Sonido & Visión

Discos de 1964 (I): los tiempos están cambiando

Ahora que andamos a mediados del año, demos una repasada muy rápida a los discos que celebran su quincuagésimo aniversario, conservando intacta su valía e incluso acrecentándola, dada la evidente trascendencia que se advierte en las recientes grabaciones de grupos y solistas que apenas empiezan su peregrinaje compositivo e interpretativo. Usualmente este recorrido lo hacíamos a finales de año pero mejor ahora para que nos dé tiempo de celebrar estos discos.

 

LA TRINIDAD

El mito seguía construyéndose por partida doble, desbordando talento y fuerza compositiva: The Times They Are A-Changin’ y Another Side of Bob Dylan se sumaron a la discografía del originario de Duluth, como una manera de confirmar los alcances de suobra maestra previa y anunciar las transformaciones por venir, al tiempo que se mostraba otra perspectiva del cantautor, de las muchas que se edificarían alrededor de la genialidade influencia de Bob Dylan (1941).

El otro mito de los años sesenta hizo lo propio: The Beatles presentaron con todo y documental histórico, A Hard Day’s Night, su primera obra maestra con puras composiciones propias y, poco antes de que terminara el año, Beatles for Sale, dejando ahora sí una impronta definitiva del fenómeno que vendría después y que ya daba visos de cómo transformaría la manera de entender el lugar de la música popular en la sociedad, así como la forma en la que el alcance de una banda ya podía ser mundial: la invasión británica se hacía oficial.

Los chicos malos con los que no te gustaría que tu hija se terminara casando, debutaron en el formato de LP con el álbum TheRollingStones, rebautizado en Estados Unidos como Englands Newest Hits Makers, sustituyendo I Need You Baby (Mona) por Not Fade Away, publicada como sencillo. El álbum contenía el tema propio Tell Me (You’re Coming Back) y energéticas versiones que demostraban la capacidad única para integrar el rhythm and blues con el rock’n’roll. Ya entrados en gastos, The Rolling Stones grabaron este mismo año 12 x 5, arriesgando más en la inclusión de composiciones propias y evolucionando muy pronto su aporte a clásicos de la época.

 

LA NUEVA INVASIÓN BRITÁNICA

Capitaneados por The Beatles y The Rolling Stones, las tropas británicas parecían tener fuertes intenciones para apoderarse de la década de los sesenta, en cuanto al terreno de la música se refiere. En efecto, ahora el imperio británico preparaba una nueva invasión pero ya no con armamento obsoleto y ridículo, sino a través de un arma más poderosa que cualquier bomba: la cultura popular, particularmente en el campo del rock que a partir de estos años inició una de sus más apasionantes transformaciones.

En efecto, junto a estos grandes combatientes, este 1964 aparecieron grupo de enorme talento cuya valía quizá quedó un poco ensombrecida pero que bien merece la pena destacar. Pareciera que los ingleses retomaron los géneros estadounidenses, los fusionaron cual pócima mágica y ahora se los devolvían revisitados al mundo. Ahí están, por ejemplo, los hermanos Davies formando The Kinks, espléndida banda con un toque arty que influenciaría buena parte del rock inglés: su álbum se tituló TheKinks en Inglaterra y You Really Got Me en Estados Unidos, publicado con tres cortes menos.

Lidereados por Eric Clapton y enclavados en un blues extraído de las atmósferas de Chicago, The Yardbirds presentaron el álbum en vivo Five Live Yardbirds, mientras queThe Animals se daban a conocer ante la especie humana con su blues electrificado a través del álbum The Animals, cuya versión estadunidense incluyó el clásico The House of the Rising Sun. The Dave Clark Five hacían lo propio con un triplete salpicado de destellos: Glad All Over, Return! y American Tour, con una orientación más hacia el rock’n’roll estadunidense, y The Searchers mostraba soltura para visitar varios estilos con It’s The Searchers, como reafirmando su habilidad para la búsqueda.

Con agudeza para la construcción de armonías, The Hollies firmaron el brillante In The Hollies Sytle, después de haber debutado este mismo año con Stay With the Hollies, que pareció un buen ensayo junto a su segunda entrega. The Zombies insertaron elementos barrocos en un pop de cierto aliento jazzypiscodélico que se desgranaron en The Zombies (Featuring She’s Not There and Tell Her No) y Gerry & The Pacemakers, con un enfoque decidido hacia el pop, firmaron Second Album y el más consistente Don’t Let the Sun Catch You Crying, como para olvidar las penas y bailar en santa paz a plena luz del día.

 

RAÍCES DEL ALMA

El guitarrista y cantante Arthel Lane “Doc” Watson (Carolina del Norte, 1923-2012), publicó su clásico álbum homónimo Doc Watson, que representó  su debut como solista y un muestrario de sus dotes para la música de raíces, cual recorrido por los géneros característicos de la música estadunidense. Grabado en vivo durante el festival de folk en Newport, el álbum Long Journey Home del breve y trascendente cuarteto The Kentucky Colonels, nos invita a sumergirnos en el bluegrass sin filtros, guiados por los hermanos White, quienes este mismo año también presentaron Appalachian Swing!, todo un clásico renovador del género.

It’s My Way de Buffy Saint-Marie (Saskatchewan, 1941) fue otro debut significativo que atraviesa diversas temáticas, incluyendo la situación de los indígenas canadienses, a través de un convencido sentimiento transmitido a través de la efusiva voz y la guitarra acústica. En esta línea, The Legend of Clark Kessinger recuperó las obras de quien se dedicara muchos años a pintar casas, antes de que apareciera este disco, el debut del a esas alturas sesentón Clark Kessinger (1896-1975), leyenda del country que se inmortalizó como elusivo fiddler, arrancándole a ese tipo de violín una rítmica celebratoriamente popular. El gran revitalizador/rescatador del folk estadunidense, Pete Seeger, grabó Broadsides: Songs and Ballads, uno de sus discos más redondos.

Muddy Waters(1915-1983) retomó la estética acústica y en compañía de puro virtuoso —Willie Dixon en el bajo, Clifton James en batería y Buddy Guy en la guitarra de acompañamiento— estampó el álbum Folk Singer con una mirada hacia sus orígenes, llena de vitalidad y sentimiento cual trayecto por la rivera del Delta. Una de las fiestas clásicas del rock’n’roll corrió por cuenta de Chuck Berry (1926) y su St. Louis To Liverpool, obra clave del guitarrista saltarín en la que a pesar de cantar acerca de no tener a dónde ir, termina ubicando la tierra prometida.

Por su parte, el súper quinteto The Soul Stirrers, integrado por Sam Cooke (quien también nos regaló el sensible Ain’t That Good News), Paul Foster, J.J. Farley, Julius Cheeks y Bob King, destiló emoción espiritual en The Last Mile of the Way, como para agitarnos el alma y acompañarnos al final del camino. Tratándose las dolencias del espíritu, Otis Redding deslizó la voz tersa e intensa en Pain in My Heart, en el que uno descubre el motivo de la devoción que Mick Jagger le profesaba a este soulero de excepción.

 

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