Sonido & Visión

Discos del 2013 (tercera parte): mujeres con un ataque de talento

El aporte femenino sigue siendo fundamental para la música, tal como se deja escuchar en estos álbumes de sentimentalidades múltiples y géneros diversos; otra vez, más o menos en orden de gusto personal, 27 ejemplos de cómo las mujeres hacen de este mundo, un lugar más emocionante para vivir.

1. Loud City Song de Julia Holter: retomando la novela Gigi de Collete –convertida en famosa película– el tercer álbum de la angelina es una mirada profunda sobre la celebridad, el mundo citadino y la fama, con elementos prestados de la música clásica contemporánea y una paleta sonora de exquisita y brillante exploración avantgarde.

2. Once I Was an Eagle de Laura Marling: a esta inglesa se le ha comparado, justamente, con la gran Joni Mitchell; basta escuchar su discografía y en especial esta joya de intensidades bifurcadas, que hunde sus notas en tradiciones folk con poderoso sentido de la innovación para volar por lo alto.

3. Nepenthe de Julianna Barwick: como la planta mitológica que ayuda contra la pena y el dolor, el tercer disco de esta mujer con voz que parece bajar del cielo, nos integra a un ecosistema de etérea configuración creado con suavidad electrónica; mejor que cualquier antidepresivo.

4. The Worse Things Get, the Harder I Fight, the Harder I Fight, The More I Love You de Neko Case: la de Virgina nos regala un album dentro de los márgenes del country alternativo que rezuma pasión no solo en la notable vocalización, sino en cada una de las exaltadas composiciones, porque el amor es un campo de fuertes batallas, sobre todo cuando la cosa está que arde.

5. Tales of Us de Goldfrapp: en su sexto disco, el dueto de Alison Goldfrapp y Will Gregory se presenta en tono confesional para contarnos algunas historias de nosotros, a través de calmadas y creativas composiciones labradas cual fino trabajo de electrónica orfebrería en clave intimista.

6. Warp and Weft de Laura Veirs: belleza melódica en la tradición americana se desprenden de este puñado de canciones relacionadas con la maternidad y sus implicaciones, la inspiración artística y el milagro de la vida, interpretadas por un reparto de lujo que cobijan a la guitarra de la autora.

7. One True Vine de Mavis Staples: la veterana cantante de Chicago nos regala algunos covers y canciones originales con la solvencia vocal que la caracteriza, apoyada por coros respetuosos y una cauta instrumentación con invitados al nivel de las circunstancias. ¡Aleluya!

8. Chance of Rain de Laurel Halo: la joven más connotada de la escena electrónica nos anuncia posibilidad de lluvia vía una electrónica rocosa, sin demasiado espacio para el respiro y que por momentos parece sumergirse en aguas subterráneas siguiendo patrones inasibles.

9. Hearthtrob de Tegan and Sara: las gemelas canadienses le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual más centrada en el folk y el resultado termina por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.

10. The Stand–In de Caitlin Rose: en principio atrapa la fina confección de melodías pronto asequibles, para después terminar convenciendo por cómo las canciones, estructuradas a partir de una equilibrada mezcla entre el country alternativo y la lógica pop, se quedan en la memoria auditiva.

11. BeautifulAfrica de Rokia Traoré: el quinto disco de esta maliense universal es un sentido canto a la integración de tierras a partir del reconocimiento de la belleza del otro, en este caso, del continente de donde todos venimos; imbricación de tradición musical con tendencias globales.

12. American Kid de Patty Griffin: heredando toda una tradición musical casera, esta cantante estadunidense nos guía de inmediato, como si fuéramos unos pequeños con el territorio por descubrir, por el EU profundo, vía canciones que revisitan los géneros que ahí se cocinaron.

13. Mug Museum de Cate Le Bon: con un delicioso y evocativo toque retro, la cantante de Cardiff nos regala, en su tercera apuesta, un conjunto de canciones que buscan ensanchar referentes genéricos con un enfoque poético que nos devuelve a una realidad al fin reconstruida.

14. Personal Record de Eleanor Friedberg: la mitad del dúo The Fiery Furnaces entrega un segundo disco plagado de un pop reposado, rítmicamente accesible y con ecos setenteros –flautas y guitarras-, mostrando capacidad para compartir experiencias cercanas y para la intersección compositiva.

15. The Electric Lady de Janelle Monáe: con invitados que hacen honor a la ambición de la segunda propuesta de esta dama cargada de energía, transcurren la cuarta y la quinta suite que, a su vez, se dividen en canciones destilando negritud y electricidad imposible de resistir.

16. Matangi de M.I.A: la inglesa de origen esrilanqués, ahora enfrentando a la fama, vuelve a lo suyo con recitaciones contundentes, descargas de tensión eléctrica y golpes armónicos que parecen provenir de la mismísima divinidad a la que hace referencia en título.

17. Silence Yourself de Savages: en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia, estas rabiosas debutantes nos plantean una sugerencia en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente.

18. Like a Rose de Ashley Monroe: detrás de la aparente inocencia de esta veinteañera de Kentucky con paraguas en mano y mirada tierna, se puede identificar a una mujer que ha vivido y que sabe de raíces como el honky tonk entre acordeón, teclados, guitarras, violines y base rítmica ad hoc.

19. One Breath de Anna Calvi: en efecto, te puede dejar con solo un aliento para escuchar su segundo opus, siguiendo la línea trazada por su antecesor; aquí hay una elegancia que puede parecer melancólica pero que quizá termine por resultar hipnótica, salvo por el ruidismo ocasional.

20. Wed 21 de Juana Molina: esta cincuentona bonaerense está de regreso con una intrincada telaraña instrumental de corte lúdico-electrónico que sirve de sustento a unas vocalizaciones referidas a osos de la guarda, bichos, ratas, ferocidades y ciertos lamentos pero con final feliz.

21. Beyoncé de Beyoncé: justo cuando el año estaba por concluir, la diva del R&B más conocida de la comarca sorprendió a todos con un disco ídem a libro abierto, con una producción impecable y un enfoque personal que se desliza por las estructuras sonoras de indudable negritud.

22. Days Are Gone de Haim: el trio de hermanas de Los Ángeles debutan con la mira bien enfocada, construyendo un pop que distingue y combina influencias de las músicas negras y de algún espíritu ochentero, con Fleetwood Mac como figura tutelar; para recibir el sol californiano sin presión.

23. Cerulean Salt de Waxahatchee: en su segundo lance, la cantante de Filadelfia KatieCrutchfield conserva el espíritu punk, pero ahora lo envuelve en canciones más acabadas que acaban siendo de una franqueza desarmante, en particular cuando se acompaña de su guitarra acústica.

24. Innocence is Kinky de Jenny Hval: con una franqueza que se expresa en la apertura de ideas políticas, sexuales y vitales en general, esta joven noruega le pone fuego al hielo que la rodea con una voz que se acerca y toma distancia, apoyada en un maleable soporte electrónico.

25. Night Time, My Time de Sky Ferreira: influencias femeninas reconocibles en voz y actitud, transitando sobre un tapiz de electrónica sucia, mientras las guitarras juegan con cierta disonancia, como si se tratara de una salida nocturna pop en algún año perdido de los ochenta.

26. Avalanche de Quadron: el R&B encuentra frescura y progresión en el segundo opus de este dúo danés, integrado por RobinHannibal y la vocalista Coco O. de registro amplio y limpia tesitura, alcanzando ampliar miradas que incluyen un caluroso soul y ciertos dejos folk.

27. Same Trailer Different Park de Kacey Musgraves: country-pop con historias propias de los jóvenes que andan en la tercera década de vida, narradas como si se hubieran vivido en carne propia con cuidada producción y precisa instrumentación.

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