Lee, 2013), estableciéndose como una propuesta de Disney paralela a Pixar, tratando de diferenciarse y al mismo tiempo de incorporar ideas que alimenten este tipo de filmes de animación. Además de una buena dosis de emoción y humor, la historia se articular a partir de diálogos inteligentes y una edición eficaz, soportada por una animación que integra ciudades y nos lleva a un mundo extrañamente familiar.

 

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