Sonido & Visión

Discos del 2013 (primera parte)

Iniciamos nuestro recorrido  por algunos de los discos que hicieron de este atribulado un año un mejor espacio para vivir. En primer término, grupos vitales del siglo XXI que mantienen la llama encendida, más o menos en el orden de mis gustos.

1. Modern Vampires of the City de Vampire Weekend: estas luminosas criaturas de la noche, con la influencia de Paul Simon, firmaron en su tercera entrega una obra llena de sensibilidad armónica que confirma su talento para la melodía de belleza inmediata. Disco del año para la Rolling Stone y, en efecto, uno de los imprescindibles para estos tiempos de posmodernidad.

2. Reflektor de Arcade Fire: siempre intensos y ahora más diversos en su cuarto disco, los emocionales canadienses arriesgan con la incorporación de sonidos de estética multiplicadora, como el reflejo infinito que producen con este álbum doble que parece no quererse detener en los logros alcanzados; un disco propio de una de las bandas esenciales de los tiempos que corren.

3. Trouble Will Find Me de The National: los de Brooklyn continúan, en su sexto opus, convirtiendo los problemas en odas a una tristeza en la que siempre encuentran resquicios para la fuerza reivindicadora, expresada en la gravedad de una voz que se respalda en instrumentaciones de precisiones temporales, cargadas de contenida sentimentalidad.

4. …Like Clockwork de Queens of the Stone Age: rock en estado puro emergiendo de la edad piedra y llegando a nuestros días gracias a estas reinitas que saben combinar, cual fino trabajo de relojería, la adrenalina setentera con inventiva y evocación melódica; no podían faltar los invitados de lujo y la sensación de una poderosa dulzura en su sexto álbum en estudio.

5. AM de ArcticMonkeys: comandados por Alex Turner, cuya ruptura amorosa se canalizó a partir de un puñado de canciones vueltas bálsamo festivo, estos primates del ártico nacidos en Inglaterra nos proponen compañía justo en la transición entre el fin de la noche y la aparición del día, reconociendo culpas y saldando cuentas, vía rítmica profunda, guitarras nutritivas y coros convencidos.

6. Fields of Reeds de These New Puritans: en su tercera obra, el ahora trío inglés nos dé para una misteriosa visita de aliento diverso, transitando entre cierta experimentación y quietudes sospechosas, con teclados casi ceremoniosos y una rítmica fragmentada por la que se diluyen juegos vocales de exaltación contenida, destilando un dejo de inasible extrañeza.

7. Slow Focus de Fuck Buttons: el dúo ingles vuelve a las andadas en su tercer disco con el espíritu innovador intacto, como si acabaran de darse a conocer; ahora la acostumbrada electrónica juega con ralentizaciones e imbrica planos sonoros que se traslapan de manera sorpresiva, mostrando ingenio más allá de las convenciones del género.

8. The Silver Gymnasium de Okkervil River: cual recorrido memorioso por los tiempos idos en New Hampshire, WillShef y compañía, asentados en Texas, fungen como guías de turistas para (re)conocer la nostalgia, con todo y las posibilidades de redención, a ritmo de un identificable folkpop ya en plena compenetración, expandida a través de su séptimo largo.

9. Muchacho de Phosphorecent: transitando por los circuitos del country alternativo con su dosis de experimentación que incluye la inclusión de sonidos electrónicos, el proyecto de Matthew Houck continúa su recorrido con este álbum que nos coloca en una particular geografía anímica, como si estuviéramos preguntándonos hacia dónde podemos dirigir nuestras emociones extraviadas.

10. Ghoston Ghost de Iron & Wine: Sam Beam decide salir de su hábitat folk en su sexto disco para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad.

11. Monomania de Deerhunter: con Bradford Cox al frente, la sexta producción de los de Atlanta transcurre de manera más incierta que sus grandes discos anteriores, poniendo el énfasis en la indisciplina de las guitarras, la correspondiente cuota de experimentación y en una aparente improvisación que termina por funcionar orgánicamente como conjunto interconectado.

12. Mosquito de Yeah Yeah Yeahs: Karen O sigue marcando la ruta de este trío neoyorquino que navega entre el punk y, con mayor énfasis en esta cuarta producción, una electrónica que busca potenciar la esencia roquera de las canciones, no exentas de un dejo de sensibilidad femenina que ahora opta más por la armonía que por la fiereza, sin que sean excluyentes.

13. Right Thoughts Right WordsRight Action de Franz Ferdinand: tras cuatro años, los escoceses lidereados por Alex Kapranos están de vuelta con su cuarta producción, en la que aparecen con una renovada energía que contagia nuestros pensamientos, palabras y acciones para seguir con la rítmica celebración nocturna que había quedado pendiente, guitarra inagotable en mano.

14. Antiphon de Midlake: cual cántico místico que antecede o procede de la palabra, este grupo de Texas se sobrepuso a la salida de su líder y entregó un brillante cuarto álbum, volteando hacia la vertiente suave del rock setentero pero con ciertos toques de psicodelia y letras que admiten interpretaciones abiertas.

15. Comedown Machine de The Strokes: la banda neoyorquina conducida por Julian Casablancas mantiene la esencia rockera pero busca territorios nuevos, como se advierte en su quinto álbum confeccionado a partir de teclados integrados a guitarras serpenteantes, con una inventiva melódica que los mantiene en la línea evolutiva de su imprescindible debut a principios de siglo.

16. Bankrupt! de Phoenix: en su quinta entrega, la juguetona electrónica de estos franceses se regodea en canciones pop que nos envuelven sin rupturas ni miramientos, como si nos paseáramos por Versalles en una fiesta atemporal llena de moda, fama y excesos sin perder la compostura.

17. Corsicana Lemonade de White Denim: el trío de Austin, con la ayuda de Jeff Tweedy de Wilco, plantea en su quinta incursión un zambullido a un rock de raíces conservando discretas tesituras provenientes del punk clásico, con un sabor irresistiblemente retro que incluye guitarras adiposas e instrumentaciones saturadas.

18. Floating Coffin de Thee Oh Sees: en este séptimo LP del proyecto-vehículo de John Dwyers, abundan la distorsión y los cambios de velocidad envolventes, cargados de energía y densidad; el rock en su expresión maciza con toques de exploración y contundencia, dejando la característica psicodelia como soporte para entender que la muerte también puede flotar.

19. Holy Fire de Foals: los de Oxford proponen en su tercer lance una intersección entre los sonidos que te invitan a moverte y los que te emocionan por su tono épico, cual fuego sagrado que solo se puede portar mientras las instrumentaciones suben de intensidad, sin caer en facilismos y profundizando en las interacciones con el escucha.

20. Evil Firends de Portugal. The Man: el proyecto paralelo del guitarrista John Gurley junto al vocal Zach Carothers entre Alaska y Portland, nos regala en su séptimo disco oficial un derroche de entrega guitarrera con la acostumbrada cuota de psicodelia y, por supuesto, una rítmica contagiante cortesía del colmilludo productor Danger Mouse, cual malicioso amigo cómplice. Seguimos en la siguiente entrega.