Sonido & Visión

Genios: tableros y computadoras

Un par de biopics que retratan la personalidad de sendos hombres caracterizados por una notable capacidad de anticipación e innovación, sobre todo manifestada en situaciones de fuerte presión contextual. Filmes que intentan mostrar las diferentes dimensiones de sus respectivos sujetos, reconociendo su grandeza intelectual pero también apuntando sus limitaciones para establecer relaciones más o menos equitativas y funcionales.

Con un ego desbordado, propósitos claros y en apariencia inalcanzables, paranoia en diversos niveles y una evidente dificultad para relacionarse con los demás, clasificados en quienes están con ellos o en su contra, sin medias tintas, se trata de genios que revolucionaron sus campos –la informática en casa y el ajedrez como batalla planetaria- y dejaron su impronta para la posterior evolución tanto en el mundo de las TIC´s como del tablero bicolor. Coincide en ambas cintas la presencia secundaria pero vital del actor Michael Stuhlbarg.

FISCHER FRENTE AL TABLERO

Pocos enfrentamientos deportivos, si aceptamos que el ajedrez es un deporte, reflejaron la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética como el que llevaron a cabo Bobby Fischer y Boris Spasskyen 1972 en Reikiavik, Islandia. Convertida en espectáculo global con una notable carga política, la disputa dejó para la historia ajedrecística momentos únicos como los conflictos “extra tablero”, las suspicacias de los contendientes, su mutuo respeto combinado con recelo y, sobre todo, la brillante sexta partida que quedó como una de las más sorprendentes que se hayan disputado en los campeonatos mundiales.

Dirigida con corrección y cuidado en la contextualización por Edward Zwick con base en la historia de Steven Knight, La jugada maestra (PawnSacrifice, EU, 2014) se centra en la vida del controvertido ajedrecista Bobby Fischer (1943 – 2008), de carácter explosivo, inmaduro e impredecible, reflejado en su único estilo de juego.Como se dejaba ver en La estrategia de Luzhin (Gorris, 2000), basada en la novelaLa defensa (1929) de Vladimir Nabokov, estamos frente a una personalidad de la que se puede esperar una gran genialidad o una reacción de escasa inteligencia, tanto en la vida como en el tablero de juego. El filme recorre con soltura e ímpetu narrativo pasajes de su infancia, cuando empezó a obsesionarse con el juego; de su adolescencia, en el momento en el que desarrolla su potencial como brillante e impredecible jugador, con todo y la conflictiva relación con su madre (RobinWeigert) y el apoyo de su hermana (Lily Rabe), y de su caótica trayectoria como profesional, con especial atención en el famoso match en el que disputó el título del mundo.

Con resolutiva edición tanto visual como auditiva para involucrarnos en el deteriorado equilibrio del protagonista y adecuada integración de segmentos a manera de documental –como en Bobby Fischer AgainsttheWorld(Garbus, 2011)-, el filme alcanza a plasmar con suficiencia la vida del protagonista, sólidamente interpretado por TobyMcGuire, quien alcanza su mejor actuación además de fungir como productor, y de las personas que lo rodearon, desde su primer mentor(Conrad Pla), hasta su amigo sacerdote (Peter Sarsgaard), pasando por el abogado promotor (Michael Stuhlbarg).

Como se advertía en Una mente brillante (Howard, 2001), la paranoia, la intolerancia a la frustracióny la ruptura con la realidad van invadiendo la psique del ajedrecista, que llega a dudar de todos -principalmente de los judíos y los comunistas, siendo él judío- y se siente perseguido constantemente por agencias secretas, al punto de abandonar partidas o no asistir a encuentros programados, tal como sucedió cuando perdió el título por abandono frente a Anatoli Kárpov, después del histórico enfrentamiento contra Spassky, también asediado por micrófonos ocultos.

El estadounidense no volvió a jugar una partida oficial y los títulos volvieron a manos de jugadores rusos, incluido el gran maestro GarryKásparov, quien fue derrotado por la inteligencia artificial (encarnada por la computadora de IBM Deep Blue), como se puede ver en el muy recomendable documental GameOver: Kasparov and the Machine (Jayanti, 2003), hasta que llegó el indio Anand y el noruego Carlsen, actual campeón mundial ya con la federación reunificada, aunque sin los reflectores puestos como ocurrió en el pasado.

JOBS TRAS BAMBALINAS

Dirigida en lógica verbalista por Danny Boyle, Steve Jobs(EU, 2015) es un retrato más íntimo que social y más de pensamientos que de hechos o sucesos espectaculares de un hombre que contribuyó a transformar las tecnologías de la información y la comunicación en relación con los usuarios y la estética de su diseño y funcionalidad: su capacidad visionaria se centraba más en los vínculos entre la persona y sus necesidades que propiamente en los procesos de programación, para lo cual se rodeaba de especialistas en el asunto.

El concienzudo guion de AaronSorkin basado en el libro de Walter Isaacson se convierte en la columna vertebral de una cinta basada en una serie fluidamente articulada de fascinantes diálogos al filo del conflicto y el reproche mutuo que el protagonista, encarnado con plena convicción por Michael Fassbender, sostiene con diversos personajes clave en su trayectoria, entre socios, jefes y colaboradores, interpretados de tú a tú por Jeff Daniels, SethRogen y Michael Stuhlbarg, actores que expresan en gestualidad y énfasis la dificultad de vincularse con el genio impredecible.

En todos los casos, la médula de la personalidad de Jobs se muestra justo antes de aparecer ante el gran público.En particular destaca la relación que establece con su fiel asistente y consejera (Kate Winslet en precisa actuación de soporte), a quien a pesar de su egocentrismo no deja de escuchar, con la madre de su hija (Katherine Waterston) y con la propia descendiente, tanto en la etapa de su niñez (MakenzieMoss / Ripley Sobo) como en la adolescencia (Perla Haney-Jardine), con quien paulatinamente va mostrando cierto afecto a pesar de sus limitaciones para este asunto de la inteligencia social.

 

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