Sonido & Visión

Discos 2014 (primera): Mujeres al borde de un ataque de talento (1)

Iniciamos nuestro recorrido por algunos de los discos memorables del año que termina. Cual debe, las damas primero. Aquí la primera de dos partes.

 

IMPRESCINDIBLES

1. Are We There de Sharon Van Etten: uno de los grandes discos del año; lleno de nostalgia paradójicamente motivante, con todo y esas instrumentaciones de rítmica pertinente, teclados atmosféricos y una fuerza emocional que emana cuando uno se sabe ubicado en el mundo, por más desafiante que éste sea.

2. St. Vincent de St Vincent: extrañamente familiar, de pronto nos coloca en una posición de sorpresa que, paradójicamente, pareciéramos haber vivido antes; su incursión al lado de David Byrne, por lo visto, contribuyó para queAnnie Clark solidificara sus habilidades para conducirnos por laberintos sonoros y, al final, encontrar una salida hacia algún otro acertijo electrónico.

3. The Voyager de Jenny Lewis: la cabeza de Rilo Kiley entrega un melodioso álbum plagado de imaginativas pistas para emprender un viaje sensible de arrepentimiento entre tesituras country, folk y pop con altas dosis de vivacidad, expresividad y secuencias sonoras que se quedan en el tímpano memorioso, como para volverse a equivocar y disfrutar el error.

4. I Never Learn de Lykke Li: en su tercer álbum, la cantante sueca contradice el título de su disco, sobre todo por la manera en que ha ido combinando la electrónica glacial con ritmos de velocidades variables; ahora comparte afectos vía nutritivas baladas de una belleza que solo se producen cuando los hielos se derriten. Y sigue aprendiendo.

5. Wine Dark Sea de Jolie Holland: la compositora de Houston sintetiza diversos géneros de su patria con un notable sentido armónico para expresar miedos y esperanzas acerca del amor y otros demonios; aquí profundiza, junto con su sólido grupo de soporte, en las búsquedas sonoras y poéticas, destilando intensidad y sosiego para atravesar mares de oscuridad convulsa.

6. Blank Project de Neneh Cherry: en su quinto disco, después de visitar los territorios del jazz, la originaria de Estocolmo incursiona en rítmicas diversas de carácter electrónico, brindando una absorbente plataforma para la experimentación percusiva e impulsando vocalizaciones de elusiva entonación.

7. Burn Your Fire For No Witness de Angel Olsen: nació en San Luis y creció en Chicago; abrevó de la influencia folkrock y en su opus tres alcanza un prematuro estatus de compositora con todas las de la ley, insertando parajes encendidos dentro de un territorio dominado por una lógica acústica capaz de revivir fuegos que amenazan con extinguirse.

8. Ruins de Grouper: el proyecto de Liz Harris, oriunda de Portland y enclavada en las atmósferas ambient, retoma sonidos contextuales –croar de una rana, lluvia- y los integra a melodiosas canciones que transcurren entre un pausado piano y una voz de sensibilidad aplastante, capaz de atravesar paredes y caminar por laberintos cual luz indicativa. Una belleza hecha de aire.

9. Boy de Carla Bozulich: habituada a romper estructuras musicales, la angelina regresa con una obra bajo su nombre después de varios discos firmados como Evangelista; intensidades bluseras, psicodelia experimental, calma engañosa y un particular dominio del presumible caos con esa voz que se eleva sobre las marañas instrumentales y coros acechantes.

10. When the Cellar Children See The Light of Day de Mirel Wagner: con esa particular mezcla entre el blues y el folk atravesada por una atmósfera oscura, íntima e intimidante, la cantante y guitarrista nacida en Etiopía y crecida en Finlandia destila poesía para dibujar escenas de infancias trastocadas y amores indescifrables, aunque con la esperanza intacta de alcanzar la luz del día.

 

ETERNAS

11. The River & The Thread de Rossane Cash: hija del legendario Johnny, ha sido una de las transformadoras del country a lo largo de más de 35 años; aquí nos invita a un detenido viaje por el sur estadounidense a través de composiciones cristalinas, compartiendo recuerdos familiares por un río que nunca es el mismo dos veces.

12. Down Where the Spirit Meets the Bone de Lucinda Williams: a 35 años de su debut, la angelina se sumerge en una precisa combinación de rock, blues y country para llevarnos al mundo donde terminamos por ser uno solo; historias de amor y de la vida real que se inclinan más a los huesos que al espíritu.

13. 24 Karat Gold: Songs from the Vault de Stevie Nicks: la bruja blanca, además de visitar el aquelarre comandado por Jessica Lange, integra un gran puñado de canciones escritas entre 1969 y 1995 para darle forma a este álbum que suena tan nuevo y tan familiar como de costumbre; por supuesto, el hechizo es ineludible. 

14. Give My Love To London de Marianne Faithfull: cumple 50 años su álbum debut y desde entonces, con todo y las tribulaciones experimentadas, no ha parado de grabar; ahora se acompaña de caballeros ilustres y alguna joven talentosa para regalarle un canto a la capital inglesa entre toques de folk, cabaret y rock.

15. Heartleap de Vashti Bunyan: la folklorista inglesa que debutó en 1970 y fue redescubierta en los dosmiles, entrega el que puede ser su último disco, según ha declarado; una  lástima dada la belleza que destila cada una de las canciones que integran este salto del corazón, íntimo y universal a la vez.

16. Partners de Barbra Streisand: acompañada de cantantes connotados, vivos o muertos gracias a las nuevas tecnologías, la legendaria actriz/cantante/productora ofrece un conjunto de duetos en los que reinterpreta algunos clásicos propios o bien se suma a piezas de sus colegas para aportar su voz, justo la que nos ha acompañado a lo largo de seis décadas con su fuerte dulzura.

 

MADURAS

17. Un repentant Geraldines de Tori Amos: el 14to. discoen estudio de la bautizada como Myra Ellen, retoma la fuerza temperamental y le añade, sin anularla, un dejo de tranquilidad; canciones basadas en los teclados e instrumentaciones nutridas que sostienen evocativas melodías, con esa obstinación convertida en arte tan característica en ella.

18. I´m Not Bossy, I´m the Boss de Sinéad O´Connor: la polémica irlandesa de férreo feminismo continúa su recuperación creativa, después de estar más ubicada en el escándalo, con este álbum de texturas variadas centradas en un pop inteligente y autorreferencial, con misivas contra la industria musical, entre otros villanos identificados por la cantante.

19. Tales From the Realm of the Queen of Pentacles de Suzanne Vega: la de Santa Mónica sigue contándonos cuentos de la vida cotidiana con humor y capacidad reflexiva, a partir de letras cercanas y el característico sello melódico, con incorporaciones del rock, el country y un dejo de folk encapsulado.

20. Nostalgia de Annie Lennox: en su sexto disco firmado bajo su nombre, la mitad de Eurythmics voltea a ciertos standars del jazz y del R&B para proponer su particular interpretación, con esas vocalizaciones fuertes de intensidades a media luz, cargadas de sofisticación e impecablemente producidas.

21. The Way I´m Livin´ de Lee Ann Womack: la cantante de Jacksonville ha sido un puente entre la tradición y la modernidad del sonido Nashville; en esta oportunidad interpreta canciones de diversos autores, imprimiéndoles sello propio y vitalidad correspondiente con la manera en que gusta expresarse.