Sonido & Visión

Familias al borde de un ataque de nervios

Un par de películas sumamente disfrutables y ligeras en el buen sentido, enfocadas a exponer diversas situaciones que viven sendas familias en contextos y momentos distintos. Comedias familiares por razón doble: el tema que abordan, alrededor de las peripecias y vicisitudes que experimentan y  la orientación que plantean en sus tratamientos argumentales. Ir al cine para vivir buenos momentos, justamente, en familia, y ya de paso darse la oportunidad de espejearse un poco.

RECONFIGURACIÓN FAMILIAR

Los musulmanes representan el 7% de la población francesa y la mayoría, desde luego, son pacíficos, como se advirtió en la reciente manifestación que llevaron a cabo contra el Estado Islámico; en Francia se encuentra la comunidad judía más grande después de las de Estados Unidos e Israel, con una población de aproximadamente 600,000 personas, aunque en el 2014 emigraron 7,000 por el creciente antisemitismo; en cuanto la población asiática, más o menos representan el 3% y la africana el 6%. Estamos en uno de los países con mayor diversidad étnica, religiosa y cultural.

Dirigida con dinamismo y entendible condescendencia por Philippe de Chauveron, dado que estamos ante una de las llamadas feel good movies, Dios mío ¿qué hemos hecho? (Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu?, Francia, 2014) retrata un fenómeno intercultural presente y creciente en la nación gala, pero desde la intimidad y el microcosmos de una familia en pleno proceso de ampliación (o reducción, según se vea), a partir de una perspectiva amable e integrista, que contrasta con los terribles sucesos recientes del ataque al semanario satírico Charlie Hebdo.

Un matrimonio tradicional católico de la provincia francesa se enfrenta tanto al proceso del nido vacío como a tiempos de apertura y cambio, ya no solo vistos en París, sino en buena parte del territorio nacional: su hija mayor se casó con un abogado musulmán (Medi Sadoun); la segunda con un negociante judío (Ary Abittan); la tercera con un banquero chino (Frédéric Chau) y la cuarta está en el proceso de contraer nupcias con un actor teatral, africano de raza negra (Noom Diawara), primero confundido con el valet parking por parte del padre de la novia.  Con muy simpáticas secuencias que parecen sucederse una tras otra, vemos las bodas en el registro civil y el contraste entre las multitudes de los novios con la ausencia de invitados de las novias: únicamente los papás con cara de angustia y de preguntarle a Dios, como apunta el título, qué hicieron mal para que sus hijas no asumieran los valores nacionalistas de Francia, aunque se entone la Marsellesa con enjundia, y de la religión católica. Los tiempos están cambiando, diría Dylan.

Las reuniones familiares, ya nos imaginaremos, pueden convertirse en un infierno o todo lo contrario, una muy buena oportunidad para aprender nuevas costumbres y ampliar horizontes: depende del tipo de prejuicios que se tengan. Interesante y cómica resulta la forma en la que se cruzan las percepciones durante la convivencia familiar y posterior a ella, cuando las parejas conversan acerca de los demás.

El filme se decanta por un tono irónico, manteniéndose en la corrección política aunque de pronto atreviéndose a burlarse de ésta, en el que se aprovechan los estereotipos culturales para elaborar humorísticas situaciones, complementada con la ruptura de ciertos moldes: el chino no es tan inescrutable y sonríe; el musulmán es más abierto y aplica la ley civil y el judío no es tan bueno en los negocios; incluso no siempre comen lo que se supone que debían disfrutar y hasta el patriarca africano (Pascal N’Zonzi) tiene su corazoncito, a pesar de representar una tierra históricamente saqueada por los países europeos.

Si bien dos de las hijas quedan un cuanto tanto desdibujadas (Frédérique Bel, Julia Piaton), el trazo de los personajes trasciende la caricatura multicultural, incluyendo la esposa del chino, con una hipersensibilidad muy afrancesada (Émilie Caen, en el llanto perpetuo), y la más chica (Élodie Fontan), rechazando convencionalismos sociales (el pesadito galán que le presentan sus padres) y en el trance de tomar la decisión de casarse o no, en virtud de los problemas presentados no solo de parte de su familia, sino de su posible suegro, al fin tan prejuicio como su propio padre: pero cuando se buscan coincidencias, se encuentran.

Christian Clavier le da vida con gran soltura y un gran registro cómico al padre de familia, un tipo gaullista, sarcástico y con ese complejo de superioridad que tienen algunos franceses en relación con otras naciones y culturas; mientras tanto, Chantal Lauby personifica con credibilidad a la madre, primero dubitativa y después buscando la interculturalidad a toda costa, junto a su probable consuegra (Salimata Kamate). Las actuaciones de los maridos, del cura y del patriarca africano, redondean un elenco bien seleccionado para los propósitos humorísticos del film. Para reírse a pierna suelta.

REORGANIZACIÓN FAMILIAR

Dirigida por Miguel Arteta, con amplia experiencia en las series televisivas, Alexander y un día terrible, horrible, malo... ¡muy malo! (EU, 2014) es una entretenida peripecia familiar que parte de la conocida advertencia de tener cuidado con lo que uno desea. Combinación oportuna de humor y la inevitable dosis de drama, orientada a mandar un mensaje claro y directo, aunque sin caer en un moralismo excesivo. La agilidad del relato, la creación de situaciones y las solventes interpretaciones contribuyen a captar la mirada y el interés.

Un padre desempleado y sobrecalificado pero un poco fuera de ritmo, entrándole a la crianza con enjundia mientras busca chamba (Steve Carell); madre siempre ocupada con fuertes presiones laborales (Jennifer Garner); dos hijos adolescentes con sus asuntos característicos, uno entrando a la pubertad alrededor del cual gira el conflicto (Ed Oxenbould, simpático) y un bebé, como para complicar más la situación. Como si de un ecosistema se tratara, la familia funciona de acuerdo al nivel de interacción entre sus miembros y en la manera en la que se comparte la atención, el interés y los problemas.

 

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