Sonido & Visión

Eurocopa 2016 (XV): Los cuartos de final (I)

Dio inicio la siguiente fase de este prolongado torneo que le ha permitido a selecciones usualmente ausentes, mostrarse en el escenario de las grandes tablas con algunos resultados tan bienvenidos como sorprendentes. Un par de juegos en los que predominó el equilibrio y que dejan la semifinal en manos de un par de astros del Real Madrid.

CÓMO GANAR EMPATANDO

La selección portuguesa ha igualado todos sus partidos en los noventa minutos: calificó con tres puntos y en las siguientes fases ha resuelto en el complemento y ahora en los penales, más con maña que con acabado juego de equipo. Por su parte, los polacos se presentaban al partido con una sólida defensa que se construye desde adelante, aderezada con dos o tres jugadores acostumbrados a los escenarios de alta competitividad. En el presupuesto, el juego se antojaba cerrado y más tendiente al control que al riesgo.

Pero de buenas a primeras, el equipo polaco adelantó filas y antes de que el partido alcanzara su segundo minuto de vida, ya se había ido al frente vía su hombre mediático: en un error de cálculo del lateral portuguésCédric, que después hizo un gran papel, el balón llegó a los pies deGrosicky, quien mandó pase al área para que Lewandowski resolviera como nos tiene acostumbrados en el BayernMunich: desde antes de la salida a la cancha se le veía de buen ánimo, saludando a todos lo niños y dispuesto a jugar a la altura de su desempeño en la Bundesliga.

Después de esta ventaja inicial, la selección polaca generó alguna otra opción muy pronto pero desaprovechó el momento y el partido se fue inclinando ligeramente hacia los lusitanos, quienes con mucho esfuerzo trataban de regresar tras la inesperada e inmediata desventaja. Empezaron a generar más fútbol y fue el joven Renato Sanchez, próximo compañero de la estrella polaca en el conjunto muniqués, quien consiguió el gol del empate con certero disparo que se potenció por un desvío. Unos minutos antes, a la media hora de partido, un penal sobre Ronaldo no se había marcado, siguiendo la tendencia de Pedro y el Lobo.

La segunda parte mantuvo un nivel de equilibrio tanto en llegadas como en el tránsito del partido; no se advertía que alguno de los dos se decidieran a resolver de una buena vez por todas el asunto y parecían confiados en que alguno de sus estelares se encargara de darle cauce favorable al marcador. La procrastinación se apoderó de ambos cuadros y los tiempos extra se asomaban con mayor fuerza en el horizonte, a pesar de algunos cambios y de una que otra llegada, al fin muy aislada.

En los treinta minutos complementarios se presentó una opción por bando pero el cansancio acumulado –los dos conjuntos habían jugado tiempo complementario en su anterior partido- se reflejó en el desempeño. Los penales eran la última frontera decisoria y fue Blaszczykowski, uno de los mejores jugadores del torneo para los polacos, quien falló su disparo repitiendo esa paradójica maldición de terminar cargando con cierta culpa después de ser elemento clave para el equipo. Portugal gana empatando y, con la fortuna de su lado, ya está instalado en la semifinal de un torneo en el que se pudo haber quedado atorado en la fase de grupos.

FUEGO CONTRA FUEGO: DRAGONES VS DIABLOS ROJOS

Acaso impulsados por el ancestral héroe mitológico Pryderi, los galeses saltaron al campo del estadio Pierre Mauroy resueltos a poner todo el esfuerzo disponible frente a un rival que lucía superior, tanto en trayectoria como en individualidades. Esa disposición inquebrantable encontró un dura prueba en los minutos iniciales, cuando los Diablos Rojos se mostraban dispuestos a controlar el fuego del dragón y encender el propio: así fue el mensaje que mandóRadjaNainggolan,con toda su herencia indonesia, para anotar un gol paralizante vía implacable disparo desde fuera del área.

Todavía no llegábamos al cuarto de hora y el partido ya nos había regalado más sobresaltos de los imaginados. Lejos de amedrentarse, la selección de Gales empezó a recurrir a sus fortalezas, con los arrastres de sus jugadores principales, la persecución constante para recuperar pronto la pelota y las incursiones por las bandas para lanzar bolas de fuego al área. Los belgas bajaron el ritmo y se confiaron demasiado en su talento, al grado que cuando se dieron cuenta ya estaban siendo dominados.

Curtois detuvo una que se volvió premonición: a la media hora, el capitán Williams, al final soltando el llanto reparador de quien sabe que está escribiendo historia, emparejó el marcador con certero cabezazo. Ya con tres amonestados, los galeses cuidaron las faltas y se concentraron para seguir en el juego y en el torneo, sin pensar en aislacionismos tipo Brexit. La segunda parte empezó siendo dominada por los belgas una vez más pero una buena jugada del delantero Robson-Kanu, ante cierta complacencia del cuadro bajo, permitió que los británicos se fueran arriba en el score y, sobre todo, en el estado anímico.

Fue el partido donde los belgas extrañaron más a sus defensas titulares ausentes, como Vertonghen, Vermaeleny en particular al capitán Kompany, comiéndose la angustia en la tribuna. Los Diablos Rojos volvieron a dominar pero sin mucha imaginación, a pesar de buscar opciones desde la banca y con movimientos tácticos en el campo. Una vez más daban la sensación de no contar con el suficiente carácter para dar el salto y convertirse en un equipo grande, capaz de ganar un torneo importante. El recién entrado Vokes lanzó la última llamarada con impecable remate de cabeza para anotar el tercer gol a escasos minutos del final y así sentenciar la segunda gran sorpresa del certamen.

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